miércoles, 30 de octubre de 2013

El insólito caso de Antonio Villas Boas


El insólito caso de Antonio Villas Boas, ahora famoso, comenzó realmente en la primera semana de octubre de 1957. Villas Boas y su hermano Joao vieron un brillante rayo de luz que venía del cielo al mirar desde la ventana de su dormitorio. Parecía barrer toda la casa pero no pudieron comprobar cuál era la fuente.

El 14 de octubre, alrededor de las 10 de la noche, Antonio y su hermano estaban arando la tierra. Dadas las altas temperaturas de Brasil, es habitual que los propietarios de las tierras trabajen de noche y empleen peones para hacerlo en horas diurnas. Vieron entonces una bola de luz roja, demasiado brillante para mirarla directamente, que se cernía a unos 92 m por encima de su campo. Villas Boas le pidió a su hermano que lo acompañara para investigar, pero como éste se negó, fue solo.

Al aproximarse a la luz, ésta lo eludió a gran velocidad, por lo que Villas Boas corrió detrás de ella a través del campo. Abandonó después de haber estado a punto de atraparla varias veces y volvió con su hermano. Observaron el objeto mientras permanecía en el lugar, lanzando rayos intermitentes en todas direcciones.

La noche siguiente, Villas Boas estaba arando solo y poco después de medianoche volvió a ver la bola roja. Aunque seguía sobrevolando a unos 92 m, estaba lo suficientemente cerca como para permitir ver que contenía un objeto brillante de forma ovalada. Quizás a causa de su proximidad, Villas Boas perdió el entusiasmo de la noche anterior por alcanzar el objeto y consideró oportuno retirarse con su tractor. Pero no tl logró.

El objeto aterrizó a unos 12 m frente a él sobre tres patas metálicas: era una nave en forma de huevo, con una cúpula giratoria.

Villas Boas salió del tractor y echó a correr, pero fue perseguido por cinco seres que le dominaron y le transportaron a bordo. Los entes vestían ropas ceñidas de color gris y cascos que dejaban ver sólo sus pequeños ojos azules. De los cascos partían tubos que penetraban en su ropa, por la espalda y por los costados.

Villas Boas se encontró en un cuarto pequeño con paredes de metal pulido, brillantemente iluminado y sin señal visible de puerta alguna por la que hubiera podido entrar. Posteriormente, sus captores le llevaron a través de varias habitaciones y le introdujeron en una en donde le obligaron a desvestirse. Rociaron su piel con un líquido espeso y transparente y le extrajeron una muestra de sangre. La operación dejó una cicatriz que los investigadores verificaron después.

Durante más de media hora Villas Boas fue dejado solo en una habitación sin rasgos característicos, sentado en una especie de canapé. Notó que en las paredes había tuberías de las que salían pequeños bocanadas de humo, cuyo olor le disgustó tanto que terminó vomitando en un rincón.

Después de una hora la experiencia de Villas Boas tomó un extraordinario cariz que escapa a las pautas habituales de los secuestros conocidos. Su soledad fue interrumpida por la presencia de una alienígena. «Su cuerpo era el más hermoso que había visto en mi vida. Era esbelta y sus pechos se mantenían erguidos y bien separados. Su cintura era estrecha, el vientre plano, las caderas bien desarrolladas, los muslos robustos». La recién llegada era una mujer desnuda de aspecto humano, con el pelo rubio, la piel clara, grandes ojos rasgados de color azul, labios, nariz y orejas pequeños, pómulos altos y chatos y barbilla en punta. Era pequeña y avanzó hacia Villas Boas en silencio.

Como explicó después Villas Boas, «me miraba todo el tiempo como si quisiera pedirme algo». Y por cierto que lo hizo. Le abrazó y frotó su cara y su cuerpo contra él. Dadas las circunstancias, habría sido totalmente comprensible que Villas Boas no se sintiera interesado, pero lo cierto es que se sintió excitado por el contacto, correspondiendo a sus efusiones con entusiasmo. Posteriormente consideró que el líquido con el que se le roció podía haber sido un estimulante sexual.

El abrazo los arrastró hacia el lecho y la pareja tuvo relaciones sexuales normales, que Villas Boas halló excitantes y placenteras. Ella reaccionó como cualquier mujer saludable con una sola excepción: nunca le besó, aunque le mordió suavemente la barbilla. Tenía también la desconcertante costumbre de gruñir y hacer ruidos semejantes a ladridos de vez en cuando.

En ese momento Villas Boas comprendió que solamente querían utilizarle en un proceso de reproducción, lo que le disgustó en cierto modo, aunque si ese era el objetivo de toda la operación evidentemente había sido alcanzado. No obstante, la capacidad de la mujer no parecía colmada, pues seguía acariciándole, arrastrando a Villas Boas a una segunda cópula. Después de este contacto, la mujer se volvió aparentemente frígida y se apartó de él; al darse cuenta de que lo habían utilizado, también Villas Boas perdió todo entusiasmo.

En una entrevista concedida veintiún años después, Villas Boas añadió un detalle al relato del encuentro, que hasta entonces no había revelado. Después de la segunda cópula, la mujer le extrajo una muestra de esperma que él supuso que sería conservado para uso posterior.

Antes de retirarse, la mujer se señaló el vientre y luego apuntó hacia el cielo. Villas Boas dijo: «lnterpreté que la señal quería decir que ella iba a volver y me llevaría consigo al lugar donde vivía. Por eso todavía siento miedo; si vuelven a por mí, estoy perdido». La interpretación de los científicos es, en cambio, que ella volvería a su hogar llevando dentro de sí su simiente, de la cual nacería un niño.

Se autorizó a Villas Boas a vestirse y le hicieron recorrer la nave; en esa ocasión, intentó robar uno de los instrumentos, para tener una prueba de su experiencia, pero uno de los alienígenas le sorprendió y le quitó el objeto. De manera bastante brusca se le hizo descender de la nave y quedó en tierra, observando cómo el objeto despegaba a sorprendente velocidad. En total, Villas Boas estuvo más de cuatro horas a bordo.

Posteriormente el examen médico reveló una cicatriz en el lugar de donde se le extrajo una muestra de sangre, y lo que podrían haber sido quemaduras de origen radiactivo en partes de su piel. La máxima investigadora brasileña, Irene Granchi, habló con la mujer de Villas Boas, Marlena, y le preguntó cómo se sentía con respecto a la posibilidad de que su marido tuviera un vástago extraterrestre. Ella contestó que no le preocupaba y que, en realidad, se sentía orgullosa ante la idea.

El caso dio lugar a infinitas especulaciones, la más obvia de las cuales fue la sugerencia de que Villas Boas había sido víctima de una fantasía erótica.

Cualquiera que sea la realidad, Villas Boas nunca se retractó de lo dicho, a pesar de sentirse a veces molesto por la forma en que su experiencia fue explotada por los medios de comunicación (el encuentro llegó a ser el tema central de una tira cómica francesa) y, a lo largo de los años, su relato no incurrió jamás en contradicciones.

sábado, 26 de octubre de 2013

Los esclavos “zombies” de Haití

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Los mitos alrededor del vudú incluyen montones de historias de control sobre el cuerpo y la mente, posesiones y zombies.
Esta religión afro caribeña es comúnmente practicada en Haití, y si bien muchos piensan que todos estos cuentos son sólo supersticiones, existe una curiosa – y verdadera – historia local que bien podría ser usada como explicación a todas las leyendas.
En 1962 Clairvius Narcisse, un pobre hombre haitiano enfermó y murió. Sus síntomas incluían fiebre, problemas para respirar y la sensación de insectos moviéndose bajo su piel. El paciente fue enviado a un hospital donde un par de médicos americanos lo examinaron, pero no soportó y murió al poco tiempo para luego ser enterrado, a pesar que él afirma que nunca estuvo muerto.
La historia de Narcisse es que despertó dentro de un ataúd creyendo que había sido envenenado o que estaba bajo alguna clase de hechizo, hasta que un shaman Vudú lo desenterró y lo llevó a un lugar desconocido. Una vez ahí le dieron alguna clase de poción que lo puso en una especie de trance zombie.
La sustancia desconocida lo hacía muy manipulable, y dice que fue forzado a trabajar en una plantación de azúcar día y noche, tomando aquella rara poción todos los días junto con el resto de las personas que estaban con él en la granja.
En algún momento, los esclavos consiguieron escapar y Narcisse pasó los siguientes 18 años vagando por las calles y pidiendo limosna, hasta que en 1981 consiguió volver a su poblado de origen y reconocer a su hermana, después de 20 años. Aparentemente su hermana también lo reconoció puesto que lanzó tremendo grito al verlo, y logró convencerla que era realmente a él usando un apodo sólo conocido por sus familiares.
Cuando Narcisse contó su historia, un psiquiatra fue llamado para asegurarse de que fuera verdadera. No sólo fue capaz de responder todas las preguntas basadas en la información dada por su familia sino que varias personas de la aldea lo reconocieron también.
De alguna forma, los medios se enteraron de la historia, despertando el interés del público y de un investigador de Harvard, un etnobotánico encargado de estudiar la manera en la que la gente utiliza las plantas de nombre Wade Davis.
Davis, al escuchar la historia, aseguró que Narcisse y los otros pudieron haber estado bajo la influencia de una o más drogas para mantenerlos en ese estado de zombies.
De acuerdo a él, una neurotoxina llamada tetrodotoxina o TTX es causante de estados catatónicos parecidos al de la muerte, como el que Narcisse describió. En cuanto a la poción que se le daba en la plantación, Davis asegura que pudo haber sido hecha a base de otra droga llamada datura stimonium, la cual usada en dosis regulares produce delirios, sugestibilidad y amnesia, confirmando así la posibilidad de la historia de Narcisse.

martes, 15 de octubre de 2013

Cuando Alemania invadió Polonia

El 1 de septiembre de 1939,  Alemania invadió Polonia. En los dos años que siguieron a la invasión, Hitler consiguió anexionarse la mayor parte del continente europeo, de Norte a Sur.

mapa-poloniaA las 4,45 horas del 1 de septiembre de 1939, efectivos de la Wehrmacht atravesaban la frontera alemana oriental y penetraban en territorio polaco. Los gobiernos de Gran Bretaña y Francia, obligados por los acuerdos de defensa y ayuda mutua firmados con Varsovia, declararon inmediatamente las hostilidades al Reich. Comenzaba la Segunda Guerra Mundial. Se hacía efectiva la temible capacidad de ataque y avance de la febril política de rearme alemana. La Blitzkrieg, "guerra relámpago", conseguía en sólo 26 días destruir a las anticuadas fuerzas armadas de su oponente. Paralelamente, el Ejército Rojo entraba desde el Este y, el día 28, una vez más a lo largo de su historia, el suelo de Polonia quedaba dividido.

Francia comenzó entonces a prepararse para enfrentarse a la agresión alemana, que se preveía cierta e inminente, y se dedicó a reforzar sus defensas y a movilizar a todos sus elementos humanos. Fue lo que se denominó Drôle de guerre -la guerra extraña-, un tenso compás de espera de nueve meses de duración, que iba a ser decidido por la voluntad de Hitler. Pescando en río revuelto, Stalin presionó sobre el ámbito báltico y planteó reivindicaciones territoriales a una Finlandia que las rechazó y con la que entabló la dura y desigual Guerra de Invierno, que concluyó el 12 de marzo. Francia, parapetada tras la Línea Maginot, confiaba en sus planes de defensa y ataque, mientras Inglaterra establecía el bloqueo naval del Mar del Norte y lo sembraba de minas. Estados Unidos mantenía su postura de neutralidad, aunque estaba bien claro hacia dónde se dirigían los apoyos de muchos de sus sectores dirigentes y población.

Pero, por el momento, la legalidad exigía el mantenimiento de la neutralidad, lo que no impidió que Washington estableciese los acuerdos de aprovisionamiento masivo de materiales denominados de cash and carry -pagar y llevarse-, que firmó con las potencias democráticas y a las que permitieron la inmediata obtención de aprovisionamientos de toda clase, así como la preparación para la lucha.

El siguiente paso de la Blitzkrieg fue la sorpresiva invasión, el 8 de abril, de la vecina Dinamarca y, a continuación, de Noruega, de donde fueron desalojados los contingentes británicos que habían desembarcado en el extremo norte.

El 10 de mayo se desencadenaba la tan esperada como temida ofensiva general sobre el frente del Oeste. Camino de Francia, su objetivo fundamental, las fuerzas de la Wehrmacht se lanzaron contra Bélgica, Luxemburgo y la neutral Holanda. La rapidez de esta forma de ofensiva tuvo ahora unos resultados más efectivos que los obtenidos en el Este. Sobre una Polonia dotada de un deficiente sistema viario y en un otoño de lluvias y lodazales, los avances alemanes habían tenido el año anterior algunas dificultades. Por el contrario, en la primavera de 1940, la buena red de carreteras de los desarrollados países occidentales agredidos permitía a los invasores efectuar avances con gran rapidez.

Aquí, los aparatos de la Luftwaffe se emplearon a fondo en apoyo de los avances terrestres. En el lado francés reinaba el más absoluto caos. Se sucedían las destituciones y relevos en los niveles altos del mando militar, mientras la penetración alemana se ampliaba hacia el Suroeste. El 14 de mayo capitulaba el ejército holandés y el belga le seguía 14 días después.

En el puerto de Dunkerque se amontonaba un cuerpo expedicionario británico al que el rápido avance alemán había impedido actuar. Ahora, el imparable empuje alemán formó allí una bolsa a la que se agregaron 100.000 soldados franceses replegados desde Bélgica. Hasta el 4 de junio, tuvo lugar la operación de traslado de estos contingentes al otro lado del Canal, utilizándose para ello todo tipo de embarcaciones con la plena cooperación de la población civil inglesa, que ya empezaba a ser consciente de la lucha que le esperaba.

Los frentes defensivos franceses iban mientras tanto hundiéndose uno tras otro, y las cifras de prisioneros se incrementaban de forma alarmante. Siguiendo una ya vieja tradición ante ataques alemanes, el Gobierno y las altas instituciones de la República Francesa habían tomado el camino de Burdeos. El 10 de junio, la Italia aliada del Reich aprovechaba la coyuntura y atacaba a su vez el Sur de la acosada Francia. Los poderes públicos se demostraron incapaces de enfrentarse a los hechos y se recurrió a una medida extrema: el prestigioso y muy anciano mariscal Pétain fue llamado al poder.

El 17 solicitó de los alemanes el armisticio, que era firmado cinco días después. La Tercera República moría así, en medio de la derrota, después de siete décadas de intensa y atormentada existencia. Negándose a aceptarlo, el general De Gaulle voló a Londres en el último momento y desde allí realizó el célebre "llamamiento del 18 de junio", que creaba la Francia Libre y animaba a los franceses a unirse a él en la lucha contra el agresor.

El territorio galo era dividido en dos partes. La de ocupación alemana, con el Norte industrial, la aglomeración de París y todo el litoral atlántico, y la del Centro-Sureste, que quedaba organizado bajo la denominación de Estado Francés, gobernado desde Vichy por el más rancio conservadurismo y los más radicales colaboracionistas con el invasor. En su cúpula, el viejo Pétain aseguraba a la población el mantenimiento de los valores tradicionales del espíritu nacional. Mientras los ingleses procedían a destruir la flota francesa estacionada en puertos africanos para evitar que cayese en manos de los alemanes, De Gaulle se dedicaba a conseguir el control de las colonias en África y Asia.

En muy pocos meses, el mapa de Europa había experimentado unas transformaciones tan profundas como nadie hubiera podido imaginar. Toda la fachada atlántica del continente estaba controlada por el Reich, desde el Cabo Norte hasta la Península Ibérica. La España de Franco, ideológicamente afín a los postulados de Berlín, aseguraba un cierre sin problemas del ángulo más meridional. Los planes de Hitler de estrangular al Imperio Británico con la ocupación del enclave de Gibraltar no se plasmaron en la realidad, debido a complejas causas en las que las reticencias y exigencias de Franco para entrar en la guerra pudieron haber pesado menos que el hecho de que Alemania obtenía de Franco fundamentales materias primas y no estaba interesada en desplegar aquí unas fuerzas que prefería encauzar hacia el Este, campo de actuación previsto por toda la geopolítica nazi. Mientras tanto, una Gran Bretaña tomada por sorpresa parecía amenazada por una inminente ocupación. Hitler tenía perfectamente diseñados sus planes de agresión en la Operación León Marino. Pero era algo que el nuevo primer ministro, Winston Churchill, rechazó rotundamente cuando clamó: "¡Lucharemos en las playas, lucharemos en los campos... Nunca nos rendiremos!".

Controlando los países del Centro-Este del continente, se preparaba el gran momento de la expansión del Reich hacia los espacios orientales. De momento seguía en vigor el Pacto germano-soviético que sorprendió al mundo en agosto de 1939 y que aseguraba evidentes beneficios a ambas partes. Por él, Berlín vendía a Moscú los elementos de alta tecnología que la URSS no producía y, como contrapartida, obtenía las materias primas que el esfuerzo bélico consumía. Era un matrimonio de conveniencia ideológicamente antinatural entre un nazismo y un comunismo enfrentados, pero decididos a obtener de él las mayores ventajas. De momento, Stalin se sentía seguro.

Mussolini, el inspirador de Hitler ahora relegado a un papel secundario, aprovechaba de la forma más oportunista las ventajas que el triunfante discípulo le aportaba. Considerando la débil posición de Inglaterra, aprovechó para lanzarse contra ella en sus posesiones del Norte de África y atacó en Etiopía. Intentaba controlar Egipto -y el fundamental Canal de Suez-, Sudán y Somalia. La megalomanía del italiano no cedía un ápice a la de su colega alemán y todo le parecía posible. Los Balcanes se le presentaban ahora como zona de expansión natural, iniciada el año anterior con la conquista de Albania.

Invadieron los italianos Grecia el 28 de octubre, pero la dura resistencia del ejército heleno no tardó en pararles. Mientras los británicos desembarcaban en Creta, Hitler se vio obligado a remediar la situación y, el 6 de abril de 1941, lanzó su ataque relámpago contra Yugoslavia, rápidamente ocupada y disgregada. Una vez más, se tuvo que retrasar la gran operación de invasión de la URSS, Barbarroja, pieza básica de toda la política expansiva del Reich. La ocupación de Grecia era el siguiente paso y, el 27 abril, como verdadero símbolo de los tiempos que corrían, la bandera con la esvástica ondeaba sobre la Acrópolis de Atenas.

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