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miércoles, 8 de agosto de 2012

Moctezuma II



Hernán Cortes y Moctezuma II



Moctezuma II


(?, 1466-Tenochtitlán, hoy Ciudad de México, actual México, 1520) Noveno emperador azteca (1503-1520). Hijo del emperador Axayácatl, fue elegido gran sacerdote y, en 1502, sucedió a su tío Ahuitzotl en el gobierno de un vasto imperio, que se extendía desde el límite meridional del actual Michoacán hasta más allá del istmo de Tehuantepec y cuya capital era Tenochtitlán (actual Ciudad de México). Esta gran urbe, fundada hacia 1325 por los aztecas sobre un lago, en 1519 contaba con una población de unos 100.000 habitantes.
A fin de estructurar sus dominios, Moctezuma II organizó el imperio en diversas provincias, creó una sólida administración central y reguló el sistema tributario. Al mismo tiempo, prosiguió la expansión militar iniciada por sus predecesores, aunque no pudo someter a los pueblos enemigos de Tlaxcala y Texcoco y fracasó en sus expediciones a Guatemala y Nicaragua, territorios asiduamente frecuentados por los mercaderes aztecas.
En 1518, informado de la presencia de las naves del explorador español Juan de Grijalva en la costa de Yucatán, el soberano azteca envió emisarios y regalos a los extranjeros, a quienes tomó por enviados del dios de la sabiduría Quetzalcóatl, «la serpiente emplumada», para anunciar su retorno.
En efecto, según una creencia muy extendida entre los pueblos mesoamericanos (aztecas, mayas, toltecas, etc.), tras haberse enfrentado a Huitzilopochtli, dios de la guerra, Quetzalcóatl había partido hacia oriente atravesando el mar, no sin antes prometer que volvería en el año azteca de Ce Acatl, fecha que correspondería al año 1519. Cuando la expedición de Hernán Cortés desembarcó en sus costas, Moctezuma no dudó en identificar al conquistador con Quetzalcóatl y, en noviembre de 1519, lo recibió solemnemente en Tenochtitlán y lo colmó de valiosos presentes.
Sin embargo, a los pocos días, Cortés, preocupado por la idea de que su vida y la de sus hombres dependiera tan sólo de la voluntad del emperador, decidió llevar a cabo una audaz maniobra y hacer prisionero a Moctezuma, con la intención de someterlo y mantenerlo en el poder de un modo simbólico. El ardid de Cortés tuvo éxito, pero la humillante retención del emperador provocó un creciente malestar entre los aztecas, acentuado por el comportamiento sacrílego de los españoles hacia Huitzilopochtli, que con sus ofensas herían en lo más vivo las creencias indígenas.
La tensión estalló en junio de 1520, durante la celebración de la fiesta de Toxcatl, día en que millares de aztecas, desarmados y vestidos únicamente con ricas plumas y joyas preciosas, se reunieron en la plaza principal de la ciudad para iniciar una danza ritual y fueron masacrados por los hombres de Pedro de Alvarado, lugarteniente de Cortés. A raíz de este suceso, la aristocracia azteca depuso a Moctezuma y nombró como sucesor a su hermano Cuitláhuac, quien encabezó la revuelta contra los extranjeros.
Tras cinco días de violentos combates, Cortés intentó utilizar al destronado emperador para negociar la obtención de un salvoconducto que permitiera a sus tropas salir de la capital, pero cuando Moctezuma se dirigió a la multitud enfurecida fue apedreado; murió tres días más tarde a consecuencia de las heridas sufridas. En cuanto a los españoles, poco antes de la medianoche del 30 de junio de 1520 iniciaron una desastrosa retirada de Tenochtitlán, en el transcurso de la cual sufrieron numerosas bajas, episodio que ha pasado a la historia con el nombre de La Noche Triste.

sábado, 7 de julio de 2012

Curiosidades De La Independencia De Mexico

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A 199 años del Grito de Dolores, que marca el inicio del acontecimiento histórico, aún hay algunos episodios poco transitados —otros han sido olvidados y otros omitidos— por la historia oficial y que, algunos, darán de que hablar en el marco de los 200 años del México independiente.
Asómate a este paseo por el lado oscuro de la Independencia.
El padre de la patria

Sus principales virtudes como organizador de masas no eran militares, sino parte de su carácter: su simpatía y su inteligencia.La personalidad del cura Miguel Hidalgo y Costilla era arrasadora, sostienen sus biógrafos. La madrugada del 16 de septiembre de 1810, el cura congregó a unos 600 hombres en Dolores y se convirtió para la historia en el “Padre de la Patria”.
hidalgoPinturasSPero este sacerdote nacido en 1753, en Pénjamo, y luego jefe del Ejército Insurgente, no se estrenaba en la paternidad. Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte, nombre completo del insurgente, procreó cinco hijos: Mariano Lino, María Josefa, Micaela, Agustina y Joaquín, a quiénes reconoció.El hecho, aunque prohibido por el Derecho Canónico, podría ser socialmente aceptado en esa época. En 1985, al cumplirse 175 años de la Independencia, el Gobierno de Guanajuato reconoció a los hermanos Rodrigo, Enedina, Mercedes, María, María Dolores, Germán, María Esther, Víctor y Esperanza Vázquez Mendoza como la quinta generación de descendientes directos del “Padre de la Patria”. Hoy sobreviven tres: Mercedes, María Esther y Esperanza.
¡Viva Fernando VII? … ¿EL REY DE ESPAÑA?fernandovii

El Grito de Dolores es considerado el punto de arranque de la Independencia de México del dominio español y cada 15 de septiembre se escucha en todo el País. Sin embargo, el grito en su versión original poco tiene que ver con el actual –más nacionalista- y mucho tiene que ver con loas al entonces Rey de España: “¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Abajo el mal gobierno! ¡Viva Fernando VII!”, gritó Hidalgo a proclamar la insurrección, que sería apagada pocos meses después.
¿Por qué gritó a favor de una monarquía de la que quería independizarse? Los historiadores consideran que era su manera de manifestar su descontento con la invasión napoleónica en España, que había iniciado en 1808.
Fiesta y grito por decreto

El origen de los festejos del Grito de Dolores el 15 de septiembre y no el 16, día en que ocurrió realmente, se remonta a la dictadura de Porfirio Díaz. El oaxaqueño, también conocido como el “Llorón de Icamole”, nació el 15 de septiembre de 1830, y decidió juntar los festejos. En 1896, ya en pleno porfiriato, mandó trasladar la Campana de Dolores a Palacio Nacional y decretó que la Independencia coincidiera con su cumpleaños. Aunque antes de que Díaz adelantara el Grito de Independencia era frecuente ver verbenas populares desde el 15, después de la caída del porfiriato por la Revolución Mexicana, se mantuvo la celebración.
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Un sepulcro para el heroe
Fray Servando Teresa de Mier fue uno de los ideólogos de la Independencia, arengó contra la dominación española en cualquier tribuna y combatió a las tropas realistas sin descanso, pero a pesar de que murió en Palacio Nacional, los restos de Fray Servando Teresa de Mier no han encontrado la paz de los sepulcros.
Fallecido en 1827, Padre Mier fue enterrado con honores en la Parroquia de Santo Domingo, de la Ciudad de México. Pero en 1861, al término de la Guerra de Reforma, el templo fue demolido. La momia de Padre Mier, junto con otras 12, fue exhumada y exhibida como un cuerpo víctima de la Inquisición.
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Unos dicen que la momia del “Primer Regiomontano Universal” fue vendida a un aventurero que la llevó a Buenos Aires, otros a Europa, lo cierto es que hasta ahora se desconoce su paradero.
Su historia, de fugas y extravíos, ha inspirado a muchos escritores como el cubano Reinaldo Arenas quien la noveló en “El Mundo Alucinante”.
Y el reconocimiento 15 años despues…
Aunque en México la Independencia se consumó en 1821, al otro lado del Atlántico, el País no adquirió su soberanía como Estado hasta 15 años después.
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Y es que España no reconoció la Independencia hasta 1836, e incluso en varias ocasiones intentó recuperar sus antiguos dominios. En 1829, la ofensiva española, a sangre y fuego se jugó su carta más arriesgada cuando lanzó 4 mil hombres a bordo de 19 embarcaciones a la costa cerca de Tampico.Pero las tropas monarquistas fueron derrotadas por un militar que luego llegaría a ser Presidente y perdería territorio mexicano ante otra potencia. Su nombre: Antonio López de Santa Anna.En 1836, la reina María Cristina, viuda de Fernando VII, en representación de su hija Isabel II, reconoció la independencia de México y renunció a sus bienes en el País.
Un olvidado precursor

Inspirado por las ideas de libertad y antimonárquicas de la Ilustración francesa, un grupo de conspiradores encabezados por un diácono, nativo de Sayula, llamado Juan Antonio Montenegro, fue denunciado al Santo Oficio el 4 de octubre de 1793.Aunque en esos momentos no prosperó su proceso, casi un año más tarde, Montenegro fue llevado ante la Inquisición. Se le acusaba de tener un plan de buscar la Independencia de la corona española y difundir ideas antimonárquicas.
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Ese año, obtuvo la borla de doctor en Teología en la Real y Literaria Universidad de Guadalajara. Pasó un año en prisión, abjuró de lo dicho y luego fue confinado al colegio de la Santa Cruz en Querétaro y en la Ciudad de México.
Murio en 1833, aunque otros biógrafos dicen que fue en 1834 y otros que en 1837.

viernes, 22 de junio de 2012

MÉXICO EN LA CONQUISTA DE FILIPINAS


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México está por cumplir 200 años como nación independiente, pero casi 500 como entidad política desde que España lo crea (como Nueva España) en 1521.
Durante los primeros 300 años, México (la Nueva España) creció no solo territorialmente sino que contribuyó al engrandecimiento del Imperio Español de Carlos V, el más extenso que haya conocido la humanidad. 
 
Carlos V (Gante 1500-Yuste 1558)
 
 
 
 
Carlos V de Alemania y I de España (1500-1558). La historia no ha conocido un Imperio más grande que el suyo.
La Nueva España tuvo un papel preponderante en su expansión hacia América del Norte, el Pacífico y Asia.
 
 
 
 
En 1492 España ‘descubre’ por casualidad a América, pues la razón principal de los viajes hacia occidente era encontrar la ruta hacia el Asia oriental.
Por tal motivo, diversas expediciones españolas zarparon de Europa con el fin de establecer un puerto español desde el cual España obtuviera los beneficios del mercado asiático; ninguna tuvo éxito.
A quien le tocaría la fortuna de agregar las islas Filipinas al Imperio de Carlos V fue a Miguel López de Legaspi. Este español fungió como escribano del Cabildo de la Ciudad de México durante 36 años hasta que le fue encomendada por el Virrey Velasco la expedición para la adhesión del archipiélago filipino al Imperio Español.
Las islas habían sido descubiertas por Fernando de Magallanes quien murió allí en un combate.
Así, con madera extraída de los bosques jaliscienses de la Sierra de Quila, López de Legaspi armó su flota zarpando de Barra de Navidad en 1563; los marinos eran casi en su totalidad indígenas Mexicanos.
 
                                                              
Barra de Navidad (Jalisco). Los primeros esfuerzos descubridores de España hacia el Pacífico Norte de América y Asia iniciaron de este puerto. De aquí partió la expedición de Miguel López de Legaspi con decenas de indígenas Mexicanos para conquistar Filipinas para España. Desde la Ciudad de México se controló a partir de entonces la administración de las Filipinas.
 
 
Llegó a las Filipinas 3 meses después siendo recibido en una de las islas amistosamente; tras tomar posesión de las islas para España, decidió emprender la revancha contra los Tagalos quienes habían destrozado a Magallanes y su flota.
Así, el ejército Hispano-Mexicano atacó la isla de Tuzón y, al alcanzar su objetivo, fundó Manila la cual sería la capital de las Filipinas (se les nombró Filipinas en honor del Rey de España, Felipe II). La pacificación del archipiélago duró 4 años. 
Como dato curioso, meses después López de Legaspi se enteró que un miembro de su ejército había sido esclavizado; lo único que el prisionero sabía decir en Castellano era ‘Castilla’, pues hablaba únicamente náhuatl.
 
A partir de la conquista, las Filipinas dependerían política y económicamente de la Ciudad de México.
De la capital de la Nueva España salieron Gobernadores, Obispos y comerciantes. La Ciudad de México era la capital política y económica de varias de las posesiones españolas en el mundo: Florida, Filipinas, Centro América, Cuba y Puerto Rico. Madrid recibía solamente las utilidades.
Uno de los propósitos de la conquista de Filipinas se había alcanzado: comerciar libremente con Asia.
Para ello, Manila se enlazaría comercialmente con Acapulco (único puerto norteamericano autorizado por Madrid para comerciar con Asia).
 
 
Una vez al año un galeón y 4 ‘pataches’ iniciaban la travesía llevando productos Americanos a Asia y viceversa; España concentraba las mercancías de India, Japón y China con Norte América.
De Asia llegaron por ejemplo, los mantones y los mangos de Manila y las sedas. La cerámica asiática influenció a la Talavera de Puebla y a las lacas de Michoacán, entre otros (el muralista mexicano Dr.Atl (siglo XX) decía que el arte mexicano tiene más de Asiático que de Europeo).
Al llegar a Acapulco las mercancías eran transportadas a la Ciudad de México donde se comerciaban en el mercado del Parián (ya desaparecido, estaba en el Zócalo).
Otra parte del cargamento era enviado a Veracruz desde donde era embarcado a Cádiz, España.
De Acapulco salían hacia Asia, entre otros muchos productos, millones de monedas de plata de Zacatecas y Guanajuato que circularon por más de dos siglos en todo el este asiático.
Un producto Mexicano fue ampliamente apreciado por los marinos de la época: la hamaca.
Con el viento a favor, el viaje Acapulco-Manila se hacía en 1 mes, pero el de regreso en 2, pues para hacer menos difícil el camino, la flota debía de aprovechar los vientos que se encontraban favorables en la ruta Filipinas-Japón-Alta California-Acapulco (en la Segunda Guerra Mundial los estadounidenses ‘redescubrieron’ estos mismos vientos llamándoles -como hasta- ahora ‘jet stream’).
 
                                       
                                                        Ruta marítima Acapulco-Manila y Manila-Acapulco utilizada durante 250 años.
Marinos Españoles y Mexicanos descubrieron en los años 1500s lo que hasta hoy en día utilizan barcos y aviones para trasladarse de Asia a América: la ruta de los vientos que hace más sencilla la travesía de Asia hacia América.
 
La presencia Mexicana en el este Asiático era importante; era común ver a personajes importantes de la política japonesa, por ejemplo, visitando la capital de la Nueva España.
Por cierto, en España y América, Japón era conocido como ‘Cipango’ y China como ‘Catay’.
Con el declive de España del escenario mundial y el inicio de las independencias de sus colonias Americanas, el intercambio Manila-Acapulco llegó a su fin; el último galeón llegó a la Bahía de Santa Lucía en 1815 terminando el vínculo que unió a México y Filipinas por 250 años.
La presencia española se extendería hasta 1898, año en el que Estados Unidos declara la guerra a España y la despoja del archipiélago Filipino, Cuba, Puerto Rico y Guam.
El Castellano, idioma oficial hasta entonces, cedería terreno al Inglés; a pesar de ello los nombres españoles y la religión católica son, aún hoy, vínculo que Filipinas tiene con la comunidad hispana, siendo México su principal forjador.
La última presencia Mexicana en Filipinas ocurrió en 1945; el Escuadrón 201 realizó 58 operaciones aéreas desde allí al final de la Segunda Guerra Mundial cuando Filipinas estaba aún ocupada por los japoneses. 
Como tantos otros, permanece este capítulo como desconocido para la mayor parte de los Mexicanos.
Uno de los escasos monumentos que recuerdan estos hechos en México se encuentra precisamente en Zapopan (en la Avenida López Mateos), conocido como ‘Las Águilas´.
 
Esa calle, muy cerca del entonces el ‘Camino Real de Colima’, conducía a los navegantes Mexicanos y Españoles hacia el puerto de Barra de Navidad.
En dicho monumento se detallan brevemente las historias entretejidas de los pueblos Mexicano y Filipino y la estrecha relación que mantuvieron por 3 siglos.
 
La Nueva España (México) mantuvo una importante presencia en toda América, el Pacífico y el este Asiático.
Era la colonia Americana más conocida del mundo, su plata y sus monedas acuñadas en la Ciudad de México circularon por muchos lugares del planeta.
 
El Museo ubicado en el Fuerte de San Diego en Acapulco, entre otros, muestra la presencia Novo Hispana en el Océano Pacífico.
 

Mapa de los descubrimientos y bautizos realizados entre Españoles y Mexicanos desde la costa de Jalisco hasta Alaska.
Valdés, Córdoba y Revillagigedo en Alaska hasta los de Baja California fueron salpicados con nombres Castellanos.

jueves, 7 de junio de 2012

Lempira

En el occidente de Honduras, entre las altas cordilleras de Celaque y Opalaca, se extendía antes del descubrimiento, el territorio llamado Cerquín. En esa época los españoles trataban con crueldad a los indios, les quitaban sus posesiones y los hacían sus esclavos.

Era de origen Maya-Lenca, desde muy joven había dado muestras de gran valor sentía un amor entrañable por su raza, tierra, sus leyes y costumbres.

Cuando los españoles llegaron a Cerquin, el Indio Lempira estaba en guerra contra otros caciques vecinos. Pero comprendió que sus peores enemigos eran los soldados extranjeros, que habían venido a robar sus tierras y libertad. Hizo entonces un pacto de alianza con las tribus vecinas para proteger su territorio que actualmente llevan su nombre, "Departamento de Lempira".

Lempira luchó por defender a su pueblo de la esclavitud que los españoles querían imponerles, para no perder su libertad y costumbres. Este guerrero instó a su pueblo a luchar por defender sus ideales y no permitir ser humillados por los colonizadores y habiendo tantos bravos guerreros no se podián dar por conquistados. Los españoles al darse cuenta del levantamiento indígena de inmediato comenzaron a atacar, la guerra se prolongó por seis meses. Al darse cuenta que no podían vencer a Lempira, hurdieron un vil plan, basado en la traición enviando un soldado a Lempira con un mensaje de paz, mientras otro estaba oculto apuntándole con un arcabuz, Lempira cayó en la trampa ya que él era un hombre que no sabia de este tipo de artimañas; y así disparándole, el Cacique rodó por la sierra llevando consigo las esperanzas de liberación de nuestra raza. Pero su muerte no fue en vano, porque Lempira vive en el pueblo que indignado rechaza toda presencia extraña contraria a la Soberanía Nacional y de nuestra condición de hombres libres.

El 20 de julio se ha decretado DÍA DE LEMPIRA para que todos los niños de Honduras recuerden con reverencia al indio Heroico que supo morir en defensa de la libertad de su pueblo, también José Augusto Coello en el hermoso poema convertido en nuestro himno nacional hace mención inmortal en su tercera estrofa a este héroe indígena

"Era inútil que el indio tu amado
Se aprestara a la lucha con ira,
Porque envuelto en su sangre Lempira,
En la noche profunda se hundió;
Y de la épica hazaña, en memoria,
La leyenda tan sólo ha guardado
De un sepulcro el lugar ignorado
Y el severo perfil de un peñón."

martes, 5 de junio de 2012

Los Viajes de Francisco Pizarro

Francisco Pizarro dirigió 3 viajes para conquistar el Tahuantinsuyo. Los organizó desde 1524 cuando fundó la “Empresa del Levante” con sus socios Diego de Almagro y Hernando de Luque.



El Primer Viaje de Pizarro

En 1524, con mucha ilusión por conquistar las ricas tierras del Perú, Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Hernando de Luque fundar en Panamá la Compañía del Levante. El fraile Luque representaba los intereses de Gaspar de Espinoza, principal financiador de la empresa. El gobernador Pedrarias también se incorporó aportando una apreciable cantidad de dinero.
A comienzos de setiembre del mismo año ya estaban listos dos barcos, el “Santiago” y el “San Cristóbal”. El día 13 zarpó el “Santiago”, al mando de Francisco Pizarro, con 112 españoles y algunos indios nicaraguas de servicio.
De Panamá se dirigieron a las islas Perlas, luego desembarcaron en Puerto Piñas, avanzaron por la costa colombiana hasta que llegaron a un punto que llamaron Puerto de Hambre, por que se acabaron las provisiones, y el barco “San Crisóbal” no aparecía para socorrerlos. Entonces Pizarro envío a Gil de Montenegro con el “Santiago” para recoger alimentos en las islas Perlas. Durante 47 días esperó el capitán en Puerto de Hambre. Cuando llegó Montenegro ya habían muerto más de 30 expedicionarios por la falta de comida.
Españoles esperando en Puerto de Hambre. Dibujo: Jorge Salazar.
A comienzos de 1525 se reanudó el viaje y llegaron al Fortín del Cacique de las Piedras, donde los españoles fueron recibidos con una lluvia de piedras y  lanzas, que dejaron varios heridos, entre ellos el mismo Francisco Pizarro. Dejando 5 desaparecidos, los sobrevivientes se reembarcaron y emprendieron el retorno hasta Chochama, al sudeste de Panamá.
Mientras tanto, Almagro ya estaba en camino con 50 hombres a bordo del “San Cristóbal”, y para su mala fortuna desembarcó en el Fortín de Cacique de las Piedras. Los indígenas los atacaron con fiereza. En el combate una flecha le cayó en un ojo a Diego de Almagro, quien por poco es capturado por los nativos. Un negro esclavo logró rescatarlo, pero el manchego quedó tuerto para siempre. Almagro mandó incendiar el fortín rebelde, que desde entonces es recordado como Pueblo Quemado.
Almagro buscó a Pizarro hasta el río San Juan, en los manglares colombianos. Al no encontrarlo regresó hasta las islas Perlas. Aquí se enteró que su compañero estaba en Chochama. Al reencontrarse se abrazaron y prometieron intentarlo de nuevo, pase lo que pase.

El Secundo Viaje de Pizarro

Episodio de la Isla del Gallo, en el Segundo Viaje de Pizarro
Episodio de la Isla del Gallo, en el Segundo Viaje de Pizarro.
Pintura: Juan Lepiani.
En octubre de 1526, Pizarro y Almagro, con los dos barcos, partieron de Chochama hacia el Sur y llegaron al rio de San Juan. Mientras Almagro volvía por refuerzos a Panamá, el piloto Bartolomé Ruiz, exploró la costa sudamericana occidental hasta Coaque, en cuyo viaje capturó una balsa de indios tumbesinos con los cuales confirmó la existencia del Tawantinsuyo. Luego Pizarro avanzó con su expedición hacia la bahía de San Mateo y al río Santiago, a fines de julio de 1527, y luego llevó a sus hombres que se hallaban descontentos a la isla del Gallo, mientras enviaba los dos barcos a Panamá, con Almagro y el veedor Juan Carballo.
En una de las naves, los soldados descontentos, enviaron a la esposa del gobernador de Panamá un ovillo grande de algodón en cuyo seno iba una denuncia escrita, que terminaba con un texto que decía:
“A Señor Gobernador
miradlo bien por entero
allá va el recogedor
y aquí queda el carnicero”
Enterado del documento el gobernador de Panamá, Pedro de los Ríos, envió dos barcos a recoger a la fuerza a los expedicionarios, los mismos que llegaron a la Isla del Gallo a fines de setiembre de 1527. Al mando de ellos venía el capitán Juan Tafur, a recoger a todos los hombres. Entonces Pizarro, viendo a punto de fracasar su empresa, asumió un gesto heroico, desenvainó su espada, trazó una raya en la arena de la playa y les dijo a sus hombres: “Por este lado se va a Panamá a ser pobres, por éste al Perú a ser ricos, escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere”. Sólo trece hombres atravesaron la raya siguiendo a Pizarro, los célebres “Trece del Gallo”. Los demás soldados se embarcaron con Tafur rumbo a Panamá, y éste trasladó a Pizarro y a su pequeñísima hueste a la Isla Gorgona.
Luego de estar en ella, solos, seis meses, en marzo de 1528, volvió el piloto Ruiz a la isla para recoger a Pizarro. Pizarro convenció a Ruiz para explorar el Sur y llegaron a la isla Santa Clara y a continuación a Tumbes, donde los españoles por primera vez encontraron una ciudad importante y civilizada con fortalezas, templos y murallas. Varios españoles descendieron a tierra y comprobaron la importancia de la ciudad y su elevada cultura y por lo que es más, confirmaron visualmente la existencia del Imperio del Tawantinsuyo.
Pizarro llamó a Tumbes, Nueva Valencia y luego navegó hacia el Sur por las costas del reino vasallo de Chimor, hasta llegar a la desembocadura del río Santa. El Tawantinsuyo había dejado de ser un sueño y un mito, había sido descubierto y Pizarro volvió en triunfo a Panamá.

La Capitulación de Toledo en 1529

Al volver a Panamá con la noticia del descubrimiento del Tawantinsuyo, Pizarro tropezó con las dificultades que le puso y la casi oposición del gobernador, Pedro de lo Ríos, que quería impedir una nueva expedición, por lo que los tres socios decidieron negociar la conquista del Perú con el propio rey. Pizarro fue designado por sus socios como Procurador, es decir apoderado en el lenguaje de la época, y viajó a España con ese carácter, en octubre de 1528, acompañado del griego Pedro de Candia, llevando oro, plata, piedras preciosas, llamas y tejidos del Perú. En Sevilla, Pizarro fue apresado por antiguas deudas con el bachiller Enciso, todavía de la época de su estancia en el Darién. Logró salir libre gracias a la influencia de su pariente, Hernán Cortés, conquistador de México y éste lo ayudó para que fuera recibido en la corte. Allí se entrevistó en Toledo, con el propio rey, Carlos V, a quien expuso sus planes y pretensiones y negoció con el Consejo de Indias.
El resultado fue la firma de la Capitulación de Toledo, realizada el 26 de julio de 1529, que le autorizaba para la conquista del Perú. Por la corona firmó la reina Juana la Loca, madre de Carlos V.
Por esta Capitulación, Pizarro obtuvo la autorización para conquistar el Perú, fundar ciudades, dentro de los límites de su gobernación que abarcaría una longitud de 200 leguas a lo largo de la costa sudamericana del Pacífico, a partir del río de Temumpalla (Santiago) en el norte del Ecuador hasta Chincha, en la costa central del Perú. Se le dio el título de Adelantado, alguacil mayor, gobernador y capitán general del territorio adjudicado y un sueldo de 725.000 maravedíes por año.
Por la misma capitulación Diego de Almagro ganó la jerarquía de hidalgo, fue nombrado gobernador de la fortaleza de tumbes y se le concedió una renta de 300.000 maravedíes al año.
Hernando de Luque, en virtud del Real Patronato, fue propuesto al Papa como Obispo de Tumbes y protector de los indios. A Bartolomé Ruiz se le nombró Piloto Mayor del Mar del Sur y a los trece valientes españoles de la Isla del Gallo se les dio el status de hidalgos y se les designó Caballeros de la Escuela Dorada.
La Corona por su parte tendría derecho al quinto real, el 20% de las riquezas que obtuvieran los españoles, con el despojo de los indios.
Esta Capitulación, como vemos, privilegió a Pizarro y postergó a Almagro y a Luque y fue el origen de las futuras desavenencias entre los tres socios.

El Tercer Viaje de Pizarro

De Panamá a Piura
Partieron de Panamá en enero de 1531, tocando como primer punto la bahía de San Mateo, de donde continuarán su viaje por tierras a través de la región de Coaque. En esta zona fueron atacados por el mal de las verrugas y aún se encontraban en este camino cuando el cacique Tumbalá los invitó a visitar su isla Puná, isla en la cual Pizarro terminará cerciorándose de que el Imperio de los Incas se debatía en guerra civil.
Llegaron a Tumbes en enero de 1532. Al llegar a esta ciudad, Pizarro le ordenó a Hernando de Soto que tomara preso al cacique Chilimasa en represalia porque los tumbesinos lo habían atacado. De Tumbes se trasladaron a Poechos donde su cacique Maizavilca le obsequió a don Francisco Pizarro a uno de sus sobrinos, al que le llamaron Martinillo.
Estando ya en el valle de Chira, en el lugar llamado por los indios Tangarara, Pizarro funda la primera ciudad española en nuestro país, con el nombre de San Miguel (15 de mayo o julio de 1532). También en este lugar construyeron un fuerte donde se quedaron 60 hombres a las órdenes de Sebastián de Benalcázar.
Marcha de Piura a Cajamarca
Partieron en setiembre de 1532. Acompañaban a Pizarro 110 hombres de infantería y 67 de caballería. Después de avanzar por la costa hacia el sur y por Saña levantar a Cajamarca, entrarán a esta ciudad el 15 de noviembre de 1532 e inmediatamente Pizarro le ordenó a Hernando de Soto y luego a su hermano Hernando Pizarro que fuesen a los baños del Inca (Pultamarca) a invitar a Atahualpa a cenar esa noche en Cajamarca, pues Pizarro tenía pensado tomar preso al Inca en plena ceremonia.
Atahualpa no aceptó la invitación para esa noche, sino para el día siguiente, Atahualpa ya estaba en la plaza de Cajamarca y los únicos que se le presentaron por parte de los españoles fueron: Hernando de Aldana, el traductor Martinillo y el dominico Valverde.

sábado, 2 de junio de 2012

LA COLONIA PERDIDA DE ROANOKE



A principios del siglo XVIII, unos exploradores que remontaban el río Lumber, en Carolina del Norte (Estados Unidos), descubrieron, sorprendidos, unos indios de ojos grises que hablaban una lengua parecida al inglés.

La tribu aseguraba que sus antepasados podían «hablar en un libro», expresión con que los exploradores entendieron que sabían leer.

Los descendientes de este misterioso pueblo viven hoy en Robeson County, en las mismas tierras donde fueron descubiertos.

Conocidos como indios Lumbees (ojizarcos para los españoles), tienen una tez que varía desde morena a muy blanca y, aun hoy, abundan entre ellos el pelo rubio y los ojos azules.

Nadie conoce la verdadera historia de esta tribu, pero en el transcurso de los años se ha ido gestando una curiosa teoría dotada, al parecer, de gran coherencia.

Se cree que pueden ser descendientes de los expedicionarios ingleses, desaparecidos sin dejar rastro en 1591, que Walter Raleigh enviara la isla Roanoke. El río Lumber está a unos 320 kilómetros de la isla. Isabel I de Inglaterra se la cedió a Raleigh que, a raíz de entonces, organizó dos intentos de colonización. El primero fue abandonado en 1586, debido a los repetidos ataques indios y a la escasez de provisiones.

Mayor acierto tuvo la expedición de más de un centenar de colonos, entre hombres y mujeres, dirigida por el gobernador John White, que llegó a Roanoke en 1587. White decidió regresar a Inglaterra con un número mínimo de acompañantes en busca de auxilio y provisiones. Dejó estipulado que si en su ausencia el resto de los colonos se veían obligados a partir, deberían inscribir el nombre del sitio a donde se dirigían en un «lugar destacado».

White no pudo volver a América hasta 1591, debido a la guerra entre España e Inglaterra. En Roanoke sólo halló los restos de una fortaleza, que había sido saqueada y abandonada; los colonos habían desaparecido sin dejar rastro. Sólo quedaba un indicio: la palabra CROATAN, tallada en un árbol.

Los historiadores todavía discuten su significado. Unos suponen que era el nombre de una tribu india que atacó la colonia y mató a los colonos.

Otros opinan, en cambio, que CROATAN pudo haber sido el nombre de una fértil península del continente, habitada por los pacíficos indios Hatteras. Si los colonos alcanzaron el continente y se fundieron con los Hatteras, sus descendientes podrían ser los actuales indios Lumbee.

Pero el gobernador White supuso lo peor. Creyó que los expedicionarios habían muerto hasta el último hombre, y regresó con su tripulación a Inglaterra, persuadido de que era imposible la colonización de una tierra tan salvaje.

Sin embargo, existen hoy pruebas suficientes para pensar que estaba equivocado.

De los 95 apellidos de los colonos perdidos de Roanoke (nombres como Sampson, Costmore y Locklear), no menos de 41 pueden hallarse entre los Lumbees.

viernes, 25 de mayo de 2012

La Llorona

La llorona lanzaba tristes y prolongadisimos gemidos...Consumada la conquista y poco más o menos a mediados del siglo XVI, los vecinos de la ciudad de México que se recogían en sus casas a la hora de la queda, tocada por las campanas de la primera Catedral; a media noche y principalmente cuando había luna, despertaban espantados al oír en la calle, tristes y prolongadísimos gemidos, lanzados por una mujer a quien afligía, sin duda, honda pena moral o tremendo dolor físico.

Las primeras noches, los vecinos contentábanse con persignarse o santiguarse, que aquellos lúgubres gemidos eran, según ellas, de ánima del otro mundo; pero fueron tantos y repetidos y se prolongaron por tanto tiempo, que algunos osados y despreocupados, quisieron cerciorarse con sus propios ojos qué era aquello; y primero desde las puertas entornadas, de las ventanas o balcones, y enseguida atreviéndose a salir por las calles, lograron ver a la que, en el silencio de las obscuras noches o en aquellas en que la luz pálida y transparente de la luna caía como un manto vaporoso sobre las altas torres, los techos y tejados y las calles, lanzaba agudos y tristísimos gemidos.

Vestía la mujer traje blanquísimo, y blanco y espeso velo cubría su rostro. Con  lentos y callados pasos recorría muchas calles de la ciudad dormida, cada noche distintas, aunque sin faltar una sola, a la Plaza Mayor, donde vuelto el velado rostro hacia el oriente, hincada de rodillas, daba el último angustioso y languidísimo lamento; puesta en pie, continuaba con el paso lento y pausado hacia el mismo rumbo, al llegar a orillas del salobre lago, que en ese tiempo penetraba dentro de algunos barrios, como una sombra se desvanecía.

"La hora avanzada de la noche, - dice el Dr. José María Marroquí-  el silencio y la soledad de las calles y plazas, el traje, el aire, el pausado andar de aquella mujer misteriosa y, sobre todo, lo penetrante, agudo y prolongado de su gemido, que daba siempre cayendo en tierra de rodillas, formaba un conjunto que aterrorizaba a cuantos la veían y oían, y no pocos de los conquistadores valerosos y esforzados, que habían sido espanto de la misma muerte, quedaban en presencia de aquella mujer, mudos, pálidos y fríos, como de mármol. Los más animosos apenas se atrevían a seguirla a larga distancia, aprovechando la claridad de la luna, sin lograr otra cosa que verla desaparecer en llegando al lago, como si se sumergiera entre las aguas, y no pudiéndose averiguar más de ella, e ignorándose quién era, de dónde venía y a dónde iba, se le dio el nombre de La Llorona."

Tal es en pocas palabras la genuina tradición popular que durante más de tres centurias quedó grabada en la memoria de los habitantes de la ciudad de México y que ha ido borrándose a medida que la sencillez de nuestras costumbres y el candor de la mujer mexicana han ido perdiéndose.

Pero olvidada o casi desaparecida, la conseja de La Llorona es antiquísima y se generalizó en muchos lugares de nuestro país, transformada o asociándola a crímenes pasionales, y aquella vagadora y blanca sombra de mujer, parecía gozar del don de ubicuidad, pues recorría caminos, penetraba por las aldeas, pueblos y ciudades, se hundía en las aguas de los lagos, vadeaba ríos, subía a las cimas en donde se encontraban cruces, para llorar al pie de ellas o se desvanecía al entrar en las grutas o al acercarse a las tapias de un cementerio.

La tradición de La Llorona tiene sus raíces en la mitología de los antiguos mexicanos. Sahagún en su Historia (libro 1º, Cap. IV), habla de la diosa Cihuacoatl, la cual "aparecía muchas veces como una señora compuesta con unos Cihuacoatl, ataviada con  un elaborado tocadoatavíos como se usan en Palacio; decían también que de noche voceaba y bramaba en el aire... Los atavíos con que esta mujer aparecía eran blancos, y los cabellos los tocaba de manera, que tenía como unos cornezuelos cruzados sobre la frente". El mismo Sahagún (Lib. XI), refiere que entre muchos augurios o señales con que se anunció la Conquista de los españoles, el sexto pronóstico fue "que de noche se oyeran voces muchas veces como de una mujer que angustiada y con lloró decía: "¡Oh, hijos míos!, ¿dónde os llevaré para que no os acabeís de perder?".

La tradición es, por consiguiente, remotísima; persistía a la llegada de los castellanos conquistadores y tomada ya la ciudad azteca por ellos y muerta años depués doña Marina, o sea la Malinche, contaban que ésta era La Llorona, la cual venía a penar del otro mundo por haber traicionado a los indios de su raza, ayudando a los extranjeros para que los sojuzgasen.

"La Llorona - cuenta D. José María Roa Bárcena -, era a veces una joven enamorada, que había muerto en vísperas de casarse y traía al novio la corona de rosas blancas que no llegó a ceñírse; era otras veces la viuda que veía a llorar a sus tiernos huérfanos; ya la esposa muerta en ausencia del marido a quien venía a traer el ósculo de despedida que no pudo darle en su agonía; ya la desgraciada mujer, vilmente asesinada por el celoso cónyuge, que se aparecía para lamentar su fin desgraciado y protestar su inocencia."

Poco a poco, al través de los tiempos la vieja tradición de La Llorona ha ido, como decíamos, borrándose del recuerdo popular. Sólo queda memoria de ella en los fastos mitológicos de los aztecas, en las páginas de antiguas crónicas, en los pueblecillos lejanos, o en los labios de las viejas abuelitas, que intentan asustar a sus inocentes nietezuelos, diciéndoles: ¡Ahí vieneLa Llorona!

PeroLa Llorona se va, porque los niños de hoy no se espantan con los fantasmas del pasado y se encaran muchas veces con las realidades del presente.
 
Tomado del libro: Las calles de México, Leyendas y sucedidos.
Luis Gonzalez Obregón,
Ed. Porrua, México, 1997.