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jueves, 16 de agosto de 2012

Carlota, emperatriz de México

Por: Amparo G

Hablar de Carlota es recordar las ambiciones imperialistas de Napoleón III, emperador de Francia, quien aprovechó el decreto de moratoria del presidente Benito Juárez (17 de julio de 1861) que suspendía durante dos años el pago de todas las deudas públicas con las naciones extranjeras.

Tres meses más tarde, las escuadras de Inglaterra, Francia y España desembarcaron en las costas de Veracruz para obligar a México a saldar su cuenta. La amenaza fue contrarrestada con los Tratados de La Soledad que finalmente aceptaron firmar los representantes de la expedición española e inglesa, retirándose de inmediato. La escuadra francesa, en cambio avanzó hacia la capital mexicana, pues tenía instrucciones de aprovechar esta circunstancia para implementar una monarquía en México con el fin de “detener la expansión imperial de los Estados Unidos” apoyándose en la petición que hicieran varios mexicanos del grupo conservador, encabezados por José María Gutiérrez de Estrada, José Manuel Hidalgo y Juan Nepomuceno Almonte para que fuera enviado un gobernante europeo que derrocara al gobierno de Benito Juárez e impulsara la paz en México.
María Carlota Amelia Victoria Clementina Leopoldina, princesa de Bélgica fue hija de Leopoldo l, rey de Bélgica y de la princesa María Luisa de Orleans; nació el 7 de junio de 1840 en el Palacio de Laeken. Carlota perdió a su madre a la edad de diez años. A partir de entonces creció y fue educada al lado de sus hermanos Leopoldo y Felipe. La princesa llegó a ser una excelente amazona, aficionada también a la natación, el piano, la pintura, la literatura, la filosofía, la historia, así como a dominar varios idiomas: francés, alemán, inglés, italiano y español.
Carlota contrajo nupcias con Maximiliano de Habsburgo el 27 de julio de 1857. Ella tenía 17 años y Maximiliano 25.
Maximiliano encontró en Carlota un mentor, además de una esposa. A petición de Leopoldo I, el emperador de Austria accedió nombrar a Maximiliano como gobernador del reino de Lombardía y Venecia. El éxito de su gobierno disgustó a Francisco José, hermano de Maximiliano, quien lo destituyó como gobernador y también le quitó la comandancia de la Armada austriaca el 21 de abril de 1859.
Imaginemos como afectó esta decisión a Carlota, soberana de nacimiento, así entenderemos el por qué convenció a Maximiliano de aceptar la Corona de México cuando ésta le fue ofrecida en el otoño de 1861.
Maximiliano y Carlota aceptaron la propuesta de los mexicanos conservadores el 10 de abril de 1864. Uno de los miembros de la Comisión mexicana, el señor Ignacio Aguilar y Marocho, hizo un retrato hablado de la emperatriz: "La archi-duquesa es una de esas personas que no pueden describirse, cuya gracia y simpatía, es decir, cuya parte moral no es dable al pintor trasladar al lienzo, ni al fotógrafo al papel. Figúrate una joven alta, esbelta, llena de salud y de vida y que respira contento y bienestar, elegantísima, pero muy sencillamente vestida: frente pura y despejada; ojos alegres, rasgados y vivos, como los de las mexicanas; boca pequeña y graciosa, labios frescos y encarnados, dentadura blanca y menuda, pecho levantado, cuerpo airoso y en que compiten la soltura y magestad de los movimientos; fisonomía inteligente y espiritual, semblante apacible, bondadoso y risueño, y en que sin embargo, hay algo de grave, decoroso y que infunde respeto: figúrate esto y mucho más que esto, y se tendrá una idea de la princesa Carlota".
El 14 de abril, Carlota y Maximiliano zarparon de Miramar en la fragata austriaca Novara y desembarcaron en Veracruz el 28 de mayo en donde recibieron una "acogida glacial" por parte de la población.
No sucedió lo mismo cuando los emperadores hicieron su feliz entrada a la ciudad de México el 12 de junio de 1864 acompañados por los miembros del Ayuntamiento. Una vez instalados en el Palacio Imperial de la ciudad de México y en el de Chapultepec, Carlota hizo varios recorridos por Texcoco, Toluca, Cuernavaca, Puebla, Veracruz y Yucatán. Junto con Maximiliano impulsó los ferrocarriles, el telégrafo, la línea de vapores, la colonización y el establecimiento de la Beneficencia que ella misma presidió.
Cuando Maximiliano viajó al interior del país, la emperatriz quedó como Regente. El 10 de septiembre de 1864 escribió desde el Castillo de Chapultepec a su abuela, la reina María Amelia diciéndole: "Soy completamente feliz aquí; y Max también. La actividad nos sienta bien: éramos demasiado jóvenes para no hacer nada ".
Como Regente, la emperatriz llegó a promulgar la abolición de los castigos corporales y una justa limitación de las horas de trabajo, decisión en la que fue secundada por su augusto consorte quien opinó: "La soberana, fresca, alegre, fiel y leal, compartiendo todos los trabajos y peligros de su esposo y viajando incansablemente por las extensas comarcas del país ".
Otra cualidad digna de admiración en Carlota fue su gusto por escribir, según Luis Weckmann, en Europa "hay más de 8,000 documentos primero como archiduquesa y luego como emperatriz que evidencian que Carlota pasaba varias horas al día sentada al escritorio, práctica que era habitual en su familia... en la lectura de su correspondencia se entrevé a una mujer que sabía haber nacido para los altos destinos, o sea una verdadera femme d'Etat del calibre, no de la atolondrada Eugenia de Montijo, sino de la Reina Victoria".
Cuando la guerra de Secesión se acercaba a su fin en los Estados Unidos de Norteamé rica, Napoleón III anunció a Maximiliano que abandonaba la regeneración de México, por lo que retiraba sus tropas.
Ante esta decisión, Carlota viajó a Europa para exigir a Napoleón III el cumplimiento del Tratado de Miramar y entrevistarse con el Papa Pío IX con el fin de tratar asuntos pendientes con la Iglesia.
Carlota salió de Chapultepec rumbo a Europa el 8 de julio de 1866. Llegó a París el 9 de agosto. El emperador de los franceses pretextó estar enfermo para no entrevistarse con la emperatriz de México, pero Carlota insistió y lo consiguió. Sin embargo, la negativa de Napoleón III fue absoluta. Kératry dijo que "la conferencia fue larga y violenta” y según Armand Praviel, la entrevista se efectuó en éstos términos:
-"Un Habsburgo no huye -dijo ella-Pero renunciar a una empresa irrealizable no es huir. Todo el universo aprobaráuna decisión que evitará que corra mucha sangre.-¡Sangre! -exclamó Carlota con una risa estridente y nerviosa¡Más caerá por culpa vuestra, creedlo! ¡Caiga sobre la cabeza de Vuestra Magestad!-Esta imprecación desató una tempestad. Ya no eran más que dos adversarios irritados mutuamente; una hablando de emboscadas, el otro de la incapacidad de Maximiliano. Se oyeron gritos agudos:-¡Ah! -sollozaba Carlota -
¿Cómo he podido olvidar lo que yo soy y lo que es Vuestra Magestad?
¡Debí haber recordado que por mis venas corre la sangre de los Borbones, y no haber humillado mi raza y mi persona arrastrándome a los pies de un Bonaparte"
Con este diálogo, Carlota se convenció de que no debería esperar ya nada de Francia y así se lo hizo saber a Maximiliano.
El 18 de septiembre de 1866, la emperatriz de México salió con su séquito con destino a Roma. El 21 y el 29 de septiembre acudió al Vaticano, pero el Santo Padre les negó la ayuda que necesitaban, recordándole que Maximiliano había ratificado las Leyes de Reforma y por lo tanto, la Iglesia los abandonaba a su suerte.
Tantas presiones, tantas negativas, y seguramente tantas noches sin conciliar el sueño, provocaron el extravío mental de la Emperatriz.
El 30 de septiembre, Carlota regresó al Vaticano para pedirle al Papa la protegiera de los "agentes de Napoleón" que la querían envenenar. Ante sus ruegos, el Santo Padre aceptó: "Carlota durmió en la biblioteca de la sede Papal. Allí acudió Leopoldo II, para recoger a su hermana y llevarla al Castillo de Miramar Carlota se enteró de la muerte de Maximiliano hasta el 14 de enero de 1868, y se lo notificaron porque al día siguiente, llegaron los restos del emperador de México que habían sido embarcados el 26 de noviembre en Veracruz en la NOVARA que capitaneó el vicealmirante austriaco Tegetthoff. Nuestra emperatriz llegó a tener momentos de lucidez y como prueba de ello es que mandó hacer una pintura -en la que aparece el emperador abrazando una bandera- que envió a sus más cercanos colaboradores con una dedicatoria:
"Rogad por el descanso del alma de su magestad Fernando Maximiliano José, emperador de México ".
Con temporadas de lucidez y de tinieblas, Carlota vivió hasta 1927. Falleció a la edad de 87 años. En su lecho de muerte murmuró; "Recordadle al universo al hermoso extranjero de cabellos rubios. Dios quiera que se nos recuerde con tristeza, pero sin odio " y según el historiador mexicano Luis Weckmann sus últimas palabras fueron:
"Todo aquello terminó sin haber alcanzado el éxito ".

Fuente


miércoles, 8 de agosto de 2012

Moctezuma II



Hernán Cortes y Moctezuma II



Moctezuma II


(?, 1466-Tenochtitlán, hoy Ciudad de México, actual México, 1520) Noveno emperador azteca (1503-1520). Hijo del emperador Axayácatl, fue elegido gran sacerdote y, en 1502, sucedió a su tío Ahuitzotl en el gobierno de un vasto imperio, que se extendía desde el límite meridional del actual Michoacán hasta más allá del istmo de Tehuantepec y cuya capital era Tenochtitlán (actual Ciudad de México). Esta gran urbe, fundada hacia 1325 por los aztecas sobre un lago, en 1519 contaba con una población de unos 100.000 habitantes.
A fin de estructurar sus dominios, Moctezuma II organizó el imperio en diversas provincias, creó una sólida administración central y reguló el sistema tributario. Al mismo tiempo, prosiguió la expansión militar iniciada por sus predecesores, aunque no pudo someter a los pueblos enemigos de Tlaxcala y Texcoco y fracasó en sus expediciones a Guatemala y Nicaragua, territorios asiduamente frecuentados por los mercaderes aztecas.
En 1518, informado de la presencia de las naves del explorador español Juan de Grijalva en la costa de Yucatán, el soberano azteca envió emisarios y regalos a los extranjeros, a quienes tomó por enviados del dios de la sabiduría Quetzalcóatl, «la serpiente emplumada», para anunciar su retorno.
En efecto, según una creencia muy extendida entre los pueblos mesoamericanos (aztecas, mayas, toltecas, etc.), tras haberse enfrentado a Huitzilopochtli, dios de la guerra, Quetzalcóatl había partido hacia oriente atravesando el mar, no sin antes prometer que volvería en el año azteca de Ce Acatl, fecha que correspondería al año 1519. Cuando la expedición de Hernán Cortés desembarcó en sus costas, Moctezuma no dudó en identificar al conquistador con Quetzalcóatl y, en noviembre de 1519, lo recibió solemnemente en Tenochtitlán y lo colmó de valiosos presentes.
Sin embargo, a los pocos días, Cortés, preocupado por la idea de que su vida y la de sus hombres dependiera tan sólo de la voluntad del emperador, decidió llevar a cabo una audaz maniobra y hacer prisionero a Moctezuma, con la intención de someterlo y mantenerlo en el poder de un modo simbólico. El ardid de Cortés tuvo éxito, pero la humillante retención del emperador provocó un creciente malestar entre los aztecas, acentuado por el comportamiento sacrílego de los españoles hacia Huitzilopochtli, que con sus ofensas herían en lo más vivo las creencias indígenas.
La tensión estalló en junio de 1520, durante la celebración de la fiesta de Toxcatl, día en que millares de aztecas, desarmados y vestidos únicamente con ricas plumas y joyas preciosas, se reunieron en la plaza principal de la ciudad para iniciar una danza ritual y fueron masacrados por los hombres de Pedro de Alvarado, lugarteniente de Cortés. A raíz de este suceso, la aristocracia azteca depuso a Moctezuma y nombró como sucesor a su hermano Cuitláhuac, quien encabezó la revuelta contra los extranjeros.
Tras cinco días de violentos combates, Cortés intentó utilizar al destronado emperador para negociar la obtención de un salvoconducto que permitiera a sus tropas salir de la capital, pero cuando Moctezuma se dirigió a la multitud enfurecida fue apedreado; murió tres días más tarde a consecuencia de las heridas sufridas. En cuanto a los españoles, poco antes de la medianoche del 30 de junio de 1520 iniciaron una desastrosa retirada de Tenochtitlán, en el transcurso de la cual sufrieron numerosas bajas, episodio que ha pasado a la historia con el nombre de La Noche Triste.