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martes, 15 de octubre de 2013

Cuando Alemania invadió Polonia

El 1 de septiembre de 1939,  Alemania invadió Polonia. En los dos años que siguieron a la invasión, Hitler consiguió anexionarse la mayor parte del continente europeo, de Norte a Sur.

mapa-poloniaA las 4,45 horas del 1 de septiembre de 1939, efectivos de la Wehrmacht atravesaban la frontera alemana oriental y penetraban en territorio polaco. Los gobiernos de Gran Bretaña y Francia, obligados por los acuerdos de defensa y ayuda mutua firmados con Varsovia, declararon inmediatamente las hostilidades al Reich. Comenzaba la Segunda Guerra Mundial. Se hacía efectiva la temible capacidad de ataque y avance de la febril política de rearme alemana. La Blitzkrieg, "guerra relámpago", conseguía en sólo 26 días destruir a las anticuadas fuerzas armadas de su oponente. Paralelamente, el Ejército Rojo entraba desde el Este y, el día 28, una vez más a lo largo de su historia, el suelo de Polonia quedaba dividido.

Francia comenzó entonces a prepararse para enfrentarse a la agresión alemana, que se preveía cierta e inminente, y se dedicó a reforzar sus defensas y a movilizar a todos sus elementos humanos. Fue lo que se denominó Drôle de guerre -la guerra extraña-, un tenso compás de espera de nueve meses de duración, que iba a ser decidido por la voluntad de Hitler. Pescando en río revuelto, Stalin presionó sobre el ámbito báltico y planteó reivindicaciones territoriales a una Finlandia que las rechazó y con la que entabló la dura y desigual Guerra de Invierno, que concluyó el 12 de marzo. Francia, parapetada tras la Línea Maginot, confiaba en sus planes de defensa y ataque, mientras Inglaterra establecía el bloqueo naval del Mar del Norte y lo sembraba de minas. Estados Unidos mantenía su postura de neutralidad, aunque estaba bien claro hacia dónde se dirigían los apoyos de muchos de sus sectores dirigentes y población.

Pero, por el momento, la legalidad exigía el mantenimiento de la neutralidad, lo que no impidió que Washington estableciese los acuerdos de aprovisionamiento masivo de materiales denominados de cash and carry -pagar y llevarse-, que firmó con las potencias democráticas y a las que permitieron la inmediata obtención de aprovisionamientos de toda clase, así como la preparación para la lucha.

El siguiente paso de la Blitzkrieg fue la sorpresiva invasión, el 8 de abril, de la vecina Dinamarca y, a continuación, de Noruega, de donde fueron desalojados los contingentes británicos que habían desembarcado en el extremo norte.

El 10 de mayo se desencadenaba la tan esperada como temida ofensiva general sobre el frente del Oeste. Camino de Francia, su objetivo fundamental, las fuerzas de la Wehrmacht se lanzaron contra Bélgica, Luxemburgo y la neutral Holanda. La rapidez de esta forma de ofensiva tuvo ahora unos resultados más efectivos que los obtenidos en el Este. Sobre una Polonia dotada de un deficiente sistema viario y en un otoño de lluvias y lodazales, los avances alemanes habían tenido el año anterior algunas dificultades. Por el contrario, en la primavera de 1940, la buena red de carreteras de los desarrollados países occidentales agredidos permitía a los invasores efectuar avances con gran rapidez.

Aquí, los aparatos de la Luftwaffe se emplearon a fondo en apoyo de los avances terrestres. En el lado francés reinaba el más absoluto caos. Se sucedían las destituciones y relevos en los niveles altos del mando militar, mientras la penetración alemana se ampliaba hacia el Suroeste. El 14 de mayo capitulaba el ejército holandés y el belga le seguía 14 días después.

En el puerto de Dunkerque se amontonaba un cuerpo expedicionario británico al que el rápido avance alemán había impedido actuar. Ahora, el imparable empuje alemán formó allí una bolsa a la que se agregaron 100.000 soldados franceses replegados desde Bélgica. Hasta el 4 de junio, tuvo lugar la operación de traslado de estos contingentes al otro lado del Canal, utilizándose para ello todo tipo de embarcaciones con la plena cooperación de la población civil inglesa, que ya empezaba a ser consciente de la lucha que le esperaba.

Los frentes defensivos franceses iban mientras tanto hundiéndose uno tras otro, y las cifras de prisioneros se incrementaban de forma alarmante. Siguiendo una ya vieja tradición ante ataques alemanes, el Gobierno y las altas instituciones de la República Francesa habían tomado el camino de Burdeos. El 10 de junio, la Italia aliada del Reich aprovechaba la coyuntura y atacaba a su vez el Sur de la acosada Francia. Los poderes públicos se demostraron incapaces de enfrentarse a los hechos y se recurrió a una medida extrema: el prestigioso y muy anciano mariscal Pétain fue llamado al poder.

El 17 solicitó de los alemanes el armisticio, que era firmado cinco días después. La Tercera República moría así, en medio de la derrota, después de siete décadas de intensa y atormentada existencia. Negándose a aceptarlo, el general De Gaulle voló a Londres en el último momento y desde allí realizó el célebre "llamamiento del 18 de junio", que creaba la Francia Libre y animaba a los franceses a unirse a él en la lucha contra el agresor.

El territorio galo era dividido en dos partes. La de ocupación alemana, con el Norte industrial, la aglomeración de París y todo el litoral atlántico, y la del Centro-Sureste, que quedaba organizado bajo la denominación de Estado Francés, gobernado desde Vichy por el más rancio conservadurismo y los más radicales colaboracionistas con el invasor. En su cúpula, el viejo Pétain aseguraba a la población el mantenimiento de los valores tradicionales del espíritu nacional. Mientras los ingleses procedían a destruir la flota francesa estacionada en puertos africanos para evitar que cayese en manos de los alemanes, De Gaulle se dedicaba a conseguir el control de las colonias en África y Asia.

En muy pocos meses, el mapa de Europa había experimentado unas transformaciones tan profundas como nadie hubiera podido imaginar. Toda la fachada atlántica del continente estaba controlada por el Reich, desde el Cabo Norte hasta la Península Ibérica. La España de Franco, ideológicamente afín a los postulados de Berlín, aseguraba un cierre sin problemas del ángulo más meridional. Los planes de Hitler de estrangular al Imperio Británico con la ocupación del enclave de Gibraltar no se plasmaron en la realidad, debido a complejas causas en las que las reticencias y exigencias de Franco para entrar en la guerra pudieron haber pesado menos que el hecho de que Alemania obtenía de Franco fundamentales materias primas y no estaba interesada en desplegar aquí unas fuerzas que prefería encauzar hacia el Este, campo de actuación previsto por toda la geopolítica nazi. Mientras tanto, una Gran Bretaña tomada por sorpresa parecía amenazada por una inminente ocupación. Hitler tenía perfectamente diseñados sus planes de agresión en la Operación León Marino. Pero era algo que el nuevo primer ministro, Winston Churchill, rechazó rotundamente cuando clamó: "¡Lucharemos en las playas, lucharemos en los campos... Nunca nos rendiremos!".

Controlando los países del Centro-Este del continente, se preparaba el gran momento de la expansión del Reich hacia los espacios orientales. De momento seguía en vigor el Pacto germano-soviético que sorprendió al mundo en agosto de 1939 y que aseguraba evidentes beneficios a ambas partes. Por él, Berlín vendía a Moscú los elementos de alta tecnología que la URSS no producía y, como contrapartida, obtenía las materias primas que el esfuerzo bélico consumía. Era un matrimonio de conveniencia ideológicamente antinatural entre un nazismo y un comunismo enfrentados, pero decididos a obtener de él las mayores ventajas. De momento, Stalin se sentía seguro.

Mussolini, el inspirador de Hitler ahora relegado a un papel secundario, aprovechaba de la forma más oportunista las ventajas que el triunfante discípulo le aportaba. Considerando la débil posición de Inglaterra, aprovechó para lanzarse contra ella en sus posesiones del Norte de África y atacó en Etiopía. Intentaba controlar Egipto -y el fundamental Canal de Suez-, Sudán y Somalia. La megalomanía del italiano no cedía un ápice a la de su colega alemán y todo le parecía posible. Los Balcanes se le presentaban ahora como zona de expansión natural, iniciada el año anterior con la conquista de Albania.

Invadieron los italianos Grecia el 28 de octubre, pero la dura resistencia del ejército heleno no tardó en pararles. Mientras los británicos desembarcaban en Creta, Hitler se vio obligado a remediar la situación y, el 6 de abril de 1941, lanzó su ataque relámpago contra Yugoslavia, rápidamente ocupada y disgregada. Una vez más, se tuvo que retrasar la gran operación de invasión de la URSS, Barbarroja, pieza básica de toda la política expansiva del Reich. La ocupación de Grecia era el siguiente paso y, el 27 abril, como verdadero símbolo de los tiempos que corrían, la bandera con la esvástica ondeaba sobre la Acrópolis de Atenas.

FUENTE

martes, 20 de noviembre de 2012

Alvin York


ALVIN YORK
¿Quién era?

Nuestro héroe nació en un caserío llamado Pall Mall, en el Condado de Fentress, en el corazón rural de Tennessee, en 1878.
Alvin quedó huérfano de padre a muy temprana edad y, a diferencia de su progenitor, quien nunca bebía ni desaforaba, se dedicó en sus años mozos a buscar la compañía de borrachos y prostitutas en los bares y burdeles de la demarcación entre Tennessee y Kentucky.
Cazador y ávido tirador como muchos de sus coterráneos, el futuro sargento York afinaba la puntería en las gallinas de los vecinos. Un “natural” en el uso eficiente de las armas de fuego, Alvin rara vez fallaba, aún bajo los efectos del alcohol. Disipado e iconoclasta, el patán de Tennessee no demostraba respeto por el prójimo o su propiedad. En otras palabras, nuestro personaje, quien tenía como modelo humano a Jesse James, prometía un futuro gangsteril.
Cuando un amigo suyo fue asesinado en una de las citadas peleas, se juró a sí mismo no probar una gota de alcohol y se convirtió en un pacifista. Recibió la carta de alistamiento en 1917, aunque York se presentó como un “objetor de conciencia”… pero su solicitud fue denegada y enviaron su culo a la instrucción básica.
Alrededor de un año más tarde, fue uno de los 17 hombres designados para infiltrarse y destruir una posición fortificada que, con ametralladoras pesadas, custodiaba un tramo de ferrocarril germano. A medida que se acercaban, los artilleros los detectaron y abrieron fuego, destrozando el cuerpo de nueve de los hombres en pedazos.
Lo que queda de York de la compañía.
Los pocos supervivientes que no tenían enormes esquirlas de acero en su cuerpo se escapó, dejando ahí a York recibiendo fuego de 32 artilleros de ametralladoras pesadas. Como dijo en su diario,
“No he tenido tiempo de resguardarme tras un árbol o bajo un arbusto, ni siquiera tuve tiempo para arrodillarme o acostarme. No tuve tiempo de hacer nada, sólo de ver que muchos alemanes me disparaban con ametralladoras pesadas… y de dar lo mejor que tenía. Cada vez que veía un alemán le obligaba a retirarse. Al principio disparaba desde una posición prona, es decir acostado; de la misma manera que a menudo se dispara a los objetivos en las prácticas de tiro que hacíamos en las montañas de Tennessee , y fue casi la misma distancia. Pero los objetivos aquí eran más grandes. No podía fallar ningún disparo a la cabeza o el cuerpo de un alemán, y no lo hice.”
Después de que matara a los primeros 20 hombres( cifra aprox.), un teniente alemán envió a cinco soldados para tratar de reducir o matar a York. Pero nuestro soldado favorito sacó su Colt .45 (en la que sólo tenía ocho balas) y mató a los cinco alemanes con ella, usando según él una técnica de tiro que se asemeja a “disparar pavos silvestres de vuelta a casa.”
En este punto, el teniente alemán Paul Jurgen Vollmer alzó su voz sobre todo el ruido que había y preguntó a York si era Inglés. Véase, en la Primera Guerra Mundial, nadie tomó muy en serio a los americanos, y todo el mundo pensaba en ellos como novatos. Vollmer se figuraba que ese soldado loco debía ser una especie de superman Inglés que mostraba a los débiles estadounidenses cómo se hacen las cosas. Cuando York dijo que era americano, respondió Vollmer “Buen Señor! Si no va a disparar más me rendiré”.

Diez minutos más tarde, 133 hombres llegaron a pie hacia los restos del batallón de York. El Teniente Woods, superior de York en un principio pensó que era un contraataque germano. Hasta que apareció York, saludó a su Teniente y le dijo “el cabo York, los informes con los presos, señor.” Cuando el teniente le preguntó cómo sorprendió y apresó a tantos, York respondió “Honestamente teniente, no lo sé.”
Después de todos los honores, que incluyeron La Medalla de Honor del Congreso, La Legión de Honor, la Medalla Militar con Palmas y la Cruz de Guerra Italiana, junto a otras cincuenta más, Alvin regresó a su natal Tennessee y a su agricultura.

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lunes, 30 de julio de 2012

Josef Mengele el " El Ángel de la Muerte "



    Nació en una respetada familia católica bávara. Amaba el arte y la música, e hizo el juramento hipocrático de sanar a los enfermos y de no entrar a una casa sino para sanar a sus pacientes. Eso fue lo que juró. Lo que hizo: torturar, deshumanizar y masacrar. El Doctor Mengele envió a cientos de miles de inocentes a la muerte en los campos de concentración nazi, donde era conocido como "El Ángel de la Muerte". ¿Qué sistema social, jurídico y político pudo crear a un hombre como Josef Mengele? Un médico responsable de seleccionar a miles de judíos para primero experimentar y luego exterminarlos en los campos de concentración de Auschwitz. Un hombre que realizaba los más dolorosos experimentos sobre gemelos, con la esperanza de descubrir el secreto de los nacimientos múltiples, para así crear genéticamente la Súper Raza Aria que dominaría al mundo durante los mil años que, según Hitler, duraría el Reich.
    Para tratar de comprender la personalidad de Mengele y develar sus malignos impulsos, debemos ver cómo era el mundo el 11 de marzo de 1911, día en que nacía el Ángel de la Muerte Josef Mengele, el médico macabro de Auschwitz.
    La Alemania que vio nacer a Josef se encontraba al filo de la Gran Guerra de 1914. Mientras su padre Karl prestaba servicio militar en el frente, su madre Volgoria controlaba el negocio familiar de venta de implementos agrícolas, y criaba a sus tres hijos: Josef, Karl y Hallois.
    La guerra terminó en 1918 con la derrota de Alemania y el humillante Tratado de Versalles, que redujo el territorio y el poderío militar germano. Pero la ética germana para el trabajo no se extinguió, y en pocos meses Alemania era una nueva nación. Karl Mengele regresó a reconstruir su empresa en Gÿinzburg, e hizo de ella la más grande en la región, y a su familia una de las más respetadas en Bavaria. Aún hoy se los respeta, a pesar del infame criminal de Auschwitz.
    Karl Mengele pasaba poco tiempo en la gerencia de su planta, sus horas transcurrían en el laboratorio, inventando máquinas que permitieran automatizar todas las labores agrícolas. En cierta forma compartía con su primogénito el gusto por la investigación, quien la pondría en práctica años más tarde en los campos de Auschwitz, inclinado sobre los microscopios, silbando una tonada familiar, y perdido en la macabra pasión de su proyecto de investigación.
Un buen estudiante.
    En la década del ‘20, Alemania era el centro cultural y artístico del mundo. La medicina y la música florecían y Berlín era considerada una de las ciudades más refinadas, sobrepasando incluso a París. Nuevos conceptos sobre la evolución de la raza humana se discutían. Las teorías de Darwin eran contrastadas con los nuevos descubrimientos y una nueva ciencia causaba revuelo: era la EUGENIA o EUGENESIA: el estudio de los cruces genéticos.
    Ese ambiente sería de extrema importancia en la vida posterior de Mengele. Desde joven supo que el negocio familiar no era para él. "El padre de Mengele era de duro carácter. Cuando llegaba a la fábrica lo hacía gritando. Era una persona muy dura. Y su madre estaba hecha con el mismo molde. Era una devota católica, piadosa, aunque muy recta de carácter y de dura disciplina. Mengele siempre tuvo el impulso por hacer algo muy especial, para probarse y superarse a sí mismo. No tenía amor ni calor hogareño. Un ex compañero de escuela recordaba que desde aquellos tiempos, Mengele decía que debía hacer algo especial, que definitivamente pruebe su capacidad académica" (Gerald Astor, actor y autor del libro "El último nazi").
    La familia Mengele tenía cuantiosos recursos, y su fábrica empleaba a 1.200 personas. Josef Mengele asistió a una escuela pública, y posteriormente al Gymnasyum, destinado a quienes tenían aspiraciones académicas. "Era un estudiante brillante y extraordinariamente ambicioso. Siempre intentaba hacer algo fuera de lo común, para ser un gran científico" (Julius Disbach, ex compañero de clases de Mengele). Otro amigo de esa época lo describió como agresivo y muy patriótico.
    En 1930, Mengele ingresó a la Universidad de Münich, ciudad que se convertiría en un centro de la agitación política. Allí, fue impactado por un discurso de Hitler sobre la superioridad de la raza germana. En esos tiempos muchos estudiantes se unieron al movimiento nazi. La "herencia" y la "eugenia" eran términos aplicados normalmente por la comunidad científica, que en su mayoría apoyaba a Hitler y a su concepto místico del pueblo alemán, pueblo que no podía florecer si parásitos como los judíos, gitanos y otros, los contaminaban. El antisemitismo ganaba impulso y la comunidad científica parecía estar de acuerdo. Pureza hereditaria, eutanasia, esterilización de los indeseables y superioridad racial mediante la eugenesia, ocupaban a la comunidad científica. La eugenesia se convirtió en una palabra sagrada. Este término fue creado por el primo de Charles Darwin, Francis Caultin en 1833, y literalmente significa "buenos genes". El propósito de Caultin, basado en sus estudios sobre mejoramiento de animales, era aplicar estos conocimientos para mejorar la raza humana, para una mejor sociedad, con gente más exitosa: gente superior. Aunque no hubiera sido su intención, Caultin sembró una de las semillas fundamentales del Holocausto, con un siglo de anticipación.
    Nadie abrazó esta idea con mayor pasión que Mengele. En 1934 se unió al Partido Nazi, pero siguió con sus estudios y recibió el Doctorado en Filosofía, para luego aprobar los exámenes de ingreso a Medicina. Se trasladó a la Universidad de Frankfurt y comenzó a investigar en el Instituto de Herencia Biológica e Higiene Racial bajo la tutela del doctor Ottmar von Verschuer, ardiente nazi y especialista en la ciencia eugenésica, mediante la cual se crearía la raza superior. Durante esta época, Mengele publicó un buen artículo sobre la genética y los niños, y al igual que su mentor, se concentraba en el estudio de los gemelos. En el sudeste de Polonia, las puertas de los campos de concentración de Auschwitz llamaban a Mengele. Allí, el científico encontraría gemelos en abundancia, quienes no tendrían otra opción más que participar en sus mortales experimentos genéticos. Pero Auschwitz es el final de un largo camino, y varios años habrán de transcurrir hasta que Mengele se convierta en el “Ángel de la Muerte” para más de 4.000 hombres, mujeres y niños indefensos.
El sagrado juramento
    La transición de la magia a la Ciencia de la Medicina fue un proceso gradual que duró siglos. La medicina era el arte de la curación en la antigua Grecia, y era celebrada por los griegos con el juramento de Hipócrates, Padre de la Medicina. Este juramento ha llegado a nuestros días, y es pronunciado por todo nuevo médico: "El régimen que adopto será para el bien de mis pacientes, y no para su perjuicio. No administraré drogas a ningún paciente ni entraré a casa alguna, sino para beneficio de los enfermos". Es difícil imaginar que Mengele alguna vez haya pronunciado estas palabras. Pero sí hizo el juramento, que era reverenciado por los médicos alemanes, a pesar de contradecirse con su antisemitismo. Una extraña dualidad existía en la Alemania Nazi.
Héroe nacional
    Josef Mengele se hizo miembro del cuerpo de elite Waffen SS, una organización que exigía pureza racial en sus miembros, cónyuges y familiares, preferiblemente hasta la 4° generación. Mengele se había enamorado de Irenna Schumbaimm, de quien más tarde afirmaría: "Era hermosa y bien educada... fue el amor de mi vida". Cuando él decidió casarse con Irenna, hubo un interrogante acerca de sus antepasados, porque uno de ellos fue hijo extramatrimonial y había dudas acerca de sus ancestros. Mengele debió redactar documentos afirmando que no existían rastros de impurezas raciales ni sangre judía, algo que sería un pecado imperdonable para un oficial nazi de su jerarquía, proveniente de una familia aria pura, y además católica. Por otra parte Irenna provenía de una familia luterana. Todo esto hacía su situación extremadamente incómoda. ¿Quién hubiera pensado que el novio, cuyo atractivo aspecto ario sólo era afectado por la separación de sus dientes incisivos, se convertiría en el nazi más buscado y esquivo de la historia, con una recompensa total de US$ 3,4 millones por su cabeza, por crímenes contra la humanidad?

Mengele terminó el servicio militar obligatorio con su grupo de elite SS en los Alpes Tiroleses. Volvió a sus estudios en Frankfurt, donde vivía junto a Irenna en una hermosa casa cerca del río Main. En septiembre de 1939 comenzaba la Blitzkrieg y Polonia caía en manos de Alemania en menos de un mes. Mientras la guerra se desarrollaba a favor de los nazis, Mengele permaneció con Irenna concentrado en su investigación biológica. Pero cuando la guerra se extendió a dos frentes, con el ataque sobre Rusia, Mengele y su unidad fueron movilizados al frente oriental; poco después fue herido en combate, por lo que le otorgaron condecoraciones y se convirtió en un héroe nazi. ¡Un doctor condecorado por valor en combate, con todo lo que ello significa! Mengele recibió, además de las condecoraciones normales por servicio en el frente ruso, la Cruz de Hierro en Primer Grado, y luego la Cruz de Hierro en Segundo Grado: un honor al que muy pocos accedían.
Auschwitz
    Cuando las heridas de Mengele sanaron fue declarado no apto para combate. Por ello, se ofreció voluntariamente como médico de campamento: es decir como médico en los campos de concentración. ¿Por qué querría alguien con tan elevadas calificaciones y antecedentes, ir a un sitio como Auschwitz? "Porque él buscaba "zwillingen" (gemelos) para sus experimentos y tendría a numerosos de ellos y hasta se podía dar el lujo de matarlos. Allí, desde el principio, dispuso de 226 gemelos, con edades entre 2 y 18 años. Y podía hacer lo que quisiera con ellos." (Michael Barembaum, médico, director del US Memorial Museum).
    Una de las asignaciones de los médicos de campamento era recibir los trenes cargados con judíos. Estos doctores tenían un poder terrorífico: podían decidir instantáneamente si un prisionero iba a la muerte en la cámara de gas, si se lo destinaba a experimentos, o si iba a trabajos forzados. La mayoría de los alemanes llamaba a Auschwitz "Anus Mundi" o "ano del mundo", pero para el Ángel de la Muerte era su paraíso de investigación. En muy poco tiempo, se haría famoso por descubrir los secretos de la vida. Y los trenes seguían llegando. Mengele era uno de los pocos médicos de campamento que podía llevar a cabo la tarea de selección a sangre fría, siempre en busca de gemelos.
    Eva Mozes Kor, sobreviviente de Auschwitz relata "Cuando el tren se detuvo, escuchamos a muchos nazis dando órdenes afuera. Envolviendo al campo había enormes muros con alambres de púas. Todo allí era de un color tétrico. Uno debía obedecer inmediatamente las órdenes o moría. Debía ser instantáneo, como un flash. Ello decidiría entre la vida en el campo o la muerte en las cámaras de gas. Mi madre nos sostenía a mí y a Miriam, mi hermana gemela de las manos. Nosotras nos quedamos congeladas en ese lugar. Mi madre no nos soltó. Mi padre y mis otros hermanos desaparecieron en la multitud, y jamás los volvimos a ver... De pronto, apareció Mengele gritando en alemán "¡zwillingen, zwillingen!", es decir "¡gemelos, gemelos!". Se detuvo frente a nosotras y mirándonos a mi hermana y a mí, preguntó si éramos gemelas. Mi madre no sabía qué decir; sólo atinó a preguntar: "¿es eso bueno?" Allí, un oficial SS ordenó: "¡responda por sí o no!". Y mi pobre madre dijo "sí, son gemelas". Mi madre fue enviada en una dirección, y nosotras en la dirección opuesta. Cuando me di vuelta, la vi por última vez, extendiendo sus brazos hacia nosotras..."
    Eva Mozes Kor jamás volvería a ver a su madre, y la colección de conejillos de india de Mengele seguía creciendo. Regularmente enviaba los resultados de sus trabajos al Instituto Kaiser Willheim de Berlín, a su maestro von Verschuer. Mengele luchaba contra el reloj para descubrir los secretos que permitieran crear una raza aria pura, mientras la marea de la guerra se volvía adversa a Alemania.
Ciencia al servicio del odio
    El interés de Mengele en el genotipo humano rubio de ojos azules es curioso, pues ni él ni sus superiores respondían a esa descripción. Mengele estaba fascinado por los ojos azules, y se decía que tenía una colección de ellos en las paredes de su oficina, similar a una colección de mariposas. Constantemente trataba de cambiar el color de los ojos de los niños.
    ¿Por qué podría alguien querer cambiar el color de los ojos? ¿Qué hacía tan especial a los ojos azules? Mengele intentaba responder mediante sus experimentos eugenésicos, ¿Por qué la "raza superior aria" presentaba más cantidad de personas con ojos azules, que con ojos de otros colores característicos de las razas inferiores? Para resolver el intrincado rompecabezas genético Mengele tendría un poder de decisión absoluto: podía hacer lo que quisiera.
Personificación del Demonio Nazi
    Las investigaciones de Mengele tenían un fin claramente demarcado: lograr la absoluta perfección de la raza aria y asegurar su reproducción. Es por ello que intentaba descifrar los secretos de los nacimientos múltiples. Cuando se sabía que tocaba el turno de las rondas de Mengele, la tensión invadía por igual a prisioneros, guardias y doctores de la SS. Todo el mundo se aterrorizaba cuando comenzaba a revisar a los recién llegados, en su frenética búsqueda de gemelos. Cuando él llegaba con su terrible voz, los guardias nazis se aterrorizaban, y eso aterrorizaba aún más a los judíos. Mengele siempre se presentaba con su uniforme impecable y sus botas de cuero perfectamente lustradas, muy elegante, como un caballero refinado y aristocrático, caminando como si fuera dueño del universo, absolutamente seguro de sí mismo, mirando a los ojos a cada uno de los recién llegados. "Lo veíamos vestido inmaculadamente, con un par de guantes de cuero en una de sus manos, y con un pequeño látigo para cabalgar en la otra. La relación entre "sujetos" y "amo" es muy difícil de explicar, y aún luego de haberla vivido, no puedo explicarla" (Eva Mozes Kor).
    Mengele sabía el efecto que causaba en las mujeres, y calculaba perfectamente sus ademanes para lograr el resultado deseado. Gissela Weird, una doctora judía prisionera, recuerda: "Mengele se deleitaba presentándose ante nosotras, exquisitamente perfumado... tan elegante y atractivo... Vestía hermosas camisas de color azul. Muchas mujeres decían: “me encantaría pasar la noche con él”. Era su forma de hacernos enloquecer: se debe estar loco para respirar el humo de los crematorios, y seguir viendo en él a un hombre tan atractivo como para pasar la noche".
    En otras ocasiones, su lado oscuro surgía descontrolado. Un sobreviviente lo recuerda ejecutando a un joven de 17 años, por robar carbón. Mengele le disparó en ambas rodillas, luego lo tomó del cabello y le disparó en la cabeza. "Robar está prohibido, y ustedes deben respetar las reglas de este lugar" dijo, para luego salir caminando como si nada hubiera ocurrido.
    A excepción de ocasionales visitas, Irenna Mengele no convivía con su esposo. Auschwitz era muy poco cosmopolita para ella, por lo que es dudoso que conociera cabalmente lo que ocurría, como así también que Mengele le hubiera sido fiel durante su estadía en el campo. "Mengele gustaba seleccionar las más bellas mujeres judías para pasar sus horas libres. Las hacía pasar una bella noche, tocando el piano. Pero en todos los casos, por la mañana, las mataba" (Siegfried Halbreich, sobreviviente). Mengele era un excelente pianista. Incluso se conoce una grabación suya, cantando y tocando. A menudo, tocaba para los invitados, mientras las notas se paseaban, macabras, por el campo, hasta el amanecer.
    ¿Estaba Mengele loco, o sufría otro desorden mental? ¿Acaso la búsqueda de los secretos genéticos humanos, destruyeron todos los restos de conciencia en él? Las opiniones varían, pero algo es seguro: Josef Mengele fue la personificación del peor demonio. Se convirtió en un verdadero símbolo del terror nazi. Es absolutamente imposible leer la acusación hecha contra él en la ex Alemania Oriental, que describe cabalmente sus atrocidades, sin siquiera dejar caer una lágrima. "Fuimos completamente sobrepasados por su monstruosidad" (Eli M. Rosenbaum, director de la Oficina de Investigaciones Especiales del Departamento de Justicia del Gobierno de los Estados Unidos). Lo más importante es ver que su mente operaba como la de un científico, concentrándose en sus estudios y experimentaba dejando de lado los sentimientos. "Realmente no pienso que Mengele tuviera remordimientos por lo que hacía. Pienso que en su mente de científico, justificaba lo que hacía. El nos inyectaba hasta cinco inyecciones juntas, para ver qué pasaba. Muchas veces uno simplemente se moría. No teníamos idea de qué eran esas inyecciones" (Eva Mozes Kor). Mengele inyectaba en las venas toda clase de substancias, como fenoles, cloroformo, nafta, insecticidas... Algunas veces, directamente en el corazón. El mataba a los objetos de sus experimentos para hacerles autopsias. Hacía vivisecciones, para estudiar los límites de resistencia a los traumas y el dolor en los seres humanos. Una vivisección, es lo mismo a hacer la autopsia en un ser vivo. De más está decir que lo hacía con la persona consciente y sin anestesia... Obviamente, nadie sobrevivía. De esta forma, los experimentos de Mengele cobraron hasta 60 víctimas diarias.
    Demente o no, los experimentos de Mengele llegaron a su fin. El invierno se acercaba y el Ejército Rojo avanzaba hacia el campo de muerte. El 26 de noviembre de 1944, Einrich Himmler, máximo jefe de las SS, telegrafió a todos los Comandantes de Campo ordenando suspender las muertes. Así comenzaría la huida de Mengele, desde Auschwitz hacia una vida de constante tortura.

Últimos servicios al Führer
    Antes del desmantelamiento del campamento, Mengele hizo su selección final, enviando a 461, de un total de 509 prisioneros recién llegados, a una muerte instantánea. Fue su último servicio en Auschwitz. Con el sonido de los cañones rusos cada vez más fuertes, Mengele reunió sus registros y anotaciones, y el 18 de enero de 1945, el Ángel de la Muerte desapareció para siempre.
    "Los experimentos duraron hasta el momento mismo en que se dio la orden a todos los nazis, de abandonar el campo. Esa fue la última vez que vi a Mengele" (Eva Mozes Kor). Así comenzó uno de los más grandes movimientos evasivos de la historia.
Constante huida
    Mengele dejó su uniforme de oficial de la SS, y vistió el de oficial de la Wehrmatch (ejército alemán) y se dirigió a una unidad hospital que iba hacia el sur. Cuando finalmente, en mayo de 1945 Alemania capituló, Mengele terminó en dos campos de prisioneros de los aliados, ignorado por sus captores. Ello se debió a que él había pasado por alto muchos de los trámites necesarios para ser parte de las SS. Esos trámites, capturados por los oficiales aliados de Estados Unidos, eran utilizados para determinar qué sujeto era arrestado en forma automática. No hay documento que explique por qué Mengele carecía del tatuaje obligatorio de oficial de las SS, que se hacía en la parte interior del brazo izquierdo, dos pulgadas por debajo de la axila. Antiguos doctores de las SS, confirmaron que no estaba tatuado. Otro de los elementos que jugó a su favor fue la urgencia con que los aliados liberaron a millones de prisioneros de guerra alemanes. Mengele se retiró calladamente entre la multitud, usando un nombre falso, y con la ayuda de su familia trabajó en una granja de la zona de Rosenheimm, cercana a su ciudad natal de Gÿinzburg. Entre 1945 y 1949, fue visitado varias veces por Irenna. Ella no estaba feliz con la situación, aún cuando en 1942 dio a luz un hijo de Mengele, producto de una de sus visitas a Auschwitz.
    Las listas de criminales de guerra circulaban por la República Federal de Alemania y los doctores y oficiales de las SS estaban siendo juzgados. Mengele estaba atemorizado y pidió a Irenna que huyera del país con él. Irenna se negó. Decepcionado pero resuelto, huyó a Italia en 1949; poco después abordó un buque que lo llevó a Buenos Aires. En Argentina se sentiría seguro, gracias a una organización secreta conocida como ODESSA, encargada de otorgar salvoconductos a antiguos oficiales SS. La presencia de comunidades alemanas ofrecía confianza, y ciertas zonas de Argentina le recordaban las montañas de su Baviera nativa. Mengele se sentía como en casa, en su residencia en la zona de Florida, en Buenos Aires, viviendo bajo el nombre de Helmut Gregor. Más tarde en la década del ‘50, consideró que la caza de criminales de guerra había terminado, y comenzó a decir su nombre. Incluso, habría llegado a obtener la nacionalidad argentina. Inició una compañía de implementos agrícolas con su verdadero nombre... ¡Hasta figuró en la guía telefónica!
    Su padre lo visitó y le informó que Irenna demandaba el divorcio, a lo que él accedió. ¿Qué otra cosa podría hacer? Era sólo una formalidad. Irenna tendría su libertad y él seguiría adelante con su vida en Argentina. Tiempo después su abogado le informó que el Gobierno alemán había mandado cartas al Gobierno argentino, solicitando la extradición de nazis. Mengele cayó en pánico. Con la ayuda de ODESSA huyó al Paraguay, donde tramitó su ciudadanía. Bajo las leyes paraguayas ya no podía ser extraditado. En aquellos tiempos, este país era gobernado por el dictador Alfredo Stroessner, descendiente de alemanes y admirador de los nazis. Seguro, aunque intranquilo, Mengele se dejaba ver en las calles de Asunción.
    En 1960, en Argentina tuvo lugar el secuestro de "Otto" Eichmann, a manos de un comando de la policía secreta israelí. Eichmann estuvo a cargo de la sección judía de la Gestapo y de los traslados a los campos de concentración. En Paraguay, Mengele ya no se sentía seguro, e incluso antes de enterarse de la noticia, se ocultó aún más. El MOSSAD, servicio secreto israelí y creador intelectual del secuestro de Eichmann, estaba tras sus huellas. En aquellos días, era un hecho público que perseguían a otros jerarcas nazis, por lo que Mengele debió huir... el juicio de Eichmann hacía eco en sus oídos...
    Eichmann fue sentenciado a la horca, y Mengele sintió también la soga en su cuello. Por ello, decidió viajar al Brasil, donde se ocultaría durante el resto de su vida, ya no como el Ángel de la Muerte, sino como un hombre atemorizado, solitario y fugitivo. Cuando llegó a Brasil en la década del ‘60, su vida se disuelve. Durante los siguientes años se reportaron varias apariciones. Fuentes confiables como el Departamento de Estado de USA, el Centro Simón Weissenthal y el MOSSAD israelí identificaron a Mengele en lugares y estilos de vida aparentemente contradictorios con su historia, con documentos falsos, bajo nombres como José Mengele, Helmut Gregor, o Wölgang Gërhard, con la ayuda y protección del as de la Luftwaffe, Hans Lücklobe, líder de la ODESSA que también había ayudado a otros nazis como Klauss Altmann o "Barbie". Dos novelas se basaron en Mengele: "Los niños del Brasil" y "Hombre maratón", ambas llevadas al cine, aumentando su reputación a proporciones míticas e interfiriendo con la búsqueda que llevaban a cabo los Gobiernos de Alemania, Estados Unidos e Israel.
Impunidad
    Las recompensas ofrecidas por Alemania, el Centro Weisenthal e Israel para su captura, sumaban US$ 3,4 millones, cifra que hoy en día debiera ser multiplicada por doce, una suma impresionante, pero que no dio resultados. En junio de 1985, la noticia del descubrimiento de la tumba de Wölfgang Gërhard recorrió al mundo. Los restos que habían permanecido bajo tierra desde 1979 fueron exhumados. El equipo forense concluyó que eran los restos de Josef Mengele, el nazi más buscado desde la Segunda Guerra. Si esto era cierto, ¿cómo fue su vida desde su huida del Paraguay en 1960, hasta su presunta muerte en 1979? En Brasil fue puesto en contacto con refugiados bávaros, todos ex pertenecientes al movimiento nazi que se habían refugiado en Brasil luego de la guerra. Ellos se alegraron al encontrar a Mengele en la frontera, donde lo instruyeron sobre su nueva "identidad". Se disfrazó como un suizo de apellido Stammer, comerciante de implementos agrícolas. Una familia adoptiva que verdaderamente llevaba el apellido Stammer, lo estaría esperando. Además, fue entrenado para mantenerse anónimo, ocultarse y a quiénes recurrir si alguien intentara detenerlo.
    Mengele pasó dieciséis años viviendo con los Stammer en una granja cercana a Sâo Paulo, adquirida por la firma alemana Mengele. En 1976 la convivencia con sus familiares adoptivos se tornó imposible, por lo que solicitó una nueva familia. Peter y Geza Bossert se ofrecieron para acoger a Mengele en su hogar, donde permaneció hasta su muerte. Según testigos, Mengele pasaba sus horas construyendo botes y jugando con los hijos de sus anfitriones. Su temor a ser atrapado crecía, y siempre dormía en su pequeña y oscura habitación, con una pistola al alcance. En 1976 recibió la visita de su hijo Rolf, quien luego declararía para una revista alemana "Mi padre asegura que nunca hizo algo incorrecto en Auschwitz. Dice que sólo seleccionaba prisioneros para trabajar, y nada más. Odio lo que hizo, pero es mi padre, y quiero creer en él".

Su muerte
    Según la evidencia descubierta en 1985, 1979 sería un año marcado en la vida de Mengele. "En 1979 fue invitado a pasar un día de playa, a 50 millas de Sao Paulo. Mengele se introdujo en el mar, hasta que el agua alcanzó sus rodillas. En ese momento desapareció. Sufrió un ataque cardíaco, cayó al agua y se ahogó. Cuando fue llevado a la playa, y a pesar de los esfuerzos, no pudo ser resucitado". Geza Bossert hizo los arreglos para que Mengele fuera enterrado en el cementerio de Ambu, bajo una lápida que lleva el nombre de Wölfgang Gërhard, y allí permaneció hasta su exhumación en 1985.
    Expertos forenses de Estados Unidos, Alemania e Israel se encargaron de las investigaciones. Se enviaron muestras óseas a Inglaterra, donde existen bancos de datos para su comparación. Esa comparación se retrasó muchos años debido a que la ex esposa de Mengele, Irenna, y su hijo Rolf, se negaban a dar muestras de sangre. "Fue allí que decidí ir a Alemania con mi hermana gemela, y durante tres semanas protestamos frente a la fábrica Mengele. Yo simplemente dije: ¡nosotros entregamos la sangre de millones en Auschwitz! ¡Cómo pueden negarse a dar una simple gota, para el estudio de la verdad!" (Eva Mozes Kor). Finalmente las autoridades alemanas presionaron a Rolf y a su madre, y se obtuvieron las muestras requeridas. El examen de ADN dió un resultado: el hombre sepultado en Ambu, Brasil, fue el padre biológico de Rolf Mengele.
    En 1992, el Departamento de Justicia, cumpliendo con una solicitud del Departamento de Estado de los Estados Unidos, publicó dos grandes volúmenes titulados "En cuanto al tema Josef Mengele". El informe concluía que Estados Unidos nunca tuvo relaciones con Mengele, y que las investigaciones forenses determinaban que los restos exhumados en Brasil, correspondían a Mengele. Los gobiernos de Alemania e Israel estuvieron de acuerdo con el informe. Otro extracto del informe del Departamento de Estado de los Estados Unidos de 1992, concluye con que el hecho que el Ángel de la Muerte haya sido capaz de perpetrar sus crímenes, para luego morir familiarmente como un anciano en Brasil, evidencia de una enorme conspiración para la impunidad.
    A pesar de todo ello, muchas de las víctimas o sus descendientes quedaron inconformes con la forma de la muerte, e incluso con la veracidad de la misma. "La muerte de Mengele no se condice con el sentido de justicia. Si pensamos que murió, quisiéramos que haya muerto de cáncer u otra enfermedad, muy lentamente, órgano por órgano, y sólo luego de una muy larga y dolorosa agonía. Sin embargo, y aunque hubiera estado consciente durante el ataque cardíaco, su muerte se habría consumado en sólo dos o tres minutos. La muerte fue terriblemente benévola con él, e injusta con nosotros" (Michael Rosembaum).
    La doctora Gissela Weird, sobreviviente de Auschwitz, quien hizo sus estudios de medicina en la Alemania de preguerra, afirmó: "Sé que todos los estudiantes de medicina realizan el juramento de Hipócrates. Es como una página de la Biblia que Mengele ensució". De hecho, alguna vez Mengele pronunció las palabras sagradas del juramento hipocrático: "Si cumplo acabadamente con este juramento, ganaré para siempre reputación entre los hombres, por mi vida y mi arte. Si lo transgredo, que lo opuesto recaiga sobre mí". En cierta forma, su juramento se ha cumplido: el Ángel de la Muerte, demonio-médico de Auschwitz, es un sinónimo universal de muerte y genocidio.

jueves, 21 de junio de 2012

María Mandel


María Mandel (n. Münzkirchen, Austria, 10 de enero de 1912 – f. Cracovia, Polonia, 24 de enero de 1948) fue una guardia femenina de las SS nazis con alto rango en el campo de exterminio de Auschwitz (Polonia). Fue la responsable de la muerte de, aproximadamente, 500.000 mujeres judías, gitanas y prisioneras políticas. Fue ejecutada por crímenes contra la humanidad.


Inicios como guardia nazi

Nacida en Münzkirchen (Austria), María Mandel comenzó la carrera de guardia de prisión en Lichtenburg (Sajonia) en 1938, junto a otras cincuenta mujeres. En 1939, fue transferida para el recién construido campo de concentración de Ravensbrück, próximo a Berlín. Su trabajo rápidamente impresionó a sus superiores, que la promovieron a SS-Oberaufseherin (Supervisora Senior) en julio de 1942. En Ravensbruck supervisaba las llamadas diarias de los prisioneros, las tareas de los guardias comunes y prescribía castigos como azotes y palizas.

Mandel en Auschwitz

El 7 de octubre de 1942, María Mandel fue transferida al campo de Auschwitz (Polonia) donde fue ascendida a SS-Lagerführerin (Jefe de Campo), un cargo de comando apenas debajo del propio comandante del campo, Rudolf Höß. Allí controló directamente todos los campos y subcampos femeninos de Auschwitz y su poder sobre las prisioneras y sus subordinadas era absoluto. María tuvo simpatía por otra notoria guardia femenina SS, Irma Grese, a quien promovió a jefe del campo de judías húngaras en Auschwitz-Birkenau, anexo del complejo de exterminio de Auschwitz.

La Bestia de Auschwitz

De acuerdo con testimonios, uno de sus pasatiempos preferidos era colocarse frente al portón de entrada de Birkenau, esperando para ver si algún prisionero se giraba para mirarla: quien lo hiciese era llevado fuera del campo y nunca más era visto.[cita requerida]
En Auschwitz, era conocida como "la Bestia" y durante dos años se encargó de seleccionar prisioneros para las cámaras de gas, entre otras atrocidades. Escogía algunos prisioneros como mascotas hasta cansarse de ellos para posteriormente enviarlos a la cámara de gas. Otra afición fue escoger a los niños que iban a ser ejecutados. Fue ella quien creó la famosa orquesta de Auschwitz, compuesta por prisioneros, que acompañaba los recuentos diarios, ejecuciones, selecciones y transportes. También firmó órdenes, enviando un número estimado de 500.000 mujeres y niños a las cámaras de los campos de Auschwitz I y Auschwitz II.

Huida de Dachau

En noviembre de 1944, María Mandel fue enviada para el subcampo de Mühldorf, en el campo de concentración de Dachau, donde se quedó hasta mayo de 1945, cuando dejó el campo al aproximarse los Aliados.
Huyó a través de las montañas del sur de Baviera hacia su ciudad natal, Münzkirchen (Austria)

Detención y fin de sus días

Fue detenida en Austria el 10 de agosto de 1945 por los estadounidenses y después de diversos interrogatorios, donde quedó constatada su inteligencia y su especial dedicación al trabajo en los campos de concentración, fue extraditada a Polonia. En noviembre de 1947, después de pasar dos años en custodia de los Aliados de la Segunda Guerra Mundial, fue juzgada por crímenes contra la humanidad en una corte de Cracovia y sentenciada a muerte. Fue ahorcada el 24 de enero de 1948, a los 36 años