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lunes, 25 de junio de 2012

Pirámides. Parte 1

piramides de egipto Es conocido que algunas civilizaciones antiguas tenían avanzados conocimientos astronómicos y culturas muy avanzadas, así mismo tenían construcciones que aún hoy en día son admiradas y que nos dejan preguntándonos ¿Cómo se construyeron?, las pirámides con sus numerosos bloques, de hasta 80 toneladas cada uno, algunos de ellos pulidos con una precisión extraordinaria, hacen sospechar el empleo de una tecnología imposible para la época.
Las pirámides egipcias y americanas tienen semejanzas asombrosas en cuanto a diseño, además de que están extraordinariamente alineadas con estrellas específicas y diseñadas para que de acuerdo a los movimientos estelares ocurran efectos asombrosos.
De entre todas las regiones del mundo sólo en El Cairo y en México (y una parte de Guatemala y Honduras) existen pirámides en forma triangular rectilínea. Esta circunstancia ha originado diversas hipótesis no comprobadas hasta ahora sobre la vinculación histórica entre las civilizaciones egipcia y la prehispánica de México muchos siglos antes de que Cristóbal Colón descubriera América a fines del siglo XV, además se encuentran similitudes míticas entre los dioses egipcios y los existentes en México en las culturas maya y mexica (azteca).
Por razones desconocidas, México y Egipto se encuentran situados en la misma longitud de la Tierra. Se unen y se vinculan geográficamente por el Trópico de Cáncer, cuya línea pasa en México por el Bajío y en Egipto por el Lago Násser y los monumentos de Abu Simbel.
En Egipto, las pirámides se circunscriben a la región metropolitana de El Cairo. En orden cronológico destacan siete: Médium, Dahshur, Romboidal y Saqqara (Saqqara); y Keops, Kefrén y Micerinos (Gizeh). En México se encuentran localizadas en casi todo el país, particularmente en los antiguos territorios mesoamericanos. Destacan 15: Tajín (Veracruz); Xochicalco (Morelos); Monte Albán (Oaxaca); Edzna (Campeche); Templo de las Inscripciones, Pirámide del Sol (Palenque); El Adivino (Uxmal); El Castillo (Chichen Itzá); Pirámide de la Luna y Pirámide del Sol (Teotihuacán); Santa Cecilia, Tenayuca, Tlaltelolco, Cuicuilco y Templo Mayor (ciudad de México). Dos más se encuentran en Centro América, Tikal (Guatemala) y Copán (Honduras). En total, son 17 las pirámides más significativas construidas en territorios americanos antes de la conquista.
Aunque en ambos casos, las pirámides guardan similitudes en su forma triangular geométrica, sus funciones eran distintas. Las de Egipto fueron edificadas como tumbas de gobernantes (o al menos eso se ha creído) y en su mayoría terminan en vértice; las de México, en cambio, fueron construidas para ceremonias teocráticas y por tanto, terminan con un templo sobre una base truncada. Sólo en algunas excepciones son tumbas-mausoleos; por ejemplo, en el Templo de las inscripciones de Palenque, Chiapas, donde a mediados del siglo XX se encontraron restos y osamentas de gobernantes; y en la Pirámide de la Luna en Teotihuacán, en donde, a partir de excavaciones recientes, en su base se hallaron esculturas de piedra verde. Todos estos descubrimientos, estarían aportando nuevos elementos para encontrar más similitudes entre las pirámides de México con las de Egipto.
Entre la pirámide de Saqqara y las del Sol y la Luna de Teotihuacán (construidas con una diferencia de 3 mil años) existen similitudes geométricas, estéticas y proporciones comunes. La de Saqqara y la del Sol tienen 60 metros de altura y 6 cuerpos, denominados mastabas en Egipto y taludes en México; y aunque en Teotihuacán, las dimensiones de la base (225 metros por 222) son mayores a la de Saqqara (123 metros por 107), existen aproximaciones y hasta coincidencias con otras pirámides. La de Teotihuacán tiene una base cuadrada casi idéntica a la de Keops (230 metros por 230). Y las bases de Saqqara y la pirámide de la Luna, ambas rectangulares, tienen con dimensiones distintas, una idéntica proporción. Saqqara 107/ 123 = 0.8; igual a la pirámide de la Luna, 120/150 = 0.8. La fachada principal de la Pirámide del Sol se orienta al poniente y se encuentra alineada con el eje de la Calzada de los Muertos trazada 17 grados (hacia el este) del eje norte-sur. Cada 19 de mayo y 25 de julio a las 12 horas en punto, el cenit solar (el Sol) se encuentra exactamente sobre el vértice de la pirámide. En cambio, las pirámides de Gizeh están construidas en perfecta alineación con los puntos cardinales, norte, sur, este y oeste.
La siguiente imagen muestra las pirámides de Gizeh sobre las pirámides de Teotihuacán mostrando así como están alineadas de la misma forma.

No se conoce que entre estas culturas haya habido contacto, pero entonces ¿cómo podemos explicar tantas similitudes?

martes, 5 de junio de 2012

Los Viajes de Francisco Pizarro

Francisco Pizarro dirigió 3 viajes para conquistar el Tahuantinsuyo. Los organizó desde 1524 cuando fundó la “Empresa del Levante” con sus socios Diego de Almagro y Hernando de Luque.



El Primer Viaje de Pizarro

En 1524, con mucha ilusión por conquistar las ricas tierras del Perú, Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Hernando de Luque fundar en Panamá la Compañía del Levante. El fraile Luque representaba los intereses de Gaspar de Espinoza, principal financiador de la empresa. El gobernador Pedrarias también se incorporó aportando una apreciable cantidad de dinero.
A comienzos de setiembre del mismo año ya estaban listos dos barcos, el “Santiago” y el “San Cristóbal”. El día 13 zarpó el “Santiago”, al mando de Francisco Pizarro, con 112 españoles y algunos indios nicaraguas de servicio.
De Panamá se dirigieron a las islas Perlas, luego desembarcaron en Puerto Piñas, avanzaron por la costa colombiana hasta que llegaron a un punto que llamaron Puerto de Hambre, por que se acabaron las provisiones, y el barco “San Crisóbal” no aparecía para socorrerlos. Entonces Pizarro envío a Gil de Montenegro con el “Santiago” para recoger alimentos en las islas Perlas. Durante 47 días esperó el capitán en Puerto de Hambre. Cuando llegó Montenegro ya habían muerto más de 30 expedicionarios por la falta de comida.
Españoles esperando en Puerto de Hambre. Dibujo: Jorge Salazar.
A comienzos de 1525 se reanudó el viaje y llegaron al Fortín del Cacique de las Piedras, donde los españoles fueron recibidos con una lluvia de piedras y  lanzas, que dejaron varios heridos, entre ellos el mismo Francisco Pizarro. Dejando 5 desaparecidos, los sobrevivientes se reembarcaron y emprendieron el retorno hasta Chochama, al sudeste de Panamá.
Mientras tanto, Almagro ya estaba en camino con 50 hombres a bordo del “San Cristóbal”, y para su mala fortuna desembarcó en el Fortín de Cacique de las Piedras. Los indígenas los atacaron con fiereza. En el combate una flecha le cayó en un ojo a Diego de Almagro, quien por poco es capturado por los nativos. Un negro esclavo logró rescatarlo, pero el manchego quedó tuerto para siempre. Almagro mandó incendiar el fortín rebelde, que desde entonces es recordado como Pueblo Quemado.
Almagro buscó a Pizarro hasta el río San Juan, en los manglares colombianos. Al no encontrarlo regresó hasta las islas Perlas. Aquí se enteró que su compañero estaba en Chochama. Al reencontrarse se abrazaron y prometieron intentarlo de nuevo, pase lo que pase.

El Secundo Viaje de Pizarro

Episodio de la Isla del Gallo, en el Segundo Viaje de Pizarro
Episodio de la Isla del Gallo, en el Segundo Viaje de Pizarro.
Pintura: Juan Lepiani.
En octubre de 1526, Pizarro y Almagro, con los dos barcos, partieron de Chochama hacia el Sur y llegaron al rio de San Juan. Mientras Almagro volvía por refuerzos a Panamá, el piloto Bartolomé Ruiz, exploró la costa sudamericana occidental hasta Coaque, en cuyo viaje capturó una balsa de indios tumbesinos con los cuales confirmó la existencia del Tawantinsuyo. Luego Pizarro avanzó con su expedición hacia la bahía de San Mateo y al río Santiago, a fines de julio de 1527, y luego llevó a sus hombres que se hallaban descontentos a la isla del Gallo, mientras enviaba los dos barcos a Panamá, con Almagro y el veedor Juan Carballo.
En una de las naves, los soldados descontentos, enviaron a la esposa del gobernador de Panamá un ovillo grande de algodón en cuyo seno iba una denuncia escrita, que terminaba con un texto que decía:
“A Señor Gobernador
miradlo bien por entero
allá va el recogedor
y aquí queda el carnicero”
Enterado del documento el gobernador de Panamá, Pedro de los Ríos, envió dos barcos a recoger a la fuerza a los expedicionarios, los mismos que llegaron a la Isla del Gallo a fines de setiembre de 1527. Al mando de ellos venía el capitán Juan Tafur, a recoger a todos los hombres. Entonces Pizarro, viendo a punto de fracasar su empresa, asumió un gesto heroico, desenvainó su espada, trazó una raya en la arena de la playa y les dijo a sus hombres: “Por este lado se va a Panamá a ser pobres, por éste al Perú a ser ricos, escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere”. Sólo trece hombres atravesaron la raya siguiendo a Pizarro, los célebres “Trece del Gallo”. Los demás soldados se embarcaron con Tafur rumbo a Panamá, y éste trasladó a Pizarro y a su pequeñísima hueste a la Isla Gorgona.
Luego de estar en ella, solos, seis meses, en marzo de 1528, volvió el piloto Ruiz a la isla para recoger a Pizarro. Pizarro convenció a Ruiz para explorar el Sur y llegaron a la isla Santa Clara y a continuación a Tumbes, donde los españoles por primera vez encontraron una ciudad importante y civilizada con fortalezas, templos y murallas. Varios españoles descendieron a tierra y comprobaron la importancia de la ciudad y su elevada cultura y por lo que es más, confirmaron visualmente la existencia del Imperio del Tawantinsuyo.
Pizarro llamó a Tumbes, Nueva Valencia y luego navegó hacia el Sur por las costas del reino vasallo de Chimor, hasta llegar a la desembocadura del río Santa. El Tawantinsuyo había dejado de ser un sueño y un mito, había sido descubierto y Pizarro volvió en triunfo a Panamá.

La Capitulación de Toledo en 1529

Al volver a Panamá con la noticia del descubrimiento del Tawantinsuyo, Pizarro tropezó con las dificultades que le puso y la casi oposición del gobernador, Pedro de lo Ríos, que quería impedir una nueva expedición, por lo que los tres socios decidieron negociar la conquista del Perú con el propio rey. Pizarro fue designado por sus socios como Procurador, es decir apoderado en el lenguaje de la época, y viajó a España con ese carácter, en octubre de 1528, acompañado del griego Pedro de Candia, llevando oro, plata, piedras preciosas, llamas y tejidos del Perú. En Sevilla, Pizarro fue apresado por antiguas deudas con el bachiller Enciso, todavía de la época de su estancia en el Darién. Logró salir libre gracias a la influencia de su pariente, Hernán Cortés, conquistador de México y éste lo ayudó para que fuera recibido en la corte. Allí se entrevistó en Toledo, con el propio rey, Carlos V, a quien expuso sus planes y pretensiones y negoció con el Consejo de Indias.
El resultado fue la firma de la Capitulación de Toledo, realizada el 26 de julio de 1529, que le autorizaba para la conquista del Perú. Por la corona firmó la reina Juana la Loca, madre de Carlos V.
Por esta Capitulación, Pizarro obtuvo la autorización para conquistar el Perú, fundar ciudades, dentro de los límites de su gobernación que abarcaría una longitud de 200 leguas a lo largo de la costa sudamericana del Pacífico, a partir del río de Temumpalla (Santiago) en el norte del Ecuador hasta Chincha, en la costa central del Perú. Se le dio el título de Adelantado, alguacil mayor, gobernador y capitán general del territorio adjudicado y un sueldo de 725.000 maravedíes por año.
Por la misma capitulación Diego de Almagro ganó la jerarquía de hidalgo, fue nombrado gobernador de la fortaleza de tumbes y se le concedió una renta de 300.000 maravedíes al año.
Hernando de Luque, en virtud del Real Patronato, fue propuesto al Papa como Obispo de Tumbes y protector de los indios. A Bartolomé Ruiz se le nombró Piloto Mayor del Mar del Sur y a los trece valientes españoles de la Isla del Gallo se les dio el status de hidalgos y se les designó Caballeros de la Escuela Dorada.
La Corona por su parte tendría derecho al quinto real, el 20% de las riquezas que obtuvieran los españoles, con el despojo de los indios.
Esta Capitulación, como vemos, privilegió a Pizarro y postergó a Almagro y a Luque y fue el origen de las futuras desavenencias entre los tres socios.

El Tercer Viaje de Pizarro

De Panamá a Piura
Partieron de Panamá en enero de 1531, tocando como primer punto la bahía de San Mateo, de donde continuarán su viaje por tierras a través de la región de Coaque. En esta zona fueron atacados por el mal de las verrugas y aún se encontraban en este camino cuando el cacique Tumbalá los invitó a visitar su isla Puná, isla en la cual Pizarro terminará cerciorándose de que el Imperio de los Incas se debatía en guerra civil.
Llegaron a Tumbes en enero de 1532. Al llegar a esta ciudad, Pizarro le ordenó a Hernando de Soto que tomara preso al cacique Chilimasa en represalia porque los tumbesinos lo habían atacado. De Tumbes se trasladaron a Poechos donde su cacique Maizavilca le obsequió a don Francisco Pizarro a uno de sus sobrinos, al que le llamaron Martinillo.
Estando ya en el valle de Chira, en el lugar llamado por los indios Tangarara, Pizarro funda la primera ciudad española en nuestro país, con el nombre de San Miguel (15 de mayo o julio de 1532). También en este lugar construyeron un fuerte donde se quedaron 60 hombres a las órdenes de Sebastián de Benalcázar.
Marcha de Piura a Cajamarca
Partieron en setiembre de 1532. Acompañaban a Pizarro 110 hombres de infantería y 67 de caballería. Después de avanzar por la costa hacia el sur y por Saña levantar a Cajamarca, entrarán a esta ciudad el 15 de noviembre de 1532 e inmediatamente Pizarro le ordenó a Hernando de Soto y luego a su hermano Hernando Pizarro que fuesen a los baños del Inca (Pultamarca) a invitar a Atahualpa a cenar esa noche en Cajamarca, pues Pizarro tenía pensado tomar preso al Inca en plena ceremonia.
Atahualpa no aceptó la invitación para esa noche, sino para el día siguiente, Atahualpa ya estaba en la plaza de Cajamarca y los únicos que se le presentaron por parte de los españoles fueron: Hernando de Aldana, el traductor Martinillo y el dominico Valverde.