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jueves, 27 de septiembre de 2012

Uri Geller


UriGeller_000Un Israelí que parece desafiar las leyes de la física torciendo cucharas y derritiendo metales con la fuerza de su mente.
Se trata del mundialmente famoso Uri Geller, un joven parapsicólogo de asombrosa y discutida historia sobre quien recaen los más dispares calificativos, que van desde “charlatán” hasta “hacedor de milagros”.
Veamos algunas de sus más sorprendentes experiencias.  En junio de 1974, ante un calificado grupo de científicos reunidos en el laboratorio de física del Birkbeck College, en la Universidad de Londres, centuplicó dos veces las señales de un “contador Geiger”, aparato físico de gran precisión cuyo ritmo estable es de 0.5 señales por segundo.  Pues bien, en pocos segundos estas señales subieron a 200 veces más de lo normal –lo que equivaldría a una radiación nuclear-, fenómeno debido únicamente a la intensa concentración mental de Uri Geller.  Al menos los científicos presentes atestiguaron que ningún otro factor, salvo ese, ejercía en esos momentos influencia sobre el contador Geiger.
En el mismo laboratorio y fiscalizado por los científicos, el parapsicólogo realizó estas otras pruebas: dobló metales con sólo tocarlos; quebró un cristal encerrado dentro de un hermético envase pasando la mano a varios centímetros de éste; e hizo girar bruscamente brújulas y magnetómetros con la fuerza de su mente.
El matemático John Taylor declaró: “He comprobado que en estas experiencias no hay posibilidad de fraude alguno.  Uri Geller es tan excepcional que plantea un serio desafío a la ciencia contemporánea”.
El joven israelí, sin embargo, ya había conmocionado al mundo científico antes de las pruebas llevadas a cabo en la Universidad de Londres.
Efectivamente, en 1972 efectuó experimentos de telepatía en el Instituto Stanford de Investigaciones, de California, Estados Unidos.
Allí, se lo encerró en una habitación hermética, de dobles paredes de acero; afuera, los experimentadores hacían dibujos y el parapsicólogo, mediante su concentración mental, percibía telepáticamente esos dibujos y los reproducía en un papel desde su aislado encierro.
Sin embargo, este anverso tiene su reverso.  Según “Nature”, la más prestigiosa revista científica inglesa, las precauciones adoptadas por las autoridades del Instituto Stanford fueron “demasiado vagas”, insinuando que los investigadores fueron embaucados por las astutas técnicas ilusionistas del supuesto paranormal.
Por su parte, el mago Melbourne Christopher afirma que Geller se vale de muy hábiles “trucos”, jactándose de haberlos desenmascarado uno por uno.  Y pregunta, desafiante: ¿por qué se niega obstinadamente a realizar sus pruebas ante los prestigitadores profesionales, tan capaces como él de cumplir esas “proezas”?
A estas acusaciones, Uri Geller contrapone sus propios argumentos.
Precisamente uno de sus más entusiastas defensores es el médico y parapsicólogo Andrija Puharich, catedrático del Stanford, quien recibió en su casa al joven israelí.  Narra que durante esa visita ocurrieron cosas tan extrañas como estas:
-“El cenicero que estaba sobre una mesita ratona entre Uri y yo se levantó de pronto unos 30 centímetros, y después de permanecer unos minutos suspendido en el aire salió por la ventana, reapareciendo momentos después en el patio, a cinco metros de donde estábamos nosotros.  Luego, mientras caminábamos por el jardín, un pisapapeles que habitualmente se encuentra sobre mi escritorio, aterrizó instantáneamente junto a mis pies.
Pero lo que terminó de convencerme de los excepcionales poderes de Geller fue esta prueba de telepatía: hizo dos dibujos que nadie más que él vio, luego miró fijamente a mi hijo de 14 años para “trasmitirle las imágenes”.  De inmediato, mi hijo, sin vacilar, dibujó dos figuras –un auto y un gato- que, cotejadas con las que había trazado Uri resultaron ser asombrosamente parecidas”.
Claro que también puede resultar muy razonable dudar de la veracidad de lo antedicho si uno se entera, por ejemplo, que Andrija Puharich oficia de empresario de Geller en sus presentaciones en teatros del mundo entero y, por lo tanto, cabe la posibilidad de que invente historias fantásticas sobre su contratado, a fin de despertar grandes expectativas en el público a favor del “show-business”.
uri_gellerSus experiencias más divulgadas en esas presentaciones personales consisten en doblar cubiertos y hacer funcionar relojes descompuestos a los que les faltan piezas fundamentales; todo sin más recurso que su concentración mental.  Y esto también da pie a la polémica, pues no todos los cubiertos se doblan ni todos los relojes se componen.
De tal modo, su auditorio queda dividido entre quienes lo consideran un superdotado y quienes lo tildan de impostor; unos le otorgan poderes mágicos, otros reniegan de él.
En la época en que todavía se cuestionaban sus poderes paranormales, allá por 1973, un programa de televisión de la B.B.C. de Londres, conmocionó prácticamente a toda Europa.  A pocos minutos de haber comenzado Uri su programa, numerosos televidentes telefonearon a la emisora haciendo saber que en sus casas se estaban doblando cubiertos y echando a andar relojes que hacia años que estaban descompuestos.
Para los magos profesionales, sin embargo, este fenómeno tiene una sencilla explicación.
El hecho de que haya personas que al ver por televisión las experiencias de doblar cubiertos y arreglar relojes descompuestos comprueben que en sus propias casas está ocurriendo lo mismo, obedece, según los magos profesionales, al conocido fenómeno parapsicológico de la autosugestión. 
Al respecto expresa el ilusionista Argentino Juan José del Pozo, que utiliza el seudónimo de Tu-Sam:
“Una parte del público de Uri Geller, cuando él actúa, cae en el histerismo, condición esta en que el cuerpo humano ejecuta actos en forma inconsciente”.  Por lo tato, un histérico con una cuchara en la mano puede doblarla sin darse cuenta, ya que en ese estado anormal cualquier organismo realiza proezas que jamás lograría en estado normal.  Baste decir que una persona bajo los efectos de la hipnosis puede levantar pesos que exceden en 20 kilos sus posibilidades máximas.
“En cuanto a los relojes descompuestos, Geller sólo hace funcionar aquellos cuyo eje no está roto.  Muchos ingenuos exclaman: “¡Asombroso, funciona sin tener cuerda!”  Y yo me pregunto: “¿Quién se acuerda si le dio cuerda o no a su reloj cuando se descompuso, varios años atrás?”.
Como se ve, la controversia en torno a este tema es inagotable.  Mientras tanto, el joven parapsicólogo Israelí se atribuye orgullosamente –al margen de las ya mencionadas- las siguientes proezas:
El 25 de noviembre de 1973, desde París rompió vajillas en Londres; en Alemania detuvo un coche funicular en el aire; a Von Braun, padre de la moderna cohetería, le fundió un anillo sin tocarlo; inmovilizó a un  trasatlántico en plena travesía; alteró una red estructural metálica de la Marina de Guerra de Estados Unidos, que en un comunicado oficial aclaró: “El caso no tiene explicación científica”.
El extremo opuesto al de los que no vacilan en catalogarlo de  mistificador se ubican los exaltados que hasta llegan a atribuirle vinculaciones con seres extraterrestres.  Un informe científico asegura que en todas las cintas magnetofónicas de entrevistas realizadas a Uri se localizan interferencias de esotéricas voces que parecen proceder de otros planetas.  Versión ésta que se compatibiliza con las siguientes palabras del propio Geller:
“México y Egipto son los dos países donde siento que mis poderes aumentan considerablemente.  Esto no es una casualidad, ya que en esos dos lugares hay pirámides, que no son obra humana sino que fueron construidas por seres de otros mundos que tal vez me estén utilizando de puente para comunicarse con los terráqueos”.
¿Qué hay de cierto y de fantasía en este apasionante caso?  Imposible establecerlo aún con certeza por ser una historia de flagrante actualidad.  Quizá el tiempo nos permita dilucidar el enigma.  Pero por el momento esta enconada controversia nos resulta muy aleccionadora, pues nos alerta respecto de que los fenómenos parapsicológicos deben ser considerados con mesura y cautela.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Las Brujas


En la Edad Moderna teólogos y juristas forjaron la imagen de las brujas: seres poseídos por el diablo que participaban en el sabbat, un ritual satánico que sólo existió en la imaginación de sus perseguidores.

A pesar de que la brujería había existido durante años, fue a partir de mediados del siglo XV cuando se inició una cruenta «caza de brujas», esto es, la eliminación de un nuevo tipo de herejes supuestamente aliados con el diablo. De hecho, la persecución de hechiceras y brujas —eran sobre todo mujeres— coincidió con un momento de división y crisis religiosa especialmente delicado para la Europa cristiana. La mayoría de quienes fueron juzgados y condenados —muchas veces con la pena de muerte— no había cometido ningún delito demostrable, más bien se trataba de un crimen fundamentalmente imaginario. Los tribunales del Santo Oficio de la Inquisición española fueron uno de los más implacables perseguidores de brujas de toda Europa, especialmente a finales del siglo XV y principios del XVI. Pero no tardaron en alzarse voces críticas entre sus filas, hasta el punto que en 1526 se organizó en Granada un encuentro de juristas con el fin de discutir acerca de la autenticidad de los actos atribuidos a las supuestas brujas. Llegaron a la conclusión de que muchas acusadas de brujería habían sido previamente torturadas por jueces seglares. Sin embargo, también fueron habituales los procesos y condenas por brujería que se produjeron de forma clandestina, al margen de la ley. Es el caso de los «estatutos de desaforamiento», aprobados en Aragón durante la Edad Moderna y que actuaban por encima de la ley. La brujería fue, en resumidas cuentas, el chivo expiatorio al que una comunidad atribuyó desgracias tales como la muerte, la enfermedad, la impotencia o las malas cosechas. La creencia en las brujas ya venía de lejos. En El asno de oro de Apuleyo, por ejemplo, una hechicera dedicada a las artes ocultas se convertía en búho y salía volando por la ventana después de aplicarse ciertos ungüentos. Pero al llegar a finales de la Edad Media, todos eses seres fantásticos que había circulado en el imaginario de las personas se encarnaron en la forma de mujeres que podían cruzar el cielo por las noches montadas a lomos de distintos animales, ramas de árboles y escobas, para reunirse con el demonio y tramar todo tipo de maldades. Las descripciones del aquelarre fueron abundantes y diversas dependiendo de la zona geográfica. Una de las tradiciones más completas e impactantes aparece en las descripciones del aquelarre vasco-navarro, y cuyos testimonios fueron recogidos en el célebre proceso de las brujas de Zugarramurdi, que tuvo lugar en la localidad navarra de mismo nombre.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Los Jibaros


El mundo que existe al este de los Andes es completamente distinto: la Amazonía con sus tribus primitivas, entre las cuales la más conocida sea acaso la de los jíbaros. Hay nativos que muestran facilidad para adaptarse a los usos de los blancos, mientras otros rechazan toda ingerencia. Los primeros, que reciben el calificativo de "mansos", son de carácter dúctil y astuto, no suelen atreverse a luchar contra la fuerza de la civilización, cuyas ventajas intuyen apenas ven una camisa o un par de pantalones; se aproximan hasta los pueblos de los colonos, comercian, cambian productos, desean zapatos o un fusíl y advierten que el arco y las flechas resultan anacrónicos. Se hallan en fase de transformación y dentro de algunos decenios estarán integrados, o a punto de hacerlo, puesto que mezclan su propia sangre con la de los blancos. Aprenden ciertos métodos de trabajo, si bien el concepto de una ocupación estable les resulta difícil; las escuelas misioneras -católicas y protestantes- les enseñan a leer, a escribir, a contar, pero al mismo tiempo les imponen una regularidad de asistencia que no se adapta muy bien a las características psicológicas del morador de la selva. Poco a poco, sin embargo, la transformación va materializándose de una forma incontrastable.

En cambio la estirpe de los jíbaros rechaza todo contacto externo y se obstina en ubicarse fuera de los confines civilizados; fuerte y orgullosa, esta familia de tribus es temida por todos los clanes, debido a su combatividad y su afición a los cultos sanguinarios. El jíbaro ha dejado las riberas de los ríos navegables, apartándose hacia los afluentes lejanos, defendidos por el intrincado manto forestal; allí custodia su propia cultura selvática, su propia sociedad caracterizada por la poligamia y los ritos de magia.

La mujer es una esclava y está sometida a las más duras fatigas. El varón es un soberano con derecho de vida y muerte sobre la esposa. El jíbaro, que captura el tucán para ceñirse la frente con sus plumas, que lanza contra los peces y los animales las flechas de sus largas cerbatanas, que vigila su cabaña con agudas lanzas y maneja el arco con increíble destreza, es conocido sobre todo por dos motivos: el curare, veneno mortal cuyos secretos de preparación conoce y con el que unta la punta de sus armas, y la reducción de cabezas cortadas a los enemigos para aplacar las almas de los difuntos, tratadas hasta obtener las tzantzas, del tamaño de una manzana. Los huesos del cráneo y de la cara se desmenuzan con la maza y se extraen a través de un corte practicado en la nuca; después la cabeza se pone a secar y luego se sumerge en una salmuera de yerbas, raíces y numerosos vegetales.
Son muy singulares las costumbres funerarias de los jíbaros. No acostumbran enterrar a los muertos, sino que los abandonan en sus cabañas, después de haberlos colocado dentro de troncos de árboles huecos y haberles provisto de comida y bebida.

lunes, 3 de septiembre de 2012

¿Es Stairway to Heaven una canción satánica?



Corre la leyenda que la famosa canción de los Led Zeppelin es una cancion satánica, antes de comentar esto debemos de situarnos en el contexto del grupo:
Tras la muerte del hijo de Robert Plant, cantante del grupo, este acusó a su amigo y guitarrista Jimmy Page, de su muerte, debido a las practicas ocultistas que este realizaba.
Jimmy Page siempre ha sido una gran seguidor de esos temas, y su mayor idolo era Aleister Crowell, para muchos, el mas famoso practicante de magia negra del siglo XX. Page incluso compró la mansión donde vivió el ocultista Aleister Crowley, habitándola entre los descansos de las giras del grupo. Según una leyenda, esta mansión está maldita porque se construyó sobre las ruinas de una iglesia que ardió con los feligreses dentro, y a esto se añadió la leyenda de las prácticas ocultistas de Crowley. Y además, fué en esta mansión donde murió John Bonham, el bateria del grupo. Segun la versión oficial, su muerte se debió a una borrachera salvaje, como acostumbraba a hacer el bateria: se llevó todo el dia bebiendo Vodka con Naranja.

Pero siempre hay rumores, como el que dice que todos vendieron su alma al diablo, excepto Jones (el bajista del grupo), y por esto, es el unico que no ha sufrido las desgracias que si le han sucedido a los restantes miembros.

Hablemos ya de la canción la traduccion al español es la siguiente:

-(Stairway to Heaven, Led Zeppelin).Por Jimmy Page y Robert Plant, 1971,
del álbum popularmente conocido como Led Zeppelin IV por ser el cuarto álbum de dicho grupo, pero que oficialmente no tiene título pues en su versión original no apareció ni el nombre del grupo ni la identificación del álbum. -

Hay una dama quien está segura que todolo que brilla es oro,y ella está comprando una escalera al cielo;y cuando ella llegue ahí, sabe que si las tiendas están cerradas con una palabra puede obtener lo que vino a buscar.
Hay un letrero en la pared pero ella quiere estar segura porque tú sabes, las palabras a veces tienen dos significados.En un árbol por el arroyo hay un pájaro cantor que algunas veces canta: todos nuestros pensamientos son dudosos.
Hay un sentimiento que tengo cuando miro hacia el oeste y mi espíritu está llorando por salir.En mis pensamientos he visto anillos de humo a través de los árboles y las voces de aquellos quienes de pie están mirando.
Y ha susurrado que pronto si todos anunciamos la melodía entonces el flautista nos llevará a la razón;y un nuevo día amanecerá para aquellos quienes aguanten de pie,
y los bosques resonarán con risas.
Y hace que me maraville.
Si hay un bullir en tu fila de arbustos no te alarmes ahora,es solo una limpieza de primavera para la Reina-Mayo;Sí, hay dos sendas que puedes seguir pero a la larga hay todavía tiempo de cambiar el camino en el que estás.
Tu cabeza está zumbando y no se va ;por si acaso no lo sabes el flautista te está llamando para que te le unas; querida dama ; ¿puedes escuchar el viento soplar? ¿Y sabías que tu escalera se reclina en el viento susurrante?
Y a medida que nos enrollamos por el camino,nuestras sombras más altas que nuestras almas, ahí camina una dama que todos conocemos quien echa luz blanca y desea mostrar cómo todo se convierte todavía en oro,y si escuchas bien verás que la melodía vendrá hacia ti al final cuando todos son uno y uno es todo, ser una roca y no rodar.

Solo con esto nos damos cuenta de la profundidad de la letra y de lo simbolico de las metaforas por lo que las interpretaciones pueden ser muchas, aunque se denota cierto misticismo luciferino muy propio de las corrientes californianas luciferinas, un culto a la mujer como fuente de cambio y muchas connotaciones a la llamada magia blanca.
Por tanto no se puede decir que sea una cancion satánica mas bien sigue el patron de ver a lucifer como principe de conocimientos y saberes ocultos q muchas corrientes o sectas persiguen en la actualidad fuera del ámbito demoniaco y q recoge en principio algunos ritos paganos muy antiguos; como el de ariadna(abandonada por Perseo invoca ayuda a Baco) el de Lilith que abandona el paraiso por la negacion de Dios a tratarla de igual con Adan(Lilith era la primera mujer del mundo que se creo a la misma vez que Adan y Adan le daba ordenes pero ella queria la igualdad porque no fue creada del hombre. Se dice que se fue al infierno, que para ella era el cielo. Fue junto a Satan y se convirtio en una de las damas demodiacas mas apreciadas por Satan)
Todo esto daria para considerar dicha canción como una proclama mas q satanista de espiristista con cierto toque de magia blanca o brujeria, sin entrar en el Mal o en otros conceptos mas metafísicos pero he aqui q hay mensajes ocultos si oimos la cancion al reves y entra en juego un mensaje muy diferente y mucho mas tragesor
Antes debo explicaros si el hecho de que al invertir el sonido los mensajes asi obtenidos tienen compresion por nuestra parte al oirlos de forma normal (bueno si no sabes ingles dudo q puedas comprenderlo, de forma invertida o normal):
El subliminal en la música
Durante los dulces 60's muchas bandas de rock emplearon el principio de ocultar información simbólica o verbal en sus canciones. Su objetivo era estimular, en la masa de fans, energías reprimidas con el fin último de incrementar las ventas de sus discos.
Una de las estrategias empleadas con este fin es el montaje de frases grabadas a la inversa sobre la pista de la canción. Tales frases se oyen como ruidos de fondo o sonidos distorsionados cuando la canción se reproduce en su sentido normal y pueden entenderse cuando se reproduce la cinta al revés. Pero el sistema perceptual humano es capaz de captar el mensaje aún en la reproducción ordinaria de la pieza. Una de las bandas que más empleó este truco fue The Beatles, como por ejemplo la canción Revolution Nr. 9 de su Disco Blanco, la pieza Fire of Light de la Electric Light Orchesta y Hotel California de The Eagles.
Pero cuales son esos mensajes en Stairway to heaven,aqui teneis unos ejemplos:

''If there's a bustle in your hedgerow, don't be alarmed now, it's just a spring clean for the may queen. Yes there are two paths you can go by, but in the long run there's still time to change the road you're on.''
Reproduciendo este parrafo al reves se puede oir:
''Oh here's to my sweet Satan. The one whose little path would make me sad, whose power is Satan. He'll give you 666, there was a little toolshed where he made us suffer, sad satan''
La traduccion del mensaje oculto en español seria algo asi como:
''Oh aquí está mi dulce Satan. El que poca trayectoria me haría triste, que poderoso es Satan. Él le dará 666, había un poco de vertiente donde él hizo que sufrieramos, triste satan.''
Por ejemplo cuando se oye .al invertir ,666 (Six, Six, Six) que creo que equivale a ''Yes there are'', al reves seria ''era ereth sey'' que al pronunciarlo podrian sonar igual y parece que dice ''Six, Six, Six'
En la parte ''When she gets there she knows...'' se dice que al invertirlo se escucha ''One chance. I hate you''. Y en la parte que dice ''Your stairway lies on the whispering wind'' se dice que al invertirlo se escucha ''Because I live with Satan''
Pues aqui tenemos una muestra de q si es claramente satánica aunque la verdad que seria una genialidad pensar q esto es hecho a adrede ,elevaria a los Led Zeppelin al status de grandes genios, (que lo son) en cierta forma es algo desconcertante :
-La canción sin invertir, la normal, nos muestra algo asi como un paganismo light podiamos decir q seria una estrella de 5 puntas como simbolo de proteccion
-La cancion al invertila representa un claro alegato a Satan y a sus obras lo q representaria claramente la estrella de 5 puntas invertida es decir el simbolo satánico por excelencia
Con esta metáfora os vengo a decir que cada cual puede quedarse con la interpretacion q quiera la mistica o la satánica y como tal son cada una la cara y la cruz de una misma moneda, y en este punto cree q radica el mensaje tu decides a quien seguir, que hacer; eres libre de buscar tu propio camino en la vida
Para terminar os comento un cortometraje titulado Stairway At St.Paul’s , de Jeroen Offerman (Eindhoven, 1970), que es la grabación de una performance del artista, realizada ante la escalinata de la Catedral de San Pablo en Londres, en la que éste interpretó, al revés, Stairway to Heaven , de Led Zeppelin , que, pese a ser un registro directo de la acción no la documenta, ya que éste es reproducido al revés, de forma que melodía y letra suenan aproximadamente como el original.
El ejercicio, sugerido por la leyenda surgida en los sesenta y setenta sobre que ciertas canciones de rock reproducidas al revés transmitían mensajes satánicos, costó a Offerman tres meses de ensayos.

lunes, 20 de agosto de 2012

Codex Gigas - El manuscrito misterioso

El Códex Gigas fue considerado como una de las octavas maravillas del mundo. Tiene 624 páginas y unas medidas muy grandes, nada más y nada menos que 92 centímetros de alto, 50,5 centímetros de ancho y 22 centímetros de profundidad, su peso es de 75 kilos.

En el libro se recoge tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, los escritos del historiador Flavio Josefo y la llamada crónica de los checos. Historias antiguas y otras cosas muy extrañas.

Codex Gigas o libro grande en latín, también es llamado como la Biblia del Diablo o Código del Diablo.

Según cuenta la leyenda de este antiguo libro, en un monasterio de Podlazice - República Checa, un monje copista había sido condenado a morir emparedado porque había cometido un grave pecado.

El monje decidió redimirse ante sus compañeros escribiendo todo el texto de la Biblia en una sola noche. Según contaban, para lograr aquella casi imposible promesa, pidió ayuda al demonio.

La obra y lo registrado en la página central de la misma, son la prueba de aquel pacto. En la mitad del Códex Gigas se encuentra la figura del diablo, algo extrañísimo en libros de este tipo que lo último que tendrían sería esa imagen. En ninguna otra Biblia del mundo existe ningún retrato del diablo.

Desde que fuera creado, ha inspirado mucho temor y a la vez, el deseo de poseerlo por todos, ya que tenerlo era poseer en parte mucho poder.

No se sabe con certeza, pero se cree que fue en 1230 cuando este libro fue terminado. Tampoco se sabe si sólo fue aquel monje el que lo escribiera o lo siguieron otros, pero siendo un libro tan extraordinariamente grande y con tantas páginas, es asombroso el hecho de pensar que aquel monje lo pudiera escribir, lo que hace que la leyenda de aquel pacto con el diablo cobre más fuerza.

Aquel monje imploraba por su vida en una celda fría del monasterio. Estos monjes son más conocidos como los "monjes negros", porque sus túnicas simbolizan la muerte terrenal. Ellos toman votos de pobreza, obediencia y castidad, sacrificios físicos, ayuno y autoflagelación entre otros. Sin embargo, los débiles suelen caer en la envidia, avaricia o desviación sexual, por lo que los castigos para ellos son extremos.

En una sala de ese monasterio, los monjes mayores deciden si el monje pecador es asesinado o no y en el caso de este monje, le esperaba una amarga y lenta agonía antes de morir, sería emparedado.

Su promesa es casi imposible, escribir ese gran libro en una sola noche con la Biblia y toda la sabiduría humana que pudiera contar.

Con esta propuesta, los monjes mayores deciden acordar con el monje que si el libro era entregado al amanecer, evitaría el ser emparedado.

Comienza a escribir las páginas de aquel gran libro, pero las horas pasan y a medianoche ve su muerte más y más cerca, piensa que es inevitable y que sufrirá esa muerte tan agónica. Su desesperación lo lleva a pedirle ayuda al arcángel caído, Satanás, que atendió a sus súplicas y según cuenta la leyenda, al igual que los evangelios fueron guiados por Dios, el Codex Gigas, sería guiado por el Diablo.

El libro ha sido investigado y al parecer, fue realizado por un solo autor y está escrito con tinta de animales de principio a fin. ¿Cómo pudo escribirlo?

El Codex se haría muy famoso y al parecer, el monasterio que lo poseía padecía al igual que toda la población, una epidemia que lo estaba arrasando todo, además de que en aquella época la población estaba aterrorizada por tantos desastres naturales y otras enfermedades mortales, además de muchos problemas.

La orden del monasterio decide venderlo a otra orden monástica para solventar algunos gastos.

Poseer aquel libro representaba poder, honor, prestigio, era todo un logro tenerlo. El libro pasaría de los "monjes negros" a los "monjes blancos" y es así como viaja a la República Checa, a las afueras de Praga.

Estos monjes blancos colocan el Codex en un lugar de honor cerca de un cementerio, pero al poco tiempo el monasterio también cae en la banca rota y se ordena que el libro sea devuelto a su lugar original.

Poco tiempo después la peste bubónica hace su aparición entre la población, muriendo más de 30.000 personas. La iglesia poseedora del codex pasó a ser entonces la que tiene la fosa común más grande del mundo, incluso posee varias esculturas de huesos humanos.

Rodolfo II, príncipe heredero de la corona de Austria, esperaba el horóscopo real del maestro adivino Miguel de Nostradama, el famoso Nostradamus. Era el año 1565 y Nostradamus predice la muerte del padre de Rodolfo y el ascenso de este a la corona para convertirse en el emperador del sacro imperio romano, desde aquel momento el monarca comenzaría a obsesionarse con todo lo oculto y como no podía ser menos, también comenzaría su codicia por el Codex, concediendo favores a los dueños del libro.

Finalmente su estrategia le funciona y adquiere el Codex Gigas, contratando a varias personas para que le interpretaran todos los pasajes y la famosa foto del diablo.

Rodolfo era muy débil desde su niñez, muy melancólico, frágil. A pesar de que el Codex era un gran logro para cualquier líder y aunque estaba orgulloso de lo que había conseguido, su suerte comenzaría a cambiar de inmediato, empeorando drásticamente. Se volvió errático, antisocial y paranoico, quedándose encerrado en su castillo.

Su reino, lejos de prosperar, comienza a quebrarse, perdiendo a todos sus seguidores. Su suerte cambia tanto, que su propia familia lo despoja del poder y finalmente muere solo, sin herederos.

El reino cae en manos enemigas y los suecos roban el Codex Gigas. Lo llevaron a Suecia y allí permaneció hasta 2008, que fue pedido por el gobierno checo a Suecia a cambio de 10 millones de dólares para ser expuesto temporalmente en el Clementinum, que es un antiguo colegio jesuita situado en el corazón de Praga. Allí lo han podido ver estudiosos, investigadores y muchos turistas.

Pero ocurrieron más cosas en el trayecto del libro hacia Suecia.

Los soldados guardaron el gigantesco libro en un baúl y emprendieron su regreso a Estocolmo, sin saber la mayoría de ellos lo que llevaban y el valor que tenía. Algunos soldados conocían algo sobre el Codex, habían escuchado que era una Biblia siniestra tocada por el mal y escrita por el Diablo, pero otros no creían nada, tan sólo formaba parte del gran botín que habían conseguido.

Pensaron en regalar el Codex Gigas a su monarca, que era una mujer aunque había hecho el juramento como un hombre, que era el deseo de su padre.

Aquellos oficiales esperaban que su reina se sintiera satisfecha con aquella entrega. Cuando recibió el Codex Gigas, hizo que lo guardaran en la biblioteca del castillo, siendo incluido como el primero de los más valiosos manuscritos confiscados, aunque tampoco lo tendría por mucho tiempo, también cambiaría la suerte en aquel castillo y la familia.

No había pasado una década, y la monarca ya había desistido del trono, convirtiéndose al catolicismo y esperando ser exiliada a Roma. Hizo las maletas con las posesiones más valiosas que tenía, incluyendo las biblias, pero no se llevó el Codex, que se quedaría en aquel castillo.

En 1697, casi a los 50 años, dentro del castillo Real yacía el cuerpo del fallecido Carlos XI, era un viernes 7 de mayo. Sin explicación posible, el castillo explota en llamas y la familia al completo huye presa del pánico.

Los trabajadores intentaron salvar cosas del castillo y en aquella ocasión, un sirviente cogió el Codex Gigas, salvándolo de las llamas.

A consecuencia de aquel incendio, los investigadores creen que es por esa razón por la que las letras tienen como sombras que parecen quemaduras, así como evidencias de tinta derretida. La cubierta también se encuentra quemada, los extremos están rotos y aunque las evidencias no son claras en ninguna parte del libro, la sombra sigue un patrón regular y sólo aparece en las páginas cercanas a Satanás.

Algunos investigadores han calculado el tiempo que una persona hubiera tardado en escribirlo, primero hicieron los cálculos por línea, después por página y finalmente por el libro entero, haciendo la letra exactamente igual que la del libro. El experto tardó 20 segundos por línea sin parar, una columna en 30 minutos y una página en 1 hora, siendo el cálculo total de 5 años.

Pero esos años teniendo todo el tiempo del mundo, algo que los monjes no tenían, ya que el día lo tenían completamente ocupado con tareas y muy pocas horas para escribir. No obstante, incluyendo los detalles de las letras y el dibujo del diablo, es imposible (según los expertos) hacerlo en menos de 20 años.

También hay otros misterios en este manuscrito y otras hipótesis. Creen que otra de ellas podría ser que lo hiciera un monje que se intentaba hacer un exorcismo, porque en la página número 290, se encuentran los conjuros para curar enfermedades peligrosas, explicando que para llevar a cabo un ritual, el sacerdote se para enfrente del enfermo y hace la señal de la cruz, se atreve a llamar al mal por su nombre, llamando a los demonios por sus nombres en latín, ordena a la maldad para que se salga de un cuerpo de Dios.


Por otro lado en las investigaciones pueden haber encontrado algo que cambiaría la leyenda del mal sobre el Codex, quedando nulo el hecho de que aquel monje pudiera haber sido emparedado, es la palabra "inclusus", que se ha interpretado durante muchos años como "emparedado vivo" y que su verdadero significado está más cercano a "recluso". Puede ser que este impresionante libro lo escribiera un monje solitario que se encontrara solo en una celda, alejándose del mundo. Parece ser que aquel monje que concluyó la Biblia del Diablo pudiera haberse encontrado en una búsqueda de la iluminación, creando este trabajo motivado por el honor y el bien, nunca por el mal. Es por esta razón por la que quizás su redención final sería opuesta al mal, un dibujo del Reino del Cielo, plasmando el enfrentamiento entre el bien y el mal en todas las páginas del Codex. Puede ser que aquel monje pidiera que lo encerraran por propia voluntad y así escribir esta Biblia con todo su conocimiento humano o el que había en el momento para toda la humanidad.

Es posible que nunca se conozca ni al autor ni las razones que lo llevaron a escribir este libro, lo que sí que se consiguió es glorificar a su monasterio por toda la eternidad y que el "Código del Diablo" siga permaneciendo entre nosotros con ese halo de misterio y asombro.

sábado, 4 de agosto de 2012

La maldición de Tutankamon

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Cuando Howardr Carter y lord Carnarvon abrieron la tumba de Tutankamón se provocaron una serie de sucesos misteriosos. Varias personas relacionadas con el descubrimiento murieron de forma violenta o poco habitual, victimas, según la leyenda, de la maldición del faraón.

Los siniestros presagios tuvieron su origen en relatos no confirmadas acerca de una cadena escalofriante de acontecimientos que comenzaron el día mismo en que los dos arqueólogos y su equipo cruzaron por vez primera el umbral de la tumba, en noviembre de 1922. Se dice que cuando el último hombre volvió a la superficie se levantó una tormenta de arena, particularmente intensa a la entrada de la cueva. Seguidamente un halcón, emblema real del antiguo Egipto, sobrevoló la tumba y se dirigió hacia el oeste, hacia el misterioso «otro mundo» de las creencias egipcias.

El espíritu del faraón muerto, decían las gentes supersticiosas, había dejado caer su maldición sobre quienes violaron su tumba.

Cinco meses más tarde, lord Carnarvon, que entonces tenía 57 años de edad, recibió una picadura de mosquito en la mejilla izquierda. La picadura se le infectó y, debilitado por una septicemia, enfermó de neumonía. A la 1,55 de la madrugada falleció en un hotel de El Cairo, y en aquel instante se apagaron todas las luces de la ciudad. Simultáneamente, en Inglaterra, en su mansión de Hampshire, su perro aulló... y murió.

Quizá lo más extraño de todo fue que, al examinar la momia de Tutankamón, los médicos hallaron una depresión en forma de cicatriz sobre la mejilla izquierda, en correspondencia con la picadura de Carnarvon.

Durante los meses siguientes de 1923 se atribuyó a la misma maldición las muertes de otras personas que visitaron la tumba.

Aubrey Herbert, hermanastro de Carnarvon, murió de peritonitis. Alí Farmy Bey, príncipe egipcio cuya familia decía descender de los faraones, fue asesinado en un hotel de Londres, y su hermano se suicidó. George Jay Gould, magnate de los ferrocarriles en los Estados Unidos, murió de neumonía después de haberse resfriado en su visita a la tumba, y el millonario sudafricano Wooll Joel murió de una caída.

Richard Bethell, que ayudó a Carter a clasificar el tesoro, murió a los 49 años de edad, al parecer suicidado. Meses después, en febrero de 1930, su padre, lord Westbury, se quitó la vida en Londres, al arrojarse por la ventana de su habitación. En su dormitorio tenía un jarrón de alabastro procedente del sepulcro de Tutankamón.

Durante los años que siguieron al descubrimiento de la tumba en 1922, más de una docena de personas, que de algún modo estuvieron relacionadas con ella, murieron de forma natural.

Pero hubo un hombre que jamás dio crédito a la legendaria maldición de los faraones, precisamente quien hubiera tenido más motivos para temerla. Fue Howard Carter, que murió en marzo de 1939 por causas naturales.

Sin embargo, cuando el gobierno egipcio acordó enviar los tesoros de Tutankamón a una exposición, organizada en Paris en 1966, Mohammed Ibraham, director de Antigüedades, soñó que se vería amenazado por males terribles si permitía que salieran del país. Luchó tenazmente contra la decisión, pero tuvo que acceder en el último encuentro en El Cairo ante las autoridades correspondientes. Cuando salía de la reunión fue arrollado por un automóvil y murió dos días después.


jueves, 26 de julio de 2012

La Demostración Imposible De Houdini

Sir Arthur Conan Doyle (izquierda) junto al mago Harry Houdini (derecha)
Durante algunos años, el mago Harry Houdini y el escritor británico Sir Arthur Conan Doyle, creador de las historias de Sherlock Holmes, fueron amigos. Uno era un archi-escéptico (Houdini), mientras que el otro era un ferviente creyente del Espiritualismo (Doyle).
Posiblemente esperando demostrar a Doyle lo fácil que era verse engañado por mediums, Houdini ofreció a su amigo una extraordinaria demostración, en su propia casa, en presencia de Bernard M.L. Ernst, amigo de Houdini y abogado. Las memorias de Ernst revelan lo que sucedió aquella noche.
Mene, mene, tekel upharsin
Houdini fabricó lo que parecía una pizarra normal, de unos 45 centímetros de largo por 38 de alto. En dos esquinas de esta pizarra se habían practicado agujeros y a través se estos agujeros se habían pasado cables. Estos cables tenían varios pies (un pie equivale a unos 30cm) de longitud, y se habían unido ganchos a los otros extremos de los cables. Los únicos accesorios eran cuatro pequeñas bolas de corcho (de unos dos centímetros de diámetro), un tintero lleno de tinta blanca, y una cuchara de mesa.

Houdini pasó la pizarra a Sir Arthur para que la examinara. Se le pidió que suspendiera la pizarra en mitad de la sala, a través de los cables y ganchos, dejándola libre para balancearse, a varios pies de distancia de cualquier cosa. Para eliminar la posibilidad de conexiones eléctricas de cualquier tipo, se pidió a Sir Arthur que colgase los ganchos del lugar de la sala que quisiera. Colgó uno sobre el borde del marco de un cuadro, y el otro en un gran libro, en una estantería de la biblioteca de Houdini. La pizarra de esta forma podía balancearse libremente, en el centro de la sala, quedando soportada por los dos cables que pasaban a través de los agujeros en sus esquinas superiores. La pizarra fue inspeccionada y limpiada.
Houdini entonces invitó a Sir Arthur a examinar las cuatro bolas de corcho del platillo. Se le pidió que seleccionara la que quisiera, y, para demostrar que no estaban preparadas, a que las cortara en dos con su cuchillo, de esta forma verificando que eran simples bolas sólidas de corcho. Todo se hizo sin problemas. Otra bola fue seleccionada entonces, y, mediante la cuchara, se colocó en la tinta blanca, donde fue removida hasta que su superficie quedó igualmente cubierta con el líquido. Se dejó entonces en la tinta para que absorbiera tanto líquido como fuese posible. A petición de Houdini, Sir Arthur se llevó las otras bolas con él para examinarlas.
“¿Tiene un trozo de papel en su bolsillo y algo con lo que pueda escribir?”, preguntó Houdini a Doyle. Tenía un lápiz.
“Sir Arthur”, continuó Houdini, “quiero que vaya fuera de la casa, pasee a dónde guste, tan lejos como quiera y el cualquier dirección; entonces escriba una pregunta o frase en ese trozo de papel; póngalo de nuevo en su bolsillo y vuelva a la casa”.
Doyle obedeció, anduvo tres manzanas y giró una esquina antes de escribir sobre el papel. Cuando regresó, Houdini le invitó a tomar la cuchara y remover la bola de corcho, que había estado empapándose en tinta blanca, y luego tocar la bola con el lado izquierda de la pizarra. La bola quedó “pegada” allí, aparentemente por su propia voluntad. Lentamente comenzó a rodar por la superficie de la pizarra, dejando un rastro blanco conforme lo hacía. Conforme la bola rodaba, se vio que escribía las palabras: “Mene, mene, tekel upharsin”, las mismas palabras que Doyle había escrito. Los invitados quedaron sin habla.
Houdini se volvió hacia Doyle y dijo: “Sir Arthur, he dedicado una gran cantidad de tiempo e imaginación en esta ilusión; he estado trabajando en ella, una y otra vez, todo el invierno. No le voy a decir cómo la he realizado, pero puedo asegurarle que es un truco. Lo he realizado por medios perfectamente normales. He ideado esto para demostrarle lo que puede hacerse en estas líneas. Ahora, le ruego, Sir Arthur, no llegue a la conclusión de que ciertas cosas que no ve son necesariamente “sobrenaturales”, o realizadas por “espíritus”, simplemente porque no pueda explicarlas. Esta es una maravillosa demostración como ha podido ser testigo, dado que ha comprobado los elementos, y puedo asegurarle que lo he realizado mediando trucos y nada más. Tenga, por tanto, cuidado en el futuro, al asignar fenómenos simplemente porque no puede explicarlos. Le he ofrecido esta prueba para advertirle de la necesidad de cautela, y sinceramente, espero que saque beneficio de la misma”.
“Sir Arthur”, recuerda Ernst, “llegó a la conclusión de que Houdini en verdad logró esta hazaña mediante ayuda psíquica, y no se le pudo persuadir de otra cosa”. La reacción de Doyle, y el rechazo a considerarlo un truco incluso cuando fue admitido por el mago, era tan típica, apunta Houdini, que “es poco sorprendente que su creencia en el Espiritualismo sea tan implícita.”
El secreto de Berol
El secreto del truco permaneció como un misterio hasta que el mago e historiador Milbourne Christopher lo reveló en su libro Houdini, A Pictorial Life. “Ni Doyle ni Ernst”, escribió Christopher, “pudieron desvelar el misterio. Habrían quedado menos sorprendidos si hubiesen visto al amigo de Houdini, Max Berol, realizarlo en Vaudeville”. Berol lo había estado realizando durante años, tanto en Europa como en América, un acto en el que una bola manchada de tinta escribiría en una pizarra aislada las palabras gritadas por miembros de la audiencia:
“Berol hizo esto cambiando la bola de corcho sólido por una con un núcleo de hierro. Un imán en el extremo de una vara, manipulado por un ayudante oculto tras la pizarra, provocaba que la bola se adhiriera y se moviese aparentemente por su propia voluntad. Después de que Berol se retirase, Houdini compró el equipo. Un ayudante en la sala adyacente a la biblioteca de Houdini había abierto un pequeño panel en el muro y extendió una vara con un imán a través del mismo. La bola de la pizarra tenía un centro de hierro, por supuesto.
Ernst no había recordado que cuando Doyle volvió a la sala, después de haber escrito las palabras fuera, Houdini había hecho una comprobación para asegurarse de que el trozo de papel estaba en el que había escrito Doyle estaba doblado, entonces se lo devolvió inmediatamente a su amigo. Antes de hacer esto, el mago había intercambiado los papeles. Mientras Doyle estaba ocupado recuperando la bola del tintero y llevándola a la pizarra, Houdini leyó las palabras. Su conversación dio la indicación al ayudante oculto. Una vez que el mensaje estuvo escrito en la pizarra, Houdini pidió el papel a Doyle para verificar las palabras. Abrió el papel en blanco, simulando que leía las palabras del mismo, y luego volvió a cambiarlo por el original mientras retornaba el papel original a su amigo. Más tarde, Houdini explicó este proceso de intercambio durante unas charlas públicas sobre mediums fraudulentos”.

Fuente

Se Feliz.
La demostración imposible de Harry Houdini Magicus 4 noviembre 2008 1 Este es un interesantísimo artículo sobre una vieja anécdota entre Harry Houdini y el escritor creador de las historias de Sherlock Holmes. El solo hecho de entender en que año se dió esta situación, es suficiente para quedarse pensando un rato largo. Durante algunos años, el mago Harry Houdini y el escritor británico Sir Arthur Conan Doyle, creador de las historias de Sherlock Holmes, fueron amigos. Uno era un archi-escéptico (Houdini), mientras que el otro era un ferviente creyente del Espiritualismo (Doyle). Posiblemente esperando demostrar a Doyle lo fácil que era verse engañado por mediums, Houdini ofreció a su amigo una extraordinaria demostración, en su propia casa, en presencia de Bernard M.L. Ernst, amigo de Houdini y abogado. Las memorias de Ernst revelan lo que sucedió aquella noche. Mene, mene, tekel upharsin Houdini fabricó lo que parecía una pizarra normal, de unos 45 centímetros de largo por 38 de alto. En dos esquinas de esta pizarra se habían practicado agujeros y a través se estos agujeros se habían pasado cables. Estos cables tenían varios pies (un pie equivale a unos 30cm) de longitud, y se habían unido ganchos a los otros extremos de los cables. Los únicos accesorios eran cuatro pequeñas bolas de corcho (de unos dos centímetros de diámetro), un tintero lleno de tinta blanca, y una cuchara de mesa. Houdini pasó la pizarra a Sir Arthur para que la examinara. Se le pidió que suspendiera la pizarra en mitad de la sala, a través de los cables y ganchos, dejándola libre para balancearse, a varios pies de distancia de cualquier cosa. Para eliminar la posibilidad de conexiones eléctricas de cualquier tipo, se pidió a Sir Arthur que colgase los ganchos del lugar de la sala que quisiera. Colgó uno sobre el borde del marco de un cuadro, y el otro en un gran libro, en una estantería de la biblioteca de Houdini. La pizarra de esta forma podía balancearse libremente, en el centro de la sala, quedando soportada por los dos cables que pasaban a través de los agujeros en sus esquinas superiores. La pizarra fue inspeccionada y limpiada. Houdini entonces invitó a Sir Arthur a examinar las cuatro bolas de corcho del platillo. Se le pidió que seleccionara la que quisiera, y, para demostrar que no estaban preparadas, a que las cortara en dos con su cuchillo, de esta forma verificando que eran simples bolas sólidas de corcho. Todo se hizo sin problemas. Otra bola fue seleccionada entonces, y, mediante la cuchara, se colocó en la tinta blanca, donde fue removida hasta que su superficie quedó igualmente cubierta con el líquido. Se dejó entonces en la tinta para que absorbiera tanto líquido como fuese posible. A petición de Houdini, Sir Arthur se llevó las otras bolas con él para examinarlas. “¿Tiene un trozo de papel en su bolsillo y algo con lo que pueda escribir?”, preguntó Houdini a Doyle. Tenía un lápiz. “Sir Arthur”, continuó Houdini, “quiero que vaya fuera de la casa, pasee a dónde guste, tan lejos como quiera y el cualquier dirección; entonces escriba una pregunta o frase en ese trozo de papel; póngalo de nuevo en su bolsillo y vuelva a la casa”. Doyle obedeció, anduvo tres manzanas y giró una esquina antes de escribir sobre el papel. Cuando regresó, Houdini le invitó a tomar la cuchara y remover la bola de corcho, que había estado empapándose en tinta blanca, y luego tocar la bola con el lado izquierda de la pizarra. La bola quedó “pegada” allí, aparentemente por su propia voluntad. Lentamente comenzó a rodar por la superficie de la pizarra, dejando un rastro blanco conforme lo hacía. Conforme la bola rodaba, se vio que escribía las palabras: “Mene, mene, tekel upharsin”, las mismas palabras que Doyle había escrito. Los invitados quedaron sin habla. Houdini se volvió hacia Doyle y dijo: “Sir Arthur, he dedicado una gran cantidad de tiempo e imaginación en esta ilusión; he estado trabajando en ella, una y otra vez, todo el invierno. No le voy a decir cómo la he realizado, pero puedo asegurarle que es un truco. Lo he realizado por medios perfectamente normales. He ideado esto para demostrarle lo que puede hacerse en estas líneas. Ahora, le ruego, Sir Arthur, no llegue a la conclusión de que ciertas cosas que no ve son necesariamente “sobrenaturales”, o realizadas por “espíritus”, simplemente porque no pueda explicarlas. Esta es una maravillosa demostración como ha podido ser testigo, dado que ha comprobado los elementos, y puedo asegurarle que lo he realizado mediando trucos y nada más. Tenga, por tanto, cuidado en el futuro, al asignar fenómenos simplemente porque no puede explicarlos. Le he ofrecido esta prueba para advertirle de la necesidad de cautela, y sinceramente, espero que saque beneficio de la misma”. “Sir Arthur”, recuerda Ernst, “llegó a la conclusión de que Houdini en verdad logró esta hazaña mediante ayuda psíquica, y no se le pudo persuadir de otra cosa”. La reacción de Doyle, y el rechazo a considerarlo un truco incluso cuando fue admitido por el mago, era tan típica, apunta Houdini, que “es poco sorprendente que su creencia en el Espiritualismo sea tan implícita.” El secreto de Berol El secreto del truco permaneció como un misterio hasta que el mago e historiador Milbourne Christopher lo reveló en su libro Houdini, A Pictorial Life. “Ni Doyle ni Ernst”, escribió Christopher, “pudieron desvelar el misterio. Habrían quedado menos sorprendidos si hubiesen visto al amigo de Houdini, Max Berol, realizarlo en Vaudeville”. Berol lo había estado realizando durante años, tanto en Europa como en América, un acto en el que una bola manchada de tinta escribiría en una pizarra aislada las palabras gritadas por miembros de la audiencia: “Berol hizo esto cambiando la bola de corcho sólido por una con un núcleo de hierro. Un imán en el extremo de una vara, manipulado por un ayudante oculto tras la pizarra, provocaba que la bola se adhiriera y se moviese aparentemente por su propia voluntad. Después de que Berol se retirase, Houdini compró el equipo. Un ayudante en la sala adyacente a la biblioteca de Houdini había abierto un pequeño panel en el muro y extendió una vara con un imán a través del mismo. La bola de la pizarra tenía un centro de hierro, por supuesto. Ernst no había recordado que cuando Doyle volvió a la sala, después de haber escrito las palabras fuera, Houdini había hecho una comprobación para asegurarse de que el trozo de papel estaba en el que había escrito Doyle estaba doblado, entonces se lo devolvió inmediatamente a su amigo. Antes de hacer esto, el mago había intercambiado los papeles. Mientras Doyle estaba ocupado recuperando la bola del tintero y llevándola a la pizarra, Houdini leyó las palabras. Su conversación dio la indicación al ayudante oculto. Una vez que el mensaje estuvo escrito en la pizarra, Houdini pidió el papel a Doyle para verificar las palabras. Abrió el papel en blanco, simulando que leía las palabras del mismo, y luego volvió a cambiarlo por el original mientras retornaba el papel original a su amigo. Más tarde, Houdini explicó este proceso de intercambio durante unas charlas públicas sobre mediums fraudulentos”.

Puedes ver el artículo original en Portal de Magia: La demostración imposible de Harry Houdini http://www.portaldemagia.net/la-demostracion-imposible-de-houdini/
La demostración imposible de Harry Houdini Magicus 4 noviembre 2008 1 Este es un interesantísimo artículo sobre una vieja anécdota entre Harry Houdini y el escritor creador de las historias de Sherlock Holmes. El solo hecho de entender en que año se dió esta situación, es suficiente para quedarse pensando un rato largo. Durante algunos años, el mago Harry Houdini y el escritor británico Sir Arthur Conan Doyle, creador de las historias de Sherlock Holmes, fueron amigos. Uno era un archi-escéptico (Houdini), mientras que el otro era un ferviente creyente del Espiritualismo (Doyle). Posiblemente esperando demostrar a Doyle lo fácil que era verse engañado por mediums, Houdini ofreció a su amigo una extraordinaria demostración, en su propia casa, en presencia de Bernard M.L. Ernst, amigo de Houdini y abogado. Las memorias de Ernst revelan lo que sucedió aquella noche. Mene, mene, tekel upharsin Houdini fabricó lo que parecía una pizarra normal, de unos 45 centímetros de largo por 38 de alto. En dos esquinas de esta pizarra se habían practicado agujeros y a través se estos agujeros se habían pasado cables. Estos cables tenían varios pies (un pie equivale a unos 30cm) de longitud, y se habían unido ganchos a los otros extremos de los cables. Los únicos accesorios eran cuatro pequeñas bolas de corcho (de unos dos centímetros de diámetro), un tintero lleno de tinta blanca, y una cuchara de mesa. Houdini pasó la pizarra a Sir Arthur para que la examinara. Se le pidió que suspendiera la pizarra en mitad de la sala, a través de los cables y ganchos, dejándola libre para balancearse, a varios pies de distancia de cualquier cosa. Para eliminar la posibilidad de conexiones eléctricas de cualquier tipo, se pidió a Sir Arthur que colgase los ganchos del lugar de la sala que quisiera. Colgó uno sobre el borde del marco de un cuadro, y el otro en un gran libro, en una estantería de la biblioteca de Houdini. La pizarra de esta forma podía balancearse libremente, en el centro de la sala, quedando soportada por los dos cables que pasaban a través de los agujeros en sus esquinas superiores. La pizarra fue inspeccionada y limpiada. Houdini entonces invitó a Sir Arthur a examinar las cuatro bolas de corcho del platillo. Se le pidió que seleccionara la que quisiera, y, para demostrar que no estaban preparadas, a que las cortara en dos con su cuchillo, de esta forma verificando que eran simples bolas sólidas de corcho. Todo se hizo sin problemas. Otra bola fue seleccionada entonces, y, mediante la cuchara, se colocó en la tinta blanca, donde fue removida hasta que su superficie quedó igualmente cubierta con el líquido. Se dejó entonces en la tinta para que absorbiera tanto líquido como fuese posible. A petición de Houdini, Sir Arthur se llevó las otras bolas con él para examinarlas. “¿Tiene un trozo de papel en su bolsillo y algo con lo que pueda escribir?”, preguntó Houdini a Doyle. Tenía un lápiz. “Sir Arthur”, continuó Houdini, “quiero que vaya fuera de la casa, pasee a dónde guste, tan lejos como quiera y el cualquier dirección; entonces escriba una pregunta o frase en ese trozo de papel; póngalo de nuevo en su bolsillo y vuelva a la casa”. Doyle obedeció, anduvo tres manzanas y giró una esquina antes de escribir sobre el papel. Cuando regresó, Houdini le invitó a tomar la cuchara y remover la bola de corcho, que había estado empapándose en tinta blanca, y luego tocar la bola con el lado izquierda de la pizarra. La bola quedó “pegada” allí, aparentemente por su propia voluntad. Lentamente comenzó a rodar por la superficie de la pizarra, dejando un rastro blanco conforme lo hacía. Conforme la bola rodaba, se vio que escribía las palabras: “Mene, mene, tekel upharsin”, las mismas palabras que Doyle había escrito. Los invitados quedaron sin habla. Houdini se volvió hacia Doyle y dijo: “Sir Arthur, he dedicado una gran cantidad de tiempo e imaginación en esta ilusión; he estado trabajando en ella, una y otra vez, todo el invierno. No le voy a decir cómo la he realizado, pero puedo asegurarle que es un truco. Lo he realizado por medios perfectamente normales. He ideado esto para demostrarle lo que puede hacerse en estas líneas. Ahora, le ruego, Sir Arthur, no llegue a la conclusión de que ciertas cosas que no ve son necesariamente “sobrenaturales”, o realizadas por “espíritus”, simplemente porque no pueda explicarlas. Esta es una maravillosa demostración como ha podido ser testigo, dado que ha comprobado los elementos, y puedo asegurarle que lo he realizado mediando trucos y nada más. Tenga, por tanto, cuidado en el futuro, al asignar fenómenos simplemente porque no puede explicarlos. Le he ofrecido esta prueba para advertirle de la necesidad de cautela, y sinceramente, espero que saque beneficio de la misma”. “Sir Arthur”, recuerda Ernst, “llegó a la conclusión de que Houdini en verdad logró esta hazaña mediante ayuda psíquica, y no se le pudo persuadir de otra cosa”. La reacción de Doyle, y el rechazo a considerarlo un truco incluso cuando fue admitido por el mago, era tan típica, apunta Houdini, que “es poco sorprendente que su creencia en el Espiritualismo sea tan implícita.” El secreto de Berol El secreto del truco permaneció como un misterio hasta que el mago e historiador Milbourne Christopher lo reveló en su libro Houdini, A Pictorial Life. “Ni Doyle ni Ernst”, escribió Christopher, “pudieron desvelar el misterio. Habrían quedado menos sorprendidos si hubiesen visto al amigo de Houdini, Max Berol, realizarlo en Vaudeville”. Berol lo había estado realizando durante años, tanto en Europa como en América, un acto en el que una bola manchada de tinta escribiría en una pizarra aislada las palabras gritadas por miembros de la audiencia: “Berol hizo esto cambiando la bola de corcho sólido por una con un núcleo de hierro. Un imán en el extremo de una vara, manipulado por un ayudante oculto tras la pizarra, provocaba que la bola se adhiriera y se moviese aparentemente por su propia voluntad. Después de que Berol se retirase, Houdini compró el equipo. Un ayudante en la sala adyacente a la biblioteca de Houdini había abierto un pequeño panel en el muro y extendió una vara con un imán a través del mismo. La bola de la pizarra tenía un centro de hierro, por supuesto. Ernst no había recordado que cuando Doyle volvió a la sala, después de haber escrito las palabras fuera, Houdini había hecho una comprobación para asegurarse de que el trozo de papel estaba en el que había escrito Doyle estaba doblado, entonces se lo devolvió inmediatamente a su amigo. Antes de hacer esto, el mago había intercambiado los papeles. Mientras Doyle estaba ocupado recuperando la bola del tintero y llevándola a la pizarra, Houdini leyó las palabras. Su conversación dio la indicación al ayudante oculto. Una vez que el mensaje estuvo escrito en la pizarra, Houdini pidió el papel a Doyle para verificar las palabras. Abrió el papel en blanco, simulando que leía las palabras del mismo, y luego volvió a cambiarlo por el original mientras retornaba el papel original a su amigo. Más tarde, Houdini explicó este proceso de intercambio durante unas charlas públicas sobre mediums fraudulentos”.

Puedes ver el artículo original en Portal de Magia: La demostración imposible de Harry Houdini http://www.portaldemagia.net/la-demostracion-imposible-de-houdini/
La demostración imposible de Harry Houdini Magicus 4 noviembre 2008 1 Este es un interesantísimo artículo sobre una vieja anécdota entre Harry Houdini y el escritor creador de las historias de Sherlock Holmes. El solo hecho de entender en que año se dió esta situación, es suficiente para quedarse pensando un rato largo. Durante algunos años, el mago Harry Houdini y el escritor británico Sir Arthur Conan Doyle, creador de las historias de Sherlock Holmes, fueron amigos. Uno era un archi-escéptico (Houdini), mientras que el otro era un ferviente creyente del Espiritualismo (Doyle). Posiblemente esperando demostrar a Doyle lo fácil que era verse engañado por mediums, Houdini ofreció a su amigo una extraordinaria demostración, en su propia casa, en presencia de Bernard M.L. Ernst, amigo de Houdini y abogado. Las memorias de Ernst revelan lo que sucedió aquella noche. Mene, mene, tekel upharsin Houdini fabricó lo que parecía una pizarra normal, de unos 45 centímetros de largo por 38 de alto. En dos esquinas de esta pizarra se habían practicado agujeros y a través se estos agujeros se habían pasado cables. Estos cables tenían varios pies (un pie equivale a unos 30cm) de longitud, y se habían unido ganchos a los otros extremos de los cables. Los únicos accesorios eran cuatro pequeñas bolas de corcho (de unos dos centímetros de diámetro), un tintero lleno de tinta blanca, y una cuchara de mesa. Houdini pasó la pizarra a Sir Arthur para que la examinara. Se le pidió que suspendiera la pizarra en mitad de la sala, a través de los cables y ganchos, dejándola libre para balancearse, a varios pies de distancia de cualquier cosa. Para eliminar la posibilidad de conexiones eléctricas de cualquier tipo, se pidió a Sir Arthur que colgase los ganchos del lugar de la sala que quisiera. Colgó uno sobre el borde del marco de un cuadro, y el otro en un gran libro, en una estantería de la biblioteca de Houdini. La pizarra de esta forma podía balancearse libremente, en el centro de la sala, quedando soportada por los dos cables que pasaban a través de los agujeros en sus esquinas superiores. La pizarra fue inspeccionada y limpiada. Houdini entonces invitó a Sir Arthur a examinar las cuatro bolas de corcho del platillo. Se le pidió que seleccionara la que quisiera, y, para demostrar que no estaban preparadas, a que las cortara en dos con su cuchillo, de esta forma verificando que eran simples bolas sólidas de corcho. Todo se hizo sin problemas. Otra bola fue seleccionada entonces, y, mediante la cuchara, se colocó en la tinta blanca, donde fue removida hasta que su superficie quedó igualmente cubierta con el líquido. Se dejó entonces en la tinta para que absorbiera tanto líquido como fuese posible. A petición de Houdini, Sir Arthur se llevó las otras bolas con él para examinarlas. “¿Tiene un trozo de papel en su bolsillo y algo con lo que pueda escribir?”, preguntó Houdini a Doyle. Tenía un lápiz. “Sir Arthur”, continuó Houdini, “quiero que vaya fuera de la casa, pasee a dónde guste, tan lejos como quiera y el cualquier dirección; entonces escriba una pregunta o frase en ese trozo de papel; póngalo de nuevo en su bolsillo y vuelva a la casa”. Doyle obedeció, anduvo tres manzanas y giró una esquina antes de escribir sobre el papel. Cuando regresó, Houdini le invitó a tomar la cuchara y remover la bola de corcho, que había estado empapándose en tinta blanca, y luego tocar la bola con el lado izquierda de la pizarra. La bola quedó “pegada” allí, aparentemente por su propia voluntad. Lentamente comenzó a rodar por la superficie de la pizarra, dejando un rastro blanco conforme lo hacía. Conforme la bola rodaba, se vio que escribía las palabras: “Mene, mene, tekel upharsin”, las mismas palabras que Doyle había escrito. Los invitados quedaron sin habla. Houdini se volvió hacia Doyle y dijo: “Sir Arthur, he dedicado una gran cantidad de tiempo e imaginación en esta ilusión; he estado trabajando en ella, una y otra vez, todo el invierno. No le voy a decir cómo la he realizado, pero puedo asegurarle que es un truco. Lo he realizado por medios perfectamente normales. He ideado esto para demostrarle lo que puede hacerse en estas líneas. Ahora, le ruego, Sir Arthur, no llegue a la conclusión de que ciertas cosas que no ve son necesariamente “sobrenaturales”, o realizadas por “espíritus”, simplemente porque no pueda explicarlas. Esta es una maravillosa demostración como ha podido ser testigo, dado que ha comprobado los elementos, y puedo asegurarle que lo he realizado mediando trucos y nada más. Tenga, por tanto, cuidado en el futuro, al asignar fenómenos simplemente porque no puede explicarlos. Le he ofrecido esta prueba para advertirle de la necesidad de cautela, y sinceramente, espero que saque beneficio de la misma”. “Sir Arthur”, recuerda Ernst, “llegó a la conclusión de que Houdini en verdad logró esta hazaña mediante ayuda psíquica, y no se le pudo persuadir de otra cosa”. La reacción de Doyle, y el rechazo a considerarlo un truco incluso cuando fue admitido por el mago, era tan típica, apunta Houdini, que “es poco sorprendente que su creencia en el Espiritualismo sea tan implícita.” El secreto de Berol El secreto del truco permaneció como un misterio hasta que el mago e historiador Milbourne Christopher lo reveló en su libro Houdini, A Pictorial Life. “Ni Doyle ni Ernst”, escribió Christopher, “pudieron desvelar el misterio. Habrían quedado menos sorprendidos si hubiesen visto al amigo de Houdini, Max Berol, realizarlo en Vaudeville”. Berol lo había estado realizando durante años, tanto en Europa como en América, un acto en el que una bola manchada de tinta escribiría en una pizarra aislada las palabras gritadas por miembros de la audiencia: “Berol hizo esto cambiando la bola de corcho sólido por una con un núcleo de hierro. Un imán en el extremo de una vara, manipulado por un ayudante oculto tras la pizarra, provocaba que la bola se adhiriera y se moviese aparentemente por su propia voluntad. Después de que Berol se retirase, Houdini compró el equipo. Un ayudante en la sala adyacente a la biblioteca de Houdini había abierto un pequeño panel en el muro y extendió una vara con un imán a través del mismo. La bola de la pizarra tenía un centro de hierro, por supuesto. Ernst no había recordado que cuando Doyle volvió a la sala, después de haber escrito las palabras fuera, Houdini había hecho una comprobación para asegurarse de que el trozo de papel estaba en el que había escrito Doyle estaba doblado, entonces se lo devolvió inmediatamente a su amigo. Antes de hacer esto, el mago había intercambiado los papeles. Mientras Doyle estaba ocupado recuperando la bola del tintero y llevándola a la pizarra, Houdini leyó las palabras. Su conversación dio la indicación al ayudante oculto. Una vez que el mensaje estuvo escrito en la pizarra, Houdini pidió el papel a Doyle para verificar las palabras. Abrió el papel en blanco, simulando que leía las palabras del mismo, y luego volvió a cambiarlo por el original mientras retornaba el papel original a su amigo. Más tarde, Houdini explicó este proceso de intercambio durante unas charlas públicas sobre mediums fraudulentos”.

Puedes ver el artículo original en Portal de Magia: La demostración imposible de Harry Houdini http://www.portaldemagia.net/la-demostracion-imposible-de-houdini/
La demostración imposible de Harry Houdini Magicus 4 noviembre 2008 1 Este es un interesantísimo artículo sobre una vieja anécdota entre Harry Houdini y el escritor creador de las historias de Sherlock Holmes. El solo hecho de entender en que año se dió esta situación, es suficiente para quedarse pensando un rato largo. Durante algunos años, el mago Harry Houdini y el escritor británico Sir Arthur Conan Doyle, creador de las historias de Sherlock Holmes, fueron amigos. Uno era un archi-escéptico (Houdini), mientras que el otro era un ferviente creyente del Espiritualismo (Doyle). Posiblemente esperando demostrar a Doyle lo fácil que era verse engañado por mediums, Houdini ofreció a su amigo una extraordinaria demostración, en su propia casa, en presencia de Bernard M.L. Ernst, amigo de Houdini y abogado. Las memorias de Ernst revelan lo que sucedió aquella noche. Mene, mene, tekel upharsin Houdini fabricó lo que parecía una pizarra normal, de unos 45 centímetros de largo por 38 de alto. En dos esquinas de esta pizarra se habían practicado agujeros y a través se estos agujeros se habían pasado cables. Estos cables tenían varios pies (un pie equivale a unos 30cm) de longitud, y se habían unido ganchos a los otros extremos de los cables. Los únicos accesorios eran cuatro pequeñas bolas de corcho (de unos dos centímetros de diámetro), un tintero lleno de tinta blanca, y una cuchara de mesa. Houdini pasó la pizarra a Sir Arthur para que la examinara. Se le pidió que suspendiera la pizarra en mitad de la sala, a través de los cables y ganchos, dejándola libre para balancearse, a varios pies de distancia de cualquier cosa. Para eliminar la posibilidad de conexiones eléctricas de cualquier tipo, se pidió a Sir Arthur que colgase los ganchos del lugar de la sala que quisiera. Colgó uno sobre el borde del marco de un cuadro, y el otro en un gran libro, en una estantería de la biblioteca de Houdini. La pizarra de esta forma podía balancearse libremente, en el centro de la sala, quedando soportada por los dos cables que pasaban a través de los agujeros en sus esquinas superiores. La pizarra fue inspeccionada y limpiada. Houdini entonces invitó a Sir Arthur a examinar las cuatro bolas de corcho del platillo. Se le pidió que seleccionara la que quisiera, y, para demostrar que no estaban preparadas, a que las cortara en dos con su cuchillo, de esta forma verificando que eran simples bolas sólidas de corcho. Todo se hizo sin problemas. Otra bola fue seleccionada entonces, y, mediante la cuchara, se colocó en la tinta blanca, donde fue removida hasta que su superficie quedó igualmente cubierta con el líquido. Se dejó entonces en la tinta para que absorbiera tanto líquido como fuese posible. A petición de Houdini, Sir Arthur se llevó las otras bolas con él para examinarlas. “¿Tiene un trozo de papel en su bolsillo y algo con lo que pueda escribir?”, preguntó Houdini a Doyle. Tenía un lápiz. “Sir Arthur”, continuó Houdini, “quiero que vaya fuera de la casa, pasee a dónde guste, tan lejos como quiera y el cualquier dirección; entonces escriba una pregunta o frase en ese trozo de papel; póngalo de nuevo en su bolsillo y vuelva a la casa”. Doyle obedeció, anduvo tres manzanas y giró una esquina antes de escribir sobre el papel. Cuando regresó, Houdini le invitó a tomar la cuchara y remover la bola de corcho, que había estado empapándose en tinta blanca, y luego tocar la bola con el lado izquierda de la pizarra. La bola quedó “pegada” allí, aparentemente por su propia voluntad. Lentamente comenzó a rodar por la superficie de la pizarra, dejando un rastro blanco conforme lo hacía. Conforme la bola rodaba, se vio que escribía las palabras: “Mene, mene, tekel upharsin”, las mismas palabras que Doyle había escrito. Los invitados quedaron sin habla. Houdini se volvió hacia Doyle y dijo: “Sir Arthur, he dedicado una gran cantidad de tiempo e imaginación en esta ilusión; he estado trabajando en ella, una y otra vez, todo el invierno. No le voy a decir cómo la he realizado, pero puedo asegurarle que es un truco. Lo he realizado por medios perfectamente normales. He ideado esto para demostrarle lo que puede hacerse en estas líneas. Ahora, le ruego, Sir Arthur, no llegue a la conclusión de que ciertas cosas que no ve son necesariamente “sobrenaturales”, o realizadas por “espíritus”, simplemente porque no pueda explicarlas. Esta es una maravillosa demostración como ha podido ser testigo, dado que ha comprobado los elementos, y puedo asegurarle que lo he realizado mediando trucos y nada más. Tenga, por tanto, cuidado en el futuro, al asignar fenómenos simplemente porque no puede explicarlos. Le he ofrecido esta prueba para advertirle de la necesidad de cautela, y sinceramente, espero que saque beneficio de la misma”. “Sir Arthur”, recuerda Ernst, “llegó a la conclusión de que Houdini en verdad logró esta hazaña mediante ayuda psíquica, y no se le pudo persuadir de otra cosa”. La reacción de Doyle, y el rechazo a considerarlo un truco incluso cuando fue admitido por el mago, era tan típica, apunta Houdini, que “es poco sorprendente que su creencia en el Espiritualismo sea tan implícita.” El secreto de Berol El secreto del truco permaneció como un misterio hasta que el mago e historiador Milbourne Christopher lo reveló en su libro Houdini, A Pictorial Life. “Ni Doyle ni Ernst”, escribió Christopher, “pudieron desvelar el misterio. Habrían quedado menos sorprendidos si hubiesen visto al amigo de Houdini, Max Berol, realizarlo en Vaudeville”. Berol lo había estado realizando durante años, tanto en Europa como en América, un acto en el que una bola manchada de tinta escribiría en una pizarra aislada las palabras gritadas por miembros de la audiencia: “Berol hizo esto cambiando la bola de corcho sólido por una con un núcleo de hierro. Un imán en el extremo de una vara, manipulado por un ayudante oculto tras la pizarra, provocaba que la bola se adhiriera y se moviese aparentemente por su propia voluntad. Después de que Berol se retirase, Houdini compró el equipo. Un ayudante en la sala adyacente a la biblioteca de Houdini había abierto un pequeño panel en el muro y extendió una vara con un imán a través del mismo. La bola de la pizarra tenía un centro de hierro, por supuesto. Ernst no había recordado que cuando Doyle volvió a la sala, después de haber escrito las palabras fuera, Houdini había hecho una comprobación para asegurarse de que el trozo de papel estaba en el que había escrito Doyle estaba doblado, entonces se lo devolvió inmediatamente a su amigo. Antes de hacer esto, el mago había intercambiado los papeles. Mientras Doyle estaba ocupado recuperando la bola del tintero y llevándola a la pizarra, Houdini leyó las palabras. Su conversación dio la indicación al ayudante oculto. Una vez que el mensaje estuvo escrito en la pizarra, Houdini pidió el papel a Doyle para verificar las palabras. Abrió el papel en blanco, simulando que leía las palabras del mismo, y luego volvió a cambiarlo por el original mientras retornaba el papel original a su amigo. Más tarde, Houdini explicó este proceso de intercambio durante unas charlas públicas sobre mediums fraudulentos”.

Puedes ver el artículo original en Portal de Magia: La demostración imposible de Harry Houdini http://www.portaldemagia.net/la-demostracion-imposible-de-houdini/
La demostración imposible de Harry Houdini Magicus 4 noviembre 2008 1 Este es un interesantísimo artículo sobre una vieja anécdota entre Harry Houdini y el escritor creador de las historias de Sherlock Holmes. El solo hecho de entender en que año se dió esta situación, es suficiente para quedarse pensando un rato largo. Durante algunos años, el mago Harry Houdini y el escritor británico Sir Arthur Conan Doyle, creador de las historias de Sherlock Holmes, fueron amigos. Uno era un archi-escéptico (Houdini), mientras que el otro era un ferviente creyente del Espiritualismo (Doyle). Posiblemente esperando demostrar a Doyle lo fácil que era verse engañado por mediums, Houdini ofreció a su amigo una extraordinaria demostración, en su propia casa, en presencia de Bernard M.L. Ernst, amigo de Houdini y abogado. Las memorias de Ernst revelan lo que sucedió aquella noche. Mene, mene, tekel upharsin Houdini fabricó lo que parecía una pizarra normal, de unos 45 centímetros de largo por 38 de alto. En dos esquinas de esta pizarra se habían practicado agujeros y a través se estos agujeros se habían pasado cables. Estos cables tenían varios pies (un pie equivale a unos 30cm) de longitud, y se habían unido ganchos a los otros extremos de los cables. Los únicos accesorios eran cuatro pequeñas bolas de corcho (de unos dos centímetros de diámetro), un tintero lleno de tinta blanca, y una cuchara de mesa. Houdini pasó la pizarra a Sir Arthur para que la examinara. Se le pidió que suspendiera la pizarra en mitad de la sala, a través de los cables y ganchos, dejándola libre para balancearse, a varios pies de distancia de cualquier cosa. Para eliminar la posibilidad de conexiones eléctricas de cualquier tipo, se pidió a Sir Arthur que colgase los ganchos del lugar de la sala que quisiera. Colgó uno sobre el borde del marco de un cuadro, y el otro en un gran libro, en una estantería de la biblioteca de Houdini. La pizarra de esta forma podía balancearse libremente, en el centro de la sala, quedando soportada por los dos cables que pasaban a través de los agujeros en sus esquinas superiores. La pizarra fue inspeccionada y limpiada. Houdini entonces invitó a Sir Arthur a examinar las cuatro bolas de corcho del platillo. Se le pidió que seleccionara la que quisiera, y, para demostrar que no estaban preparadas, a que las cortara en dos con su cuchillo, de esta forma verificando que eran simples bolas sólidas de corcho. Todo se hizo sin problemas. Otra bola fue seleccionada entonces, y, mediante la cuchara, se colocó en la tinta blanca, donde fue removida hasta que su superficie quedó igualmente cubierta con el líquido. Se dejó entonces en la tinta para que absorbiera tanto líquido como fuese posible. A petición de Houdini, Sir Arthur se llevó las otras bolas con él para examinarlas. “¿Tiene un trozo de papel en su bolsillo y algo con lo que pueda escribir?”, preguntó Houdini a Doyle. Tenía un lápiz. “Sir Arthur”, continuó Houdini, “quiero que vaya fuera de la casa, pasee a dónde guste, tan lejos como quiera y el cualquier dirección; entonces escriba una pregunta o frase en ese trozo de papel; póngalo de nuevo en su bolsillo y vuelva a la casa”. Doyle obedeció, anduvo tres manzanas y giró una esquina antes de escribir sobre el papel. Cuando regresó, Houdini le invitó a tomar la cuchara y remover la bola de corcho, que había estado empapándose en tinta blanca, y luego tocar la bola con el lado izquierda de la pizarra. La bola quedó “pegada” allí, aparentemente por su propia voluntad. Lentamente comenzó a rodar por la superficie de la pizarra, dejando un rastro blanco conforme lo hacía. Conforme la bola rodaba, se vio que escribía las palabras: “Mene, mene, tekel upharsin”, las mismas palabras que Doyle había escrito. Los invitados quedaron sin habla. Houdini se volvió hacia Doyle y dijo: “Sir Arthur, he dedicado una gran cantidad de tiempo e imaginación en esta ilusión; he estado trabajando en ella, una y otra vez, todo el invierno. No le voy a decir cómo la he realizado, pero puedo asegurarle que es un truco. Lo he realizado por medios perfectamente normales. He ideado esto para demostrarle lo que puede hacerse en estas líneas. Ahora, le ruego, Sir Arthur, no llegue a la conclusión de que ciertas cosas que no ve son necesariamente “sobrenaturales”, o realizadas por “espíritus”, simplemente porque no pueda explicarlas. Esta es una maravillosa demostración como ha podido ser testigo, dado que ha comprobado los elementos, y puedo asegurarle que lo he realizado mediando trucos y nada más. Tenga, por tanto, cuidado en el futuro, al asignar fenómenos simplemente porque no puede explicarlos. Le he ofrecido esta prueba para advertirle de la necesidad de cautela, y sinceramente, espero que saque beneficio de la misma”. “Sir Arthur”, recuerda Ernst, “llegó a la conclusión de que Houdini en verdad logró esta hazaña mediante ayuda psíquica, y no se le pudo persuadir de otra cosa”. La reacción de Doyle, y el rechazo a considerarlo un truco incluso cuando fue admitido por el mago, era tan típica, apunta Houdini, que “es poco sorprendente que su creencia en el Espiritualismo sea tan implícita.” El secreto de Berol El secreto del truco permaneció como un misterio hasta que el mago e historiador Milbourne Christopher lo reveló en su libro Houdini, A Pictorial Life. “Ni Doyle ni Ernst”, escribió Christopher, “pudieron desvelar el misterio. Habrían quedado menos sorprendidos si hubiesen visto al amigo de Houdini, Max Berol, realizarlo en Vaudeville”. Berol lo había estado realizando durante años, tanto en Europa como en América, un acto en el que una bola manchada de tinta escribiría en una pizarra aislada las palabras gritadas por miembros de la audiencia: “Berol hizo esto cambiando la bola de corcho sólido por una con un núcleo de hierro. Un imán en el extremo de una vara, manipulado por un ayudante oculto tras la pizarra, provocaba que la bola se adhiriera y se moviese aparentemente por su propia voluntad. Después de que Berol se retirase, Houdini compró el equipo. Un ayudante en la sala adyacente a la biblioteca de Houdini había abierto un pequeño panel en el muro y extendió una vara con un imán a través del mismo. La bola de la pizarra tenía un centro de hierro, por supuesto. Ernst no había recordado que cuando Doyle volvió a la sala, después de haber escrito las palabras fuera, Houdini había hecho una comprobación para asegurarse de que el trozo de papel estaba en el que había escrito Doyle estaba doblado, entonces se lo devolvió inmediatamente a su amigo. Antes de hacer esto, el mago había intercambiado los papeles. Mientras Doyle estaba ocupado recuperando la bola del tintero y llevándola a la pizarra, Houdini leyó las palabras. Su conversación dio la indicación al ayudante oculto. Una vez que el mensaje estuvo escrito en la pizarra, Houdini pidió el papel a Doyle para verificar las palabras. Abrió el papel en blanco, simulando que leía las palabras del mismo, y luego volvió a cambiarlo por el original mientras retornaba el papel original a su amigo. Más tarde, Houdini explicó este proceso de intercambio durante unas charlas públicas sobre mediums fraudulentos”.

Puedes ver el artículo original en Portal de Magia: La demostración imposible de Harry Houdini http://www.portaldemagia.net/la-demostracion-imposible-de-houdini/
La demostración imposible de Harry Houdini Magicus 4 noviembre 2008 1 Este es un interesantísimo artículo sobre una vieja anécdota entre Harry Houdini y el escritor creador de las historias de Sherlock Holmes. El solo hecho de entender en que año se dió esta situación, es suficiente para quedarse pensando un rato largo. Durante algunos años, el mago Harry Houdini y el escritor británico Sir Arthur Conan Doyle, creador de las historias de Sherlock Holmes, fueron amigos. Uno era un archi-escéptico (Houdini), mientras que el otro era un ferviente creyente del Espiritualismo (Doyle). Posiblemente esperando demostrar a Doyle lo fácil que era verse engañado por mediums, Houdini ofreció a su amigo una extraordinaria demostración, en su propia casa, en presencia de Bernard M.L. Ernst, amigo de Houdini y abogado. Las memorias de Ernst revelan lo que sucedió aquella noche. Mene, mene, tekel upharsin Houdini fabricó lo que parecía una pizarra normal, de unos 45 centímetros de largo por 38 de alto. En dos esquinas de esta pizarra se habían practicado agujeros y a través se estos agujeros se habían pasado cables. Estos cables tenían varios pies (un pie equivale a unos 30cm) de longitud, y se habían unido ganchos a los otros extremos de los cables. Los únicos accesorios eran cuatro pequeñas bolas de corcho (de unos dos centímetros de diámetro), un tintero lleno de tinta blanca, y una cuchara de mesa. Houdini pasó la pizarra a Sir Arthur para que la examinara. Se le pidió que suspendiera la pizarra en mitad de la sala, a través de los cables y ganchos, dejándola libre para balancearse, a varios pies de distancia de cualquier cosa. Para eliminar la posibilidad de conexiones eléctricas de cualquier tipo, se pidió a Sir Arthur que colgase los ganchos del lugar de la sala que quisiera. Colgó uno sobre el borde del marco de un cuadro, y el otro en un gran libro, en una estantería de la biblioteca de Houdini. La pizarra de esta forma podía balancearse libremente, en el centro de la sala, quedando soportada por los dos cables que pasaban a través de los agujeros en sus esquinas superiores. La pizarra fue inspeccionada y limpiada. Houdini entonces invitó a Sir Arthur a examinar las cuatro bolas de corcho del platillo. Se le pidió que seleccionara la que quisiera, y, para demostrar que no estaban preparadas, a que las cortara en dos con su cuchillo, de esta forma verificando que eran simples bolas sólidas de corcho. Todo se hizo sin problemas. Otra bola fue seleccionada entonces, y, mediante la cuchara, se colocó en la tinta blanca, donde fue removida hasta que su superficie quedó igualmente cubierta con el líquido. Se dejó entonces en la tinta para que absorbiera tanto líquido como fuese posible. A petición de Houdini, Sir Arthur se llevó las otras bolas con él para examinarlas. “¿Tiene un trozo de papel en su bolsillo y algo con lo que pueda escribir?”, preguntó Houdini a Doyle. Tenía un lápiz. “Sir Arthur”, continuó Houdini, “quiero que vaya fuera de la casa, pasee a dónde guste, tan lejos como quiera y el cualquier dirección; entonces escriba una pregunta o frase en ese trozo de papel; póngalo de nuevo en su bolsillo y vuelva a la casa”. Doyle obedeció, anduvo tres manzanas y giró una esquina antes de escribir sobre el papel. Cuando regresó, Houdini le invitó a tomar la cuchara y remover la bola de corcho, que había estado empapándose en tinta blanca, y luego tocar la bola con el lado izquierda de la pizarra. La bola quedó “pegada” allí, aparentemente por su propia voluntad. Lentamente comenzó a rodar por la superficie de la pizarra, dejando un rastro blanco conforme lo hacía. Conforme la bola rodaba, se vio que escribía las palabras: “Mene, mene, tekel upharsin”, las mismas palabras que Doyle había escrito. Los invitados quedaron sin habla. Houdini se volvió hacia Doyle y dijo: “Sir Arthur, he dedicado una gran cantidad de tiempo e imaginación en esta ilusión; he estado trabajando en ella, una y otra vez, todo el invierno. No le voy a decir cómo la he realizado, pero puedo asegurarle que es un truco. Lo he realizado por medios perfectamente normales. He ideado esto para demostrarle lo que puede hacerse en estas líneas. Ahora, le ruego, Sir Arthur, no llegue a la conclusión de que ciertas cosas que no ve son necesariamente “sobrenaturales”, o realizadas por “espíritus”, simplemente porque no pueda explicarlas. Esta es una maravillosa demostración como ha podido ser testigo, dado que ha comprobado los elementos, y puedo asegurarle que lo he realizado mediando trucos y nada más. Tenga, por tanto, cuidado en el futuro, al asignar fenómenos simplemente porque no puede explicarlos. Le he ofrecido esta prueba para advertirle de la necesidad de cautela, y sinceramente, espero que saque beneficio de la misma”. “Sir Arthur”, recuerda Ernst, “llegó a la conclusión de que Houdini en verdad logró esta hazaña mediante ayuda psíquica, y no se le pudo persuadir de otra cosa”. La reacción de Doyle, y el rechazo a considerarlo un truco incluso cuando fue admitido por el mago, era tan típica, apunta Houdini, que “es poco sorprendente que su creencia en el Espiritualismo sea tan implícita.” El secreto de Berol El secreto del truco permaneció como un misterio hasta que el mago e historiador Milbourne Christopher lo reveló en su libro Houdini, A Pictorial Life. “Ni Doyle ni Ernst”, escribió Christopher, “pudieron desvelar el misterio. Habrían quedado menos sorprendidos si hubiesen visto al amigo de Houdini, Max Berol, realizarlo en Vaudeville”. Berol lo había estado realizando durante años, tanto en Europa como en América, un acto en el que una bola manchada de tinta escribiría en una pizarra aislada las palabras gritadas por miembros de la audiencia: “Berol hizo esto cambiando la bola de corcho sólido por una con un núcleo de hierro. Un imán en el extremo de una vara, manipulado por un ayudante oculto tras la pizarra, provocaba que la bola se adhiriera y se moviese aparentemente por su propia voluntad. Después de que Berol se retirase, Houdini compró el equipo. Un ayudante en la sala adyacente a la biblioteca de Houdini había abierto un pequeño panel en el muro y extendió una vara con un imán a través del mismo. La bola de la pizarra tenía un centro de hierro, por supuesto. Ernst no había recordado que cuando Doyle volvió a la sala, después de haber escrito las palabras fuera, Houdini había hecho una comprobación para asegurarse de que el trozo de papel estaba en el que había escrito Doyle estaba doblado, entonces se lo devolvió inmediatamente a su amigo. Antes de hacer esto, el mago había intercambiado los papeles. Mientras Doyle estaba ocupado recuperando la bola del tintero y llevándola a la pizarra, Houdini leyó las palabras. Su conversación dio la indicación al ayudante oculto. Una vez que el mensaje estuvo escrito en la pizarra, Houdini pidió el papel a Doyle para verificar las palabras. Abrió el papel en blanco, simulando que leía las palabras del mismo, y luego volvió a cambiarlo por el original mientras retornaba el papel original a su amigo. Más tarde, Houdini explicó este proceso de intercambio durante unas charlas públicas sobre mediums fraudulentos”.

Puedes ver el artículo original en Portal de Magia: La demostración imposible de Harry Houdini http://www.portaldemagia.net/la-demostracion-imposible-de-houdini/