jueves, 13 de septiembre de 2012

Las Brujas


En la Edad Moderna teólogos y juristas forjaron la imagen de las brujas: seres poseídos por el diablo que participaban en el sabbat, un ritual satánico que sólo existió en la imaginación de sus perseguidores.

A pesar de que la brujería había existido durante años, fue a partir de mediados del siglo XV cuando se inició una cruenta «caza de brujas», esto es, la eliminación de un nuevo tipo de herejes supuestamente aliados con el diablo. De hecho, la persecución de hechiceras y brujas —eran sobre todo mujeres— coincidió con un momento de división y crisis religiosa especialmente delicado para la Europa cristiana. La mayoría de quienes fueron juzgados y condenados —muchas veces con la pena de muerte— no había cometido ningún delito demostrable, más bien se trataba de un crimen fundamentalmente imaginario. Los tribunales del Santo Oficio de la Inquisición española fueron uno de los más implacables perseguidores de brujas de toda Europa, especialmente a finales del siglo XV y principios del XVI. Pero no tardaron en alzarse voces críticas entre sus filas, hasta el punto que en 1526 se organizó en Granada un encuentro de juristas con el fin de discutir acerca de la autenticidad de los actos atribuidos a las supuestas brujas. Llegaron a la conclusión de que muchas acusadas de brujería habían sido previamente torturadas por jueces seglares. Sin embargo, también fueron habituales los procesos y condenas por brujería que se produjeron de forma clandestina, al margen de la ley. Es el caso de los «estatutos de desaforamiento», aprobados en Aragón durante la Edad Moderna y que actuaban por encima de la ley. La brujería fue, en resumidas cuentas, el chivo expiatorio al que una comunidad atribuyó desgracias tales como la muerte, la enfermedad, la impotencia o las malas cosechas. La creencia en las brujas ya venía de lejos. En El asno de oro de Apuleyo, por ejemplo, una hechicera dedicada a las artes ocultas se convertía en búho y salía volando por la ventana después de aplicarse ciertos ungüentos. Pero al llegar a finales de la Edad Media, todos eses seres fantásticos que había circulado en el imaginario de las personas se encarnaron en la forma de mujeres que podían cruzar el cielo por las noches montadas a lomos de distintos animales, ramas de árboles y escobas, para reunirse con el demonio y tramar todo tipo de maldades. Las descripciones del aquelarre fueron abundantes y diversas dependiendo de la zona geográfica. Una de las tradiciones más completas e impactantes aparece en las descripciones del aquelarre vasco-navarro, y cuyos testimonios fueron recogidos en el célebre proceso de las brujas de Zugarramurdi, que tuvo lugar en la localidad navarra de mismo nombre.

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