lunes, 17 de septiembre de 2012

Hercules

Mitología de Hercules
     Hércules: infancia y primeras hazañas.
              Hércules es el héroe máximo de la mitología clásica, tebano de 
 nacimiento y, durante parte de su vida, también de residencia, aunque 
 tirintio o miceneo por su familia. En cuanto a la transición española de
 su nombre, es recomendable la forma “Hércules” más bien que la forma
 “Heracles”. Hércules, hijo de Zeus, es el último héroe que este engendra
 en mujer mortal, al enamorarse de Alcmena, la hija de Electrión, a la
que encontrándose ella en Tebas, engaña presentándosele con la figura 
corporal de Anfitrión. Alcmena, establecida en Tebas con Anfitrión, no 
había consentido en consumar su matrimonio con Anfitrión hasta que éste
 ejecutara la campaña de castigo contra los Teléboas que Electrión no había
 podido llevar a cabo. También Anfitrión, tras el episodio de la zorra de
Teomeso, había partido hacia Tafos y, gracias a la traición de Cometo,
 había conseguido una total victoria contra Pterelao y los Teléboas. 
Emprende, pues, Anfitrión su triunfal regreso a Tebas, pero cuando está ya 
cerca de la ciudad, cuando Zeus, enamorado de Alcmena, se presenta a ella
haciéndose pasar por Anfitrión, le cuenta que ha cumplido victoriosamente
 la misión de castigo contra los teléboas que ella le había exigido (por ser
 los matadores de los hermanos de Alcmena), y logra así que Alcmena le
 reciba en su lecho, creyendo que es Anfitrión y consintiendo por fin en la
 consumación del matrimonio: engaño de los más célebres de toda la mitología
 clásica.    

           El entusiasmo de Zeus por Alcmena es tan grande, que, habiendo llegado junto a ella al empezar la
 noche, triplica la duración de esa noche que pasa con Alcmena, haciendo que el sol salga con veinticuatro
 horas de retraso sobre lo que habría sido su orto ordinario al terminar aquella noche. Ahora bien, con 
Apolodoro concuerda bien la narración senecana: “ese hijo para cuyo nacimiento el cielo consumió un
 día y el sol salió con retraso en el mar oriental por habérsele ordenado que retuviera su luminaria sumergida
 en el Océano”, con lo que la continuidad de la estancia de Zeus con Alcmena durante una noche de
 treinta y seis horas, y un retraso de veinticuatro horas en la subsiguiente salida del sol, parece ser 
la forma más genuina de esta tradición mítica de la concepción de Hércules.
          Terminada la larga noche, Zeus, sin descubrir a Alcmena su verdadera identidad, le regala una copa
 que dice haber recibido de sus soldados como trofeo de victoria; tras de lo cual, Zeus se marcha, 
siempre sin dejar a Alcmena el menor indicio o sospecha que no sea el verdadero Anfitrión. Poco después 
al parecer, durante el día que sigue a la noche larga, llega el verdadero Anfitrión y le parece que 
Alcmena lo acoge con cierta frialdad; es más, al referirle los pormenores de la campaña, Alcmena le dice
 que ya se lo ha contado la noche anterior, noche que ha pasado con ella, lo que alarma grandemente a 
Anfitrión, que llama a Tiresias para que le ilustre sobre lo que le haya podido suceder.
           Nace Hércules (y, tras él, Íficles), y tampoco después de su nacimiento continúa Hera 
la persecución contra él ya iniciada al retrasar su nacimiento, pero que será encarnizada y tenacísima 
durante toda la vida de Hércules, hasta el punto de constituir, junto a otros hechos, una relación casi 
permanente entre ambos, relación que, según una etimología corriente en la Antigüedad, explicaría 
el nombre griego de Hércules como “La gloria de Hera”. Sólo cuando Hércules termina sus hazañas
 en la tierra y es divinizado y trasladado al cielo, logrará por fin su padre Zeus que Hera se 
reconcilie con Hércules, reconciliación sellada por el matrimonio de Hebe, hija de Hera y Zeus, 
con Hércules. Por el momento Hera inicia la persecución contra el niño Hércules cuando éste se 
encuentra todavía en la cuna, enviándole dos descomunales serpientes que espera que acaben con él. 
Hércules en ese momento o acababa de nacer o tenía ocho meses o diez meses o un año. El niño 
estrangula las serpientes con sus dos manos. Según Fericides, fue el propio Anfitrión el que echó 
las serpientes a la cuna donde dormían los dos hermanos, queriendo probarlos y saber por sus reacciones 
cuál de los dos era hijo de Zeus y cual era suyo, y conoció que Íficles era su hijo porque se asustó y huyó
 de las serpientes, mientras Hércules les hizo frente y las ahogó.
           En Tebas va creciendo Hércules y recibiendo educación: Anfitrión le enseña a conducir carros, 
Autólico, hijo de Hermes, a luchar con los brazos y cuerpo, Éurito, rey de Ecalia, a disparar el arco, 
Cástor a luchar con las armas, Lino a tocar la cítara y cantar a sus acordes. A Lino, hermano de Orfeo, 
lo mata Hércules golpeándole con la lira irritado porque Lino le había a su vez golpeado. Juzgado por 
este homicidio, se defendió Hércules alegando una ley de Radamantis que proclamaba inocente a quien
 repeliese una agresión injusta, y fue absuelto. Pero Anfitrión, temiendo que Hércules repitiese tal 
actuación, lo envía a cuidar del ganado vacuno en los pastizales. Allí es donde Hércules se hace adulto
 alcanzando enorme estatura y fuerza.
          La primera hazaña de Hércules fue dar muerte al león del Citerón, que causaba estragos en los
 rebaños vacunos de Anfitrión y de Tespio. Tenía Hércules dieciocho años, y se encaminó al Citerón 
con la intención de dar caza al león, cosa que no logró más que al cabo de cincuenta días, durante
 cuyas noches se alojaba en casa de Tespio, rey de Tespias en Beocia. Tenía Tespio cincuenta hijas,
 y concibió el proyecto de que todas ellas tuvieran hijos de Hércules. Para ello cada noche lo hacía acostarse
 con una distinta, creyendo Hércules que era siempre la misma; rasgo curioso propio, de la “civilización
de la oscuridad” que ha durado hasta que en los últimos años del siglo XIX se generalizó la luz eléctrica.
        Hércules engendra así en las Tespiades hasta cincuenta hijos.
           Pero hay variantes: Hércules yace en una sola noche con las cincuenta Tespiades; o yace,
 también en una sola noche, sólo con cuarenta y nueve porque una de ellas se niega, y entonces 
Hércules la condena a perpetua virginidad como sacerdotisa suya; o yace con las cincuenta en siete días. 
También varía el número de hijos que engendra en las Tespiades: cincuenta, cincuenta y dos, por haber
 tenido gemelos la mayor y la menor. En todos los casos son varones todos.
              A los cincuenta días, pues, mata al león, lo desuella, y utiliza la piel como cobertura y las 
fauces como casco, y éste es el famoso ropaje de Hércules.
                La segunda hazaña de Hércules fue liberar a los tebanos del oneroso tributo que estaban
 obligados a satisfacer al rey Ergino de Orcómeno, rey de los Minias, padre de Trofonio y Agamedes, 
hijo de Clímeno, nieto de Presbón, y biznieto de Frixo y Calcíope. El tributo consistía en cien vacas
 al año durante un período de veinte, y había sido impuesto por Ergino a los tebanos, después de causar 
en ellos gran mortandad y como condición de la paz, en castigo de haber dado muerte a su padre Clímeno 
un tebano llamado Perieres, auriga de Meneceo. Venían, pues, los emisarios de Ergino a cobrar el tributo
 anual, cuando se topa Hércules con ellos y los ultraja con la más refinada ferocidad, cortándoles orejas,
 narices y manos y atándoselas a los cuellos, tras de lo cual les ordena que vayan a decir a Ergino que ese
 es el tributo que llevan de Tebas. Ergino vuelve para tomar venganza, pero Hércules, que ha recibido 
armas de Atenea, y que se coloca a la cabeza del ejército tebano, lo derrota y mata, e impone entonces a
 los de Orcómeno un tributo doble del que ellos habían impuesto a Tebas. En esta batalla muere 
Anfitrión. Hércules, en premio de su distinguida actuación, recibe de Creonte la mano de su hija mayor,
 Mégara, de quien tiene tres hijos, llamados Terímaco,
 les, el hermanastro de Hércules, que, de un matrimonio anterior, con Astimedusa, hija de Alcátoo,
 tenía un hijo llamado Iolao, que fue siempre muy querido de Hércules. Por su parte Alcmena, al quedar 
viuda, casa de nuevo, con Radamantis, el hijo de Europa y Zeus, que había sido desterrado de Creta por
 haber dado muerte a su hermano, y ambos viven en Ocáleas de Beocia hasta la muerte de Alcmena, de avanzada edad y después de haber sobrevivido a su hijo Hércules y a su nieto Hilo.
              Habiendo Hércules aprendido de Éurito el manejo del arco y flechas, recibe de Hermes una 
espada, de Apolo el arco, de Hefesto una coraza de oro, de Atenea un peplo y de Posidón un
 caballo; él mismo se fabrica su otra gran arma característica, la maza, cortándola de un árbol de Nemea.
            A continuación Hera, que le odia y le perseguirá tenazmente durante toda su vida, le hace 
volverse loco, en cuyo estado mata a los hijos que ha tenido de Mégara y a dos de Íficles, tras de lo cual 
recupera la lucidez, es purificado por Tespio, y va a Delfos, a consultar a Apolo dónde debe vivir.
           Al llegar Hércules a Delfos, recibe por primera vez, de la Pitia, el nombre de Hércules, habiéndose
 llamado antes Alcida, es decir, el patronímico relativo a su abuelo paterno Alceo, el padre de Anfitrión.
          Hércules, pues, es saludado en Delfos con el nuevo nombre por la Pitia, que a continuación 
le comunica que debe ponerse a las órdenes de Euristeo, rey de Tirinto y Micenas y realizar diez
 trabajos que éste le mandará, y que una vez los haya llevado a cabo será inmortal. 


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